EL COMPAÑERO LULA Y EL ‘COMPANHEIRO’ ALCKMIN

Lula confirmó que lanzará oficialmente su candidatura presidencial el próximo 7 de mayo, para enfrentar a Jair Bolsonaro en los comicios del 2 de octubre.

El desafío es remontar el golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff a manos de quien era su vice, Michel Temer y un amplio abanico de la derecha y la justicia. Pero también volver a poner a los militares en los cuarteles, ya que miles ocupan cargos en el gobierno y las empresas de la administración pública. Las encuestas dan al ex presidente Lula da Silva una intención de voto del 42% frente al 35% de Bolsonaro.

El 19 de abril, Día de los Pueblos Indígenas americanos, Lula descartó que pueda haber una tercera vía y sostuvo que el nuevo gobierno se define entre el PT y el bolsonarismo.

La dirigencia del PT, junto al Partido Comunista do Brasil y el Partido Verde oficializaron la formación de una Federación de organizaciones políticas, que será encabezada por la actual presidenta del PT, Gleisi Hoffmann.

La Asamblea General de esa Federación estará compuesta por 60 miembros, con tres puestos fijos para cada partido, y otros 51 repartidos en proporción al tamaño de la bancada en la Cámara.

Al interior del PT, entre sus múltiples vertientes, los chispazos no cesan tras la decisión de que el ex gobernador de centro-derecha en el estado de San Pablo, Geraldo Alckmin sea el vice de Luis Inacio Lula da Silva.

Desde www.purochamuyo.com viajamos a Brasil para conocer de primera mano la opinión de dirigentes del PT, antes de la proclamación definitiva de la fórmula. Aquí el material exclusivo.


EL POTENCIAL VICE DE LULA

El 13 de abril de 2022 el Diretório Nacional do Partido dos Trabalhadores aprobó con 68 votos a favor y 17 en contra, un documento en el que acepta a Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente de la República, en la fórmula encabezada por Lula.

No es todavía un asunto cerrado, porque eso depende del encuentro nacional del PT convocado para el 4 y 5 de junio, pero como de ese encuentro nacional del PT toman parte los mismos delegados y delegadas que eligieron en 2019 a la actual Dirección Nacional, solo un raro acontecimiento puede impedir que Geraldo Alckmin sea proclamado como vice.

El documento aprobado por la Dirección Nacional fue suscrito por seis tendencias petistas: Construindo um Novo Brasil, Resistência Socialista,  Movimento PT,  Esquerda Popular e Socialista, y Avante PT.

A favor de la aprobación del documento hablaron la diputada federal Maria do Rosário (de Avante PT) y el diputado federal José Guimarães (CNB-Construindo um Novo Brasil), quienes consideraron que la presencia de Alckmin suma votos, no resta.

En contra del documento aprobado hablaron Markus Sokol (OT), Valter Pomar (tendência petista Articulação de Esquerda) y Joaquim Soriano (DS/MS).

La propuesta presentada por Sokol recibió tres votos (Sokol, Misa Boito y Salomão). La que presentada por Joaquim Soriano y Valter Pomar recibió 13 simbólicos votos, pero la propia mesa leyó el nombre de catorce personas, a saber: Natália Sena, Patrick Araújo, Júlio Quadros, Valter Pomar, Daniela Matos, Rui Falcão, Joaquim Soriano, Raul Pont, Eutália Barbosa, Rosane Silva, Augusto Paraná, Gabriel Medeiros, Mariana Janeiro e Luna Zaratini.

