LA DISIPACIÓN


Ilya Prigogine puso en cuestión el paradigma científico que describe al mundo como una máquina determinista.Lejos de intentar encerrar al caos en un modelo explicativo triunfalista, su pensamiento trató de comprender las bifurcaciones infinitas del universo.
Una crónica de Pedro Cazes Camarero, de la visita en 1994 a Buenos Aires de este Premio Nobel

 

  1. Prólogo en el crepúsculo

Habla Prigogine, mientras camina lentamente hacia el portal del edificio, finalizada ya la entrevista Pero arrastrándonos todavía tras de sí:

 “¿Por qué existe todo, y no más bien nada? Porque “nada” es inestable.

 ¿O, tal vez, todo es eterno? Difícil, pero puede ser. Necesitamos una teoría mucho mejor que la que tenemos acerca de las inestabilidades del ser. Probablemente haya fuerzas que desencadenen micro-creaciones del Universo.  Hasta podría estar ocurriendo ahora”.

La tarde de primavera parece hundirse en una inestabilidad brusca, un vórtice que gira alrededor del pequeño oráculo erguido al aire libre, en lo alto de las escalinatas de la Fundación Campomar. Acaba de recibir el doctorado honoris causa de las universidades de San Luis y Palermo. Parece cansado, termina de contestar un largo reportaje. Algunas de las mejores cabezas argentinas lo rodean, explorando sus palabras de oráculo. Nadie sabe que morirá nueve años después.

 “Un pollo, por ejemplo… es una mezcla de orden y desorden muy poco probable. Sale del huevo, crece, engorda… luego lo cocinamos y lo comemos, o bien envejece poniendo huevos… su vida es un proceso irreversible, pero con muchos momentos en los que no se sabe qué pasará con el pollo. La vida del pollo es una mezcla de determinismos y de caos, siempre adelante, ni completamente aleatorio ni completamente planeado.”

El reportaje ha finalizado hace rato, pero el premio Nóbel 1977 no se rinde. Ha salido del aula atestada al ocaso porteño y contempla el verde grisáceo del Parque Centenario con las manos en los bolsillos de su traje color arena, la corbata floja bajo su cuello, mientras nos arremolinamos a su alrededor en silencio. Algunos intentan grabarlo, yo prefiero anotar.

 “Llegué a la ciencia desde la reflexión filosófica del platonismo, aunque en vez de sombras al fondo de la caverna imaginé que somos espectadores de una película, un guión ya filmado que alguien, omnisciente, ha dirigido y sabe cómo finalizará. Me he rebelado contra esta comedia y ello me llevó a la ciencia”.

El pequeño oráculo se detiene, vacila brevemente, luego se sienta en el escalón reluciente de limpieza. Los autos susurran abajo, por la avenida. No nos atrevemos a acercarnos demasiado, le dejamos tomar el aire oscuro de la noche que avanza.

 “La civilización nos trae infelicidad y ciencia, que es un antídoto posible de los sinsabores de la civilización…nuestra cultura europea, durante el siglo XV, creó la ciencia. Pero la ciencia al principio describe mal al mundo, de manera causal, determinista, aunque es poderosa como un pequeño Dios, infantil y maligno. Mi trabajo es la unificación teórica de lo que parece ser diverso. Los sistemas físicos, químicos, biológicos y sociales realmente estables son excepcionales, y el caos resulta un ingrediente muy positivo porque es una fuerza unificadora, no de fragmentación».


  1. Intermezzo sobre la alianza de la Ciencia y la Filosofía

En el universo conceptual aristotélico anterior al surgimiento de la ciencia, el hombre formaba parte de la naturaleza armónicamente y en plano de igualdad con las otras criaturas. Existía una interdependencia de los fenómenos materiales y espirituales. La tarea de los sabios era entender el significado de las cosas, no predecir los hechos ni controlarlos. Era un Universo poético y espiritual, armónico y pletórico de sentido; bello de contemplar y posible de comprender. Ésta era, en las palabras de Prigogine, la “Vieja Alianza” entre la Ciencia y la Filosofía.

Pero en el curso de los siglos XV al XVII se produjo una dramática transformación en el campo conceptual. Se pasó a pensar que habitamos en un mundo mecánico, desapasionado pero manipulable eficazmente gracias al poder que nos da la ciencia. Fue la revolución Copernicana, que pasando por Galileo, Newton y Descartes reemplazó a la descripción aristotélica de un universo orgánico y creativo por la de un universo con el funcionamiento mecánico de un reloj. Según las expresiones protofascistas de Francis Bacon, el científico debía «torturar a la naturaleza hasta arrancarle sus secretos» (Bacon, F. Novum Organum). En adelante el hombre será considerado un observador separado en un universo que le es ajeno. Era la Modernidad, donde se ha roto la vieja alianza entre el conocimiento científico-racional y el artístico-filosófico. En Occidente, el modo de producción capitalista irrumpía haciendo trizas las certezas ideológicas de antaño.

La ciencia moderna ha dado grandes cosas a la humanidad, desde los automóviles a las naves espaciales, la medicina eficaz y los plásticos, al costo de escindirnos en dos culturas que no intercambian entre sí. Prigogine afirma: «El sorprendente éxito de la ciencia moderna llevó, por lo tanto, a una transformación irreversible de nuestra relación con la naturaleza. (…) Reveló al hombre una naturaleza muerta y pasiva, una naturaleza que se comporta como un autómata, que una vez programada funciona eternamente siguiendo las reglas escritas en su programa». (Prigogine, I. y Stengers, I.: La Nueva Alianza).

La forma madura y más dura de este modelo fue desarrollada por Laplace a comienzos del siglo XIX. Expulsó a Dios definitivamente de la explicación científica considerándolo una hipótesis prescindible. El “diablillo de Laplace” es una especie de computadora imaginaria, equipada con el conocimiento de las leyes newtonianas del movimiento. Si le suministramos información sobre la posición exacta de todas las partículas en un instante dado, el diablillo podría calcular cualquier suceso pasado o futuro del universo. Para el diablillo, el antes y el después son equivalentes y el tiempo es sólo una ilusión.

charmresearch-15bSe establece así la separación del Sujeto, en adelante observador imparcial; y el Objeto, realidad independiente del sujeto. Prigogine señaló con claridad el peligro que entraña este divorcio:

 «Se encuentra así acentuada una tendencia al enclaustramiento general que, en particular, arrebata a la filosofía una de sus fuentes tradicionales de reflexión, y priva a la ciencia de los medios para reflexionar sobre su práctica» (Ibíd.).

Pero, desde fines del siglo XIX, las versiones estáticas de esta cosmovisión fueron cediendo el paso a las evolutivas. La teoría darwiniana de la evolución se impuso en biología. En cosmología, una concepción evolucionista nos habla de un Universo en expansión. En muchas otras áreas del conocimiento científico el enfoque evolutivo es considerado fundamental. Conceptualmente lo histórico irrumpe en la ciencia con toda su potencia heurística.

La termodinámica es la teoría del calor, sus flujos y transformaciones. Para comprender sus aportes a la nueva imagen del Universo, podemos utilizar también un enfoque histórico. El primer gran paso de la termodinámica lo dio Joule con el principio de conservación de la energía: «La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma». La preocupación de los capitalistas por las máquinas irrumpe así en el campo de la ciencia.

Ninguna máquina térmica restituirá al mundo el carbón que ha utilizado. ¿Qué máquina tendrá el rendimiento ideal? Ninguna, en un tiempo mayor o menor todas se detienen, ya sea por falta de combustible o por fallas mecánicas. «La obsesión por el agotamiento de las reservas y por la detención de los motores, la idea de una decadencia no reversible, traduce ciertamente esta angustia propia del hombre moderno», explica Prigogine (Ibíd.). Angustia debido a que el segundo principio de la termodinámica ha irrumpido en el mundo de la ciencia, separando lo ideal-reversible de lo real-irreversible, ya que una parte de la energía se disipa como calor y no podemos recuperarla.