Geraldo Alckmin

Todo el debate y la votación llevaron menos de una hora. Pero hay que considerar que el tema de Alckmin no había sido debatido con anterioridad por la Dirección Nacional del PT, un asunto que fue resuelto por fuera de las instancias partidarias. Las razones para este procedimiento insólito, pero eficaz, son diversas. Una de ellas es el currículum del señor Alckmin. Veamos:

-pasó a ser una figura política de primer orden en 1994, cuando fue electo vicegobernador del estado de San Pablo, de gran importancia económica y política. (NdeR: San Pablo tiene más de 46 millones de habitantes, y el 30% del PBI brasileño, unos 580.000 millones de dólares). En esa época, Alckmin era afiliado al PSDB- Partido de la Social Democracia Brasileña

-En 1998 fue reelecto como vicegobernador, pero luego ocupó la gobernación tras la muerte de Mário Covas, también del PSDB. El PSDB gobierna São Paulo desde 1995 hasta la actualidad. En estos 28 años, Alckmin fue vicegobernador por aproximadamente 6 años (1995-2000) y gobernador por aproximadamente 12 años (2001-2006 y 2011-2018). Por lo tanto, hablar de gobiernos ‘tucanos’ en San Pablo es hablar de Geraldo Alckmin.

-En estos 28 años, el mayor enemigo del PSDB y de Alckmin fue el PT, y viceversa. Y hay varios motivos para eso. Todavía como vicegobernador de Covas, Alckmin coordinó el Programa de Desestatización del estado de San Pablo, contribuyendo al apagón eléctrico del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (co-fundador del PSDB). Alckmin también contribuyó al desguace de los servicios públicos, al crecimiento del déficit habitacional, al aumento del número de muertos por la PM – Policía Militar y del crimen organizado, a la represión violenta contra los movimientos sociales, al recorte del empleo público, a la degradación de la educación y la salud pública.

De hecho, hay que recordar que lo que salvó al estado de San Pablo del caos en el área Salud bajo el gobierno de Alckmin fueron los recursos federales del gobierno de Lula.

-Su desempeño frente al gobierno de San Pablo lo llevó a ser el candidato presidencial preferido de la clase dominante brasileña en 2006 y en 2018. En la primera ocasión consiguió algo inédito: empeorar su resultado en la segunda vuelta con respecto a la primera. En las presidenciales de 2018 quedó en la cuarta posición, con el 5% de los votos.

-Alckmin apoyó el golpe contra la presidenta Dilma en 2016, celebró la condena, prisión e interdicción electoral a Lula, y acusó al PT y a Fernando Haddad como responsables de diversos delitos.

-Después de la derrota de 2018, Alckmin perdió espacio y se vio forzado a salir del PSDB, pero la realidad es que el PSDB no salió de él. A través de estas metamorfosis ficticias típicas de la política brasileña, Alckmin (NdeR: afiliado reciente al Partido Socialista Brasileño-PSB) se transforma en candidato a vice de Lula para las presidenciales de 2022.

Los argumentos a favor de tener a Geraldo Alckmin como vicepresidente en la fórmula con Lula, son los siguientes: en primer lugar, podría contribuir electoralmente a derrotar al bolsonarismo; en segundo lugar, supuestamente podría contribuir en el vínculo entre el futuro gobierno Lula con el Congreso, los militares, el empresariado, y todo eso sin afectar negativamente el programa de reconstrucción y transformación de Brasil. Asimismo, supuestamente, no sería como Michel Temer, o sea, no se convertiría en un instrumento de un golpe contra Lula, ni acumularía fuerzas para suceder a Lula.

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¿Esos argumentos están bien fundamentados?

Lo primero que debemos responder es que el factor electoral no está comprobado. En rigor, las encuestas revelan señales contradictorias. Desde que el nombre de Alckmin comenzó a ser considerado para la vicepresidencia, la candidatura de Lula sigue más o menos con la misma intención de voto, pero Bolsonaro crece. ¿Acaso eso puede atribuirse a Alckmin? No necesariamente. Lo que sí puede decirse es que la presencia de Geraldo Alckmin no amplió la fuerza de Lula, como algunos imaginaban.

Por el contrario, lo que puede atribuirse a Alckmin como vice es que estaría borrando del mapa electoral la llamada ‘tercera vía’, o sea, debilitando las candidaturas que no son ni Bolsonaro ni Lula, y en ese sentido estaría contribuyendo a que la elección presidencial se resuelva en el primer turno (suponiendo que si hay dos candidatos fuertes, no se llegue a una segunda vuelta). No obstante, esta hipótesis también tiene que ser demostrada, porque lo de la ‘tercera vía’ ya venía con problemas hace mucho tiempo.