La termodinámica explica a los ingenieros porqué en cada ciclo parte de la energía no se pierde, pero se convierte en una forma imposible de utilizar. Este segundo principio puede enunciarse como que “no toda la energía se puede convertir en trabajo mecánico”. Carnot desarrolló el segundo principio (1826) en base a su análisis de los motores térmicos, pero Clausius en la década de 1860 a 1870 se dio cuenta de que era un invariante más amplio y que además de las máquinas térmicas abarcaba a muchos otros sistemas. Había un principio general que implicaba que al disminuirse las diferencias de nivel en un sistema (por ejemplo la diferencia de calor entre un recipiente caliente y otro frío en las máquinas térmicas) la posibilidad de convertir esa diferencia en trabajo mecánico era cada vez menor. Para expresar este fenómeno desarrolló el concepto de entropía.

¿Qué es la entropía? El termino deriva de la palabra griega tropos (transformación o evolución) y mide el grado de evolución de un sistema físico; cuando más cerca estemos del equilibrio, mayor será la entropía y menor la actividad del sistema.

entropiaTodos los fenómenos aislados proceden en la misma dirección: del desequilibrio al equilibrio, del orden al desorden, hacia una entropía cada vez mayor. En base a este análisis, surge la formulación más general del segundo principio: Cualquier sistema aislado tomará espontáneamente el camino del desequilibrio cada vez menor, se hará cada vez más homogéneo, y en él la entropía aumenta o permanece constante.

Dice Prigogine:

«El crecimiento de entropía muestra una evolución espontánea del sistema. La entropía llega a ser así un indicador de evolución, y traduce la existencia en física de una flecha del tiempo: para todo sistema aislado el futuro está en la dirección en la cual la entropía aumenta» (Ibíd.).

El aumento de entropía se traduce en una evolución irreversible del sistema, ya que aquello que se ha disipado no se recupera y si invertimos el proceso no llegaremos nunca a la situación inicial. La dirección espontánea de cualquier proceso es siempre desde un mayor nivel de estructuración a uno menor. Nuestras habitaciones se desordenan espontáneamente y cuesta mucha energía volver a ordenarlas. A finales del siglo XIX, los dos principios de la termodinámica constituían la base de una nueva ciencia, que era imposible inferir de la física tradicional. Todo esto tomó por sorpresa a los físicos neo-newtonianos, ya que en su descripción mecánica del universo, el tiempo y los procesos son reversibles como el funcionamiento de un reloj. Normalmente las agujas giran en un sentido, pero podemos hacer que giren exactamente al revés con solo girar la cuerda.

La biología evolutiva, en tanto, dice todo lo contrario: primero existieron los animales más simples, menos estructurados, y luego fueron evolucionando hacia formas cada vez más complejas. En la vida de cada individuo sucede lo mismo, desde un huevo pasamos a ser una masa de células que luego se diferencian para formar el feto, cada vez más complejo. La flecha biológica parece tener un sentido contrario a la termodinámica. ¿Es posible, entonces, que los seres vivos vayan a contramano por la avenida termodinámica? Además, en las ciencias humanas también se verifican los fenómenos de aumento de complejidad.

La evolución biológica tal cual la planteara Darwin es un acontecimiento muy poco probable desde la concepción termodinámica mencionada y la aparición de la vida es altamente improbable. Para los mecanicistas somos un increíble producto del juego de azar cósmico. Toda la termodinámica de fines del siglo XIX y comienzos del XX estaba centrada en el estudio de sistemas aislados en equilibrio, o muy cerca del mismo, y describía un universo en permanente degradación.

Pero Prigogine en su “Termodinámica No Lineal de los Procesos Irreversibles” (TNLPI) describe cómo, en situaciones alejadas del equilibrio, se forman nuevas estructuras (llamadas “estructuras disipativas”), y denominó “orden mediante fluctuaciones” a la dinámica de formación de tales estructuras. En la termodinámica clásica, un sistema sólo podía evolucionar de manera lineal y hacia un sólo estado final: el equilibrio. En la TNLPI éste no es el caso, ya que no podemos determinar absolutamente la trayectoria evolutiva de un sistema. Aparecen distintas opciones, los caminos se bifurcan y en la vecindad de las bifurcaciones interviene el azar. Nuestras leyes no nos permiten deducir cuál camino tomará un sistema al llegar a una bifurcación.

El estado de equilibrio sigue siendo un estado final posible, pero no es el único. En términos físico-matemáticos, no es el único “atractor”. Las investigaciones de Prigogine y sus colaboradores han estudiado otros atractores denominados caóticos. Lejos de lo que uno pueda imaginarse, estos atractores caóticos son fuente de creación, aparición de nuevas estructuras y pautas complejas de organización. Estas investigaciones han convergido en lo que hoy se conoce como la Ciencia del Caos, que estudia la formación de nuevas estructuras en sistemas abiertos lejos del equilibrio, como los seres humanos, el cerebro, algunos fenómenos atmosféricos o las sociedades humanas. Prigogine fue más allá e introdujo el concepto de historia en física. Ya no hay una sola trayectoria posible, en las bifurcaciones el azar elige un camino y descarta otros. Podemos describir la historia fenoménico-natural del sistema; ya no somos esclavos de un destino inapelable escrito en las leyes universales con caracteres matemáticos.

disipacionSi los seres vivos y las civilizaciones pueden ser considerados estructuras disipativas sujetas a fluctuaciones que pueden amplificarse hasta implicar una reorganización total en un nivel más complejo (por ejemplo, una nueva especie), y las leyes de la biología y la sociedad se vuelven nuevamente compatibles con las de la física, la evolución biológica es absolutamente coherente con la perspectiva de Prigogine; el desarrollo humano, tanto individual como social, también puede expresarse en términos de estructuras disipativas, fluctuaciones y creación de nuevas organizaciones. El universo ha recuperado su antigua magia; se abren nuevas posibilidades de encuentro entre las ciencias y las humanidades, el hombre deja de ser un espectador pasivo de las leyes eternas e inmutables y del destino que está escrito en ellas. El tiempo y la irreversibilidad no son tan sólo una ilusión: el caos no implica solo desorden sino también creatividad.

La flecha del tiempo no nos impulsa vertiginosamente hacia un universo degradado, sino por el contrario, sabemos que vamos por un camino de creatividad y complejidad creciente. Esto nos impulsa a desarrollar nuevas categorías conceptuales para enfrentar el desafío de comprender el Universo lejos del equilibrio con sus permanentes sorpresas y nuevas posibilidades. La pesadilla de un destino prefijado es hoy parte de los libros de historia. De la mano de Prigogine, la física del siglo XXI ha entrado en una nueva etapa.

Notemos que las leyes de la física clásica conservan cierta validez. Si pudiéramos filmar una reacción atómica, si vemos el choque de una partícula alfa y un núcleo atómico, en un sentido la proyección indicará la fusión para formar un átomo más pesado y en el otro mostrará un proceso de desintegración. Ciertos procesos pueden ser considerados reversibles; nada en ellos indica una dirección en el tiempo. Las leyes newtonianas son así, funcionan en ambos sentidos del orden temporal. En nuestra vida cotidiana distinguimos claramente lo que ya ha sucedido (nuestra infancia) de lo que (¿aún?) no aconteció (nuestra muerte). En el marco conceptual de la física clásica esta experiencia no tiene sentido.

La vida, en cambio, es irreversible: del nacimiento a la muerte; al igual que la evolución biológica que procede de la simplicidad a la complejidad, de la ameba al Homo sapiens. Si nuestras experiencias van a contramano de nuestras teorías físicas, algo anda mal y es necesario algún ajuste. La termodinámica clásica comenzó a poner las cosas en su lugar al plantear por primera vez en la física moderna la existencia de una flecha del tiempo que nos permite establecer con claridad una dirección que apunta desde el pasado hacia el futuro. Prigogine da el paso decisivo combinando la complejidad y la flecha del tiempo.

«Estamos avanzando hacia nuevas síntesis, hacia un nuevo naturalismo, que combina la tradición occidental, con su énfasis en las formulaciones experimentales y cuantitativas, con la tradición cultural china dirigida hacia una imagen de un mundo auto- organizándose espontáneamente», dice (Ibíd.).