Resumiendo, hasta el momento, no hay comprobación científica de que la presencia de Alckmin en la fórmula presidencial con Lula esté ampliando la fuerza de Lula ni tampoco que esté garantizando una victoria en el primer turno, el 2 de octubre.

Quienes se oponen a Alckmin como vice argumentan, inversamente, que existe un riesgo: y es que funcione como un lastre, sea por las evidentes contradicciones (por ejemplo, las incontables declaraciones de Alckmin ofendiendo al PT y a Lula), sea porque la configuración de esta fórmula permita a Bolsonaro intentar quedar como la expresión de la antipolítica.

Por supuesto, 2022 no es 2018, Jair Bolsonaro sufre el desgasto de la gestión de gobierno, y además siempre se puede decir que esta impensada alianza se justifica porque hay que vencer al ‘demonio’. O sea, puede decirse que es una alianza tan tóxica es fruto de la necesidad de derrotar a Bolsonaro.

En esto reside la principal divergencia. ¿El objetivo de la izquierda en esta elección debe ser derrotar a Bolsonaro o debe ser derrotar el bolsonarismo y el neoliberalismo?

Quienes sostienen que nuestro objetivo es derrotar a Bolsonaro se dividen en dos grupos: los que afirman que tener a Alckmin como vice no afectará nuestro programa, y los que reconocen que el programa ‘tendrá’ que ser más moderado. Este segundo grupo dice que la moderación deriva de la coyuntura, no de la alianza.


Foto: Fabio Vieira – Lula

Citemos dos casos prácticos.

Los neoliberales siempre intentaron, aunque nunca lo consiguieron antes, que Bolsonaro impulsara y lograra aprobar que el Banco Central sea autónomo con relación al presidente de la república. Ahora, para derrotarlo, sectores de izquierda defienden la necesidad de una alianza con los neoliberales y en simultáneo quieren luchar explícitamente por la revocación de esta independencia del Banco Central. O sea que el bolsonarismo le resulta doblemente útil a los neoliberales, porque en cualquier caso salen ganando poder.

Los bolsonaristas pusieron millares de militares en cargos civiles de la Administración Pública. El propio Lula afirma que es necesario que toda esa gente vuelva a los cuarteles. Sin embargo, la Dirección Nacional del PT decidió no hablar de ese asunto. O sea, la búsqueda de alianzas amplias no está acompañada por retrocesos programáticos.

El tema de los militares sigue siendo un tema tabú para mucha gente. Incluso con Lula habiendo asumido una posición pública a favor de que regresen a su lugar de origen, y dejen los puestos en el gobierno, las empresas, etc., un sector mayoritario de la Dirección Nacional del PT trata este asunto con un temor evidente, y el resultado práctico es que desde 2020 (cuando la DN aprobó el programa de reconstrucción y transformación) hasta la fecha, los textos programáticos no rozan el tema.

Hay quienes discuten si fue el vice golpista y neoliberal quien provocó un empobrecimiento del programa, o si fue que el programa empobrecido del PT es lo que hizo posible atraer a un vicepresidente golpista y neoliberal. Sea cual fuere la respuesta, el problema principal está en saber cuál será el efecto de un programa empobrecido tanto en la campaña electoral como en el gobierno.

De hecho, el tema del modelo primario exportador basado en el agronegocio y en el extractivismo minero, así como el tema del capital financiero, o el del imperialismo inclusive el de la OTAN (NdeR: Bolsonaro propuso ser aliado preferencial de la Organización del Atlántico Norte en 2019), así como el de los militares o el de la herencia maldita de las reformas aprobadas por el bolsonarismo y por los golpistas de la derecha ‘gourmet’, son algunos de los asuntos mal tratados al interior del PT.

Y finalmente, veamos el argumento de que Alckmin es diferente de Temer. Sí, sin duda es diferente