  1. Entrevista a Ilya Prigogine- octubre de 1994
El aulita del Instituto Leloir se halla atestada de gente de mediana edad, la mitad mujeres. Muchos están de pie. Una mesa, en el centro, se queda chica bajo los cables y los grabadores. Por el ventanal entra el sol de la siesta y el canto de los pajaritos. Prigogine está sentado muy al borde de la silla, apoyando el codo izquierdo en la mesa y el derecho en la cintura. Se afloja la corbata, señala a los grabadores con el mentón.

¿Cuál es la génesis de la teoría de los procesos irreversibles y de qué problemas se ocupa la misma en su vertiente «microscópica», o sea en mecánica estadística, y es su vertiente «macroscópica», esto es en termodinámica?

 En mi primera conferencia di una especie de panorama general de la teoría macroscópica. El siglo XIX vio la escisión entre la dinámica y la termodinámica. Van Clausen dijo que la energía del universo es constante, pero la entropía del universo es creciente. Esto aparecía más como una afirmación fenomenológica. El siglo XIX fue el siglo de la industrialización. Una industria funcionaba cuando había carbón. Si el carbón se acababa, no funcionaba más. La idea del agotamiento del recurso era una idea muy natural, por lo que la gente lo aceptaba como una observación fenomenológica. Tarde o temprano a alguien se le iba a ocurrir preguntar acerca de la relación entre la segunda ley y el nivel microscópico. Esa fue la pregunta de Boltzmann. Él dijo: las colisiones, la dinámica, las moléculas, conducen a la irreversibilidad. Pero Poincaré observó que eso es imposible, porque las leyes básicas de la dinámica no poseen «tiempo direccional». Entonces, no se puede deducir la segunda ley de la termodinámica a partir de las leyes básicas de la dinámica, que nada dicen sobre la dirección del tiempo… las leyes básicas de la dinámica newtoniana no pueden ser usadas para comprender la irreversibilidad de la Naturaleza… Hasta Bolzmann se retrajo, aunque se retrajo con mucha infelicidad y mucha gente piensa que ésa fue la razón de su suicidio. Pero la mayor parte de la gente, como Einstein, dijeron sencillamente que eso era muy natural, dado que el objetivo de la ciencia no es otro que predecir. Y predecir significa que el futuro, en cierta forma, ya está en el presente. Entonces no puede haber «flecha del tiempo», lo cual es una situación muy extraña, pues de la semilla podemos hacer una planta y ésta después muere, pero si no hay flecha del tiempo, podríamos volver a la semilla desde la planta muerta. No hubo doctrina filosófica o mística que reclamara que no hay tiempo direccional. Aun cuando algunas hablaban de que existe un tiempo circular, éste resulta en ellas, sin embargo, todavía un tiempo direccional. La dirección del crecimiento y la dirección de la muerte son la misma dirección. Los mayas tenían una interesante visión del universo, en la que pensaban que había que darle energía al Sol y a los planetas para que continuaran moviéndose, como si fueran un reloj químico. Pensaban que, sin ello, se detendrían. Los mayas creían pues que había que «pagar» por el movimiento. En contraste, los griegos tenían la idea de que el movimiento no servía para nada. La idea maya es un concepto muy latinoamericano, precolombino. Para mantener al mundo en movimiento se necesitaban sacrificios. El mundo estaba siempre al borde del colapso. Así que las leyes de la dinámica no servían para hacer una distinción entre el pasado y el futuro que ofrece una mirada fenomenológica. Hace cuarenta años, cuando introdujimos las ideas de la termodinámica de los procesos alejados del equilibrio, se sabía sin embargo, que los movimientos del Sputnik podían ser calculados magníficamente con la dinámica clásica. Pero otros procesos requieren irreversibilidad.

Prigogine recibe el Nobel 1977
Prigogine recibe el Nobel 1977

Alguien trae café. Repartimos los pocillos con un poco de fastidio, pero Prigogine aprovecha la pausa, se desprende el botón del cuello de la camisa y pasa bruscamente al francés.

 Hay tres cosas nuevas que caminan en la misma dirección: una nueva visión de las partículas elementales, de la cosmología y del rol constructivo del no-equilibrio, que muestran la realidad del Tiempo. La ciencia está redescubriendo al Tiempo en todos los niveles. El aspecto más interesante desde el punto de vista técnico es contemplar cómo el Tiempo está penetrando ahora en la mecánica clásica y en la mecánica cuántica, a través de la idea de la «inestabilidad dinámica». En la época de Bolzmann todos pensaban que sólo había una dinámica, la descubierta por Newton, y eso era todo. Pero desde la época de Poincaré y Kolmogorov, sabemos que existen diferentes formas de dinámica. Incluso Yarichin dijo que los físicos debían disculparse por tres siglos de «misterio», durante los cuales se afirmaba que la dinámica clásica es determinista y carece de flecha del tiempo. Actualmente sabemos que los sistemas dinámicos inestables que regulan la ecología, la climatología, la biosfera, tienen flecha del tiempo: la información se pierde. Hoy en día, el conflicto entre el Universo sin tiempo, eterno e intemporal de la dinámica, y el Universo fenomenológico de la termodinámica, se encuentra atravesado por un puente. La oposición entre ambos se está desvaneciendo. Percibimos un Universo en el cual el tiempo está en la realidad y no sólo en nosotros. Es lo que he tratado de decir cuando afirmo que el tiempo no está ya alienando al Hombre respecto de la Naturaleza, sino que, en cierto sentido, el Hombre es la expresión del Tiempo en la Naturaleza. Estas ideas, muy simples, fueron introducidas por vez primera como preguntas por Platón y Aristóteles, pero recién después de más de dos mil años podemos responderlas. Por esta razón yo afirmo que la ciencia se encuentra atravesando todavía un estadio muy preliminar, al contrario de lo que suelen afirmar los cultores de la Teoría de Sistemas, quienes piensan que ahora podemos explicarlo todo: la evolución, el Universo, el origen de la vida, la evolución de la cultura, y todo lo demás. Estoy en contra de ese triunfalismo, estoy muy lejos de él, ya que lo que tenemos en este momento son ideas muy primitivas o ingenuas. Pienso que en las próximas décadas estas ideas se desarrollarán, y esto es muy importante que lo entiendan los jóvenes: lejos de haber llegado al final del camino, estamos sólo al comienzo, por lo que no existe razón alguna para el triunfalismo. Sólo comenzamos a vislumbrar algunas cosas…

¿Cuál sería la extensión de su teorema de la producción de la mínima entropía formulado en 1945, en los sistemas biológicos?

 La teoría de la producción de mínima entropía se refiere a situaciones lineares. Las situaciones lineares son frecuentes en biología… Pero cuando tuve en mi poder esta teoría, me sentí al mismo tiempo contento y descontento. Contento, porque por vez primera una teoría muestra que el estado estático puede ser más complejo, ya que no es descrito como entropía, sino como producción de entropía. Pero el mundo trabaja lo más perezosamente posible en los sistemas lineales, sin relación con lo que pueda pasar en el universo no lineal. Esto me generaba desazón. Me tomó más de diez años llegar desde el teorema de las cosas lineales a acometer el estudio del universo no lineal. Porque curiosamente, lejos de tratarse del equilibrio, frecuentemente se trata de lo opuesto. Lo que domina resulta ser aquello que produce más, y no menos, entropía… La idea darwiniana de supervivencia de la especie se relaciona con la de la máxima progenie. La especie que sobrevive es la que produce mayor cantidad de copias. Cuando aparece un sistema nuevo que produce más copias, logrará ocupar el nicho ecológico y será más exitoso. Por ello, lo que es más exitoso es aquello que produce más, y no menos entropía. En el equilibrio hay cero producción de entropía. Pero lejos del equilibrio, se está más cerca de la idea de más producción de entropía. Sin embargo, esto no constituye un principio general… El principio general es la inestabilidad dinámica, la bifurcación.

¿Existe alguna clasificación de las estructuras disipativas que dependa de la complejidad de las mismas?

 Dentro de lo que conozco, yo diría que no existe. Lo que sí existe, es una clasificación de los puntos de la bifurcación. En general, la no linealidad es un campo vasto, y para situaciones simples tenemos una buena clasificación, pero no existe una clasificación general de los procesos no lineales. Una clasificación general de las estructuras disipativas no existe.

Todos los sistemas no-lineales obedecen a situaciones alejadas del equilibrio. En todos se ve una auto organización, estructuras disipativas, asimetrías y bifurcaciones. ¿Piensa usted que habría o no un límite, una diferencia entre el mundo animado y el inanimado?

 Yo haría algunas distinciones. Antes que nada, la distinción entre estructuras disipativas físicas y químicas. En hidrodinámica, por ejemplo, la estructura disipativa es sólo física y muy temporal. Hay fuerzas, ligaduras, pero cuando se las suprime, la estructura desaparece inmediatamente. En química, las ligaduras se pueden poner en las moléculas, por lo que se puede tener materia alejada del equilibrio, con estructuras no-equilibradas estables. Ésa es una diferencia muy esencial, especialmente en biología. Entonces, allí es donde podemos poner la diferencia entre lo animado y lo inanimado, en el modo en que el tiempo es encapsulado en la materia. En otras palabras, la idea es que existe una estructura alejada del equilibrio, que es estable o permanente.

Prigogine se recuesta en la silla, entrelaza las manos detrás de su cabeza, mira el cielorraso. Nadie interrumpe. Un grabador restalla, la cinta se ha terminado. Esperamos. El oráculo bebe un vaso de agua.

 Entonces, tenemos un programa, que consiste en un mundo en una condición alejada del equilibrio, y ese programa todavía continúa. En cierto sentido, esto es común a las partículas elementales y las estructuras biológicas. Francois Jacob dijo una vez: «¿Cuál es el sueño de toda célula? Duplicarse». Parafraseándolo, podríamos decir que el sueño de toda partícula elemental es permanecer. Fueron producidas tal vez hace 50 billones de años. Los protones, por ejemplo, son extraordinariamente estables. Las partículas elementales son fortalezas que previenen su propia caída. En química, en este aspecto, el problema principal es cómo crear la condición, alejada del equilibrio, que conduzca a la síntesis de las sustancias químicas que sólo existen en un mundo alejado del equilibrio. Es algo que sólo estamos empezando a entender. En el caso de los polímeros, por ejemplo, los polímeros artificiales que se obtienen en condiciones cercanas al equilibrio, pueden ser muy diferentes que los que se sintetizan en un estado altamente alejado del equilibrio. El paso siguiente sería acoplar la polimerización a reacciones caóticas. Ahora hay mucho interés en la producción de información acerca del caos, o de estados altamente alejados del equilibrio como los «spin glasses». Allí la diferencia entre lo animado y lo inanimado es tan vaga, que lo animado usa programas alejados del equilibrio que fueron producidos en un pasado muy lejano y que son el árbol desde el cual tuvo lugar la evolución posterior. Si vamos a los sistemas humanos, de nuevo aparecen determinaciones completamente novedosas. Los sistemas humanos tratan con gente, o tienen una idea del futuro.

glassesLa imagen que se tiene del futuro está determinando lo que se hace hoy. Por ejemplo, si se está manejando un auto, entonces tiene un programa para el futuro. Otras personas tienen otros programas. Esto conduce a interacciones, competencias y bifurcaciones. En el caso del tránsito, tenemos dos regímenes: cuando hay pocos autos, se puede manejar como a uno le gusta, tomando en cuenta todas las posibilidades materiales. Pero si hay un embotellamiento, uno comienza a ser manejado por otros y a la vez los otros son manejados por uno. Esta estructura muy global que se está desarrollando, tiene transiciones bruscas que permiten afirmar que la conducta humana posee todos los problemas de las bifurcaciones y la no-linealidad, más nuevos elementos que son novedosos. Quisiera sin embargo enfatizar que se publican toda suerte de libros que hablan de una «nueva ciencia» y trivializan cosas que son muy profundas. Dicen que todo es lo mismo, que existe esta o aquella «teoría general». No me gusta hablar de sistemas generales, porque para mí no es tan general. Por ejemplo, existen enormes diferencias entre la conducta de las amebas y la de los primates. Sin embargo, la naturaleza ha podido resolver problemas muy complejos con medios muy simples. La famosa «hormiga argentina», por ejemplo, puede medir distancias con química. Optimizar sus caminitos puede ser un problema matemático muy complicado que las hormigas resuelven sin cinta métrica. Uno de los futuros de la tecnología de la información será entender la bioquímica y las señales intercambiadas entre los seres vivos. La biomasa de hormigas es más o menos diez veces superior a la biomasa de los seres humanos, o sea que son mucho más exitosas ecológicamente hablando. Y su conducta está regulada a través de químicos solamente, observando cada hormiga la conducta de las demás hormigas y del resto del mundo exterior. El grupo de Váquez y Donegur realizó un experimento de resultados asombrosos. Luego de numerar para su identificación a cada hormiga de un hormiguero, se perturba el hormiguero cambiando la reina de lugar. Esto provoca mucha actividad en numerosas hormigas, pero otras no se mueven, son perezosas. Si en ese momento se retiran las hormigas activas, las perezosas se ponen a trabajar, como si se dieran cuenta de que alguien tiene que hacerlo. O sea que observan a las demás hormigas.

Finalmente alguien decide meter la cuchara:

Son los llamados sistemas cerrados, según Levi-Strauss…

 Pienso que Levi-Strauss está completamente equivocado en su distinción entre las sociedades mecánicas y las sociedades termodinámicas. Es una cuestión de escalas de tiempo. Una sociedad sólo puede ser verdaderamente «cerrada» si se la reprime. Hay colonias de 300 hasta de 5 millones de hormigas y la conducta de las colonias grandes es muy diferente de la conducta de las colonias pequeñas. En las colonias mayores hay mucha más interacción entre los individuos y se producen más hechos nuevos. Por ejemplo, en México hay una especie de abejas muy agresivas que en lugar de una reina única, tienen varias poniendo huevos todo el tiempo y compiten con ventaja con otras especies que mantienen una sola reina porque se reproducen más velozmente. Se trata de una colonia “polireinada” que resulta muy peligrosa para las demás.

En una carta que le envié en 1984 y que usted tuvo la gentileza de contestar, me indicó que en ese momento en el Departamento de Química Física de la Universidad de Bruselas se modelizaban sociedades de insectos, sistemas nerviosos comparados, propiedades celulares y cáncer. ¿Puede explicarnos brevemente en qué consisten los experimentos con sistemas nerviosos comparados?

 Personalmente, yo estuve involucrado en el tema que usted menciona algunos años atrás. Todavía esa línea está activa y dirigida a desarrollar modelos en cáncer. ¿Cuál es su línea de trabajo?

Biosíntesis de polisacáridos.

 ¿Cuál es su interés actual? ¿Por qué me escribió?

Mi interés es la epistemología… le escribí porque conocí su trabajo y lo encontré orientado a la interdisciplina, lo cual es muy importante para mí, porque creo que la realidad es sólo una y hace falta…

 Y hace falta fomentar la unidad, necesitamos más unidad.


Prigogine se levanta, procurando no derribar nada de lo acumulado sobre la mesa, y con una débil sonrisa comienza a estrechar manos, derivando lentamente hacia la puerta. Lo seguimos al vestíbulo, la escalinata, y seguimos escuchándolo hasta que un auto llega a buscarlo y se lo lleva para siempre.


  1. Reflexión final

Así como las primeras investigaciones termodinámicas de comienzos del siglo XIX reflejaban ideológicamente las angustias y deseos del naciente capitalismo industrial, las andanzas teóricas de Prigogine describen el retorno del universo encantado de la infancia de la cultura humana, ahora envuelto en el rico ropaje de la madurez. El capitalismo tardío no ha traído sólo miseria, polución y esclavitud: nos ha colocado también, por vez primera, a las puertas del reino de la sabiduría y de la libertad. Algunos audaces, como Prigogine, iluminan un poco más allá de la abertura, nos incitan a cruzar el umbral.●

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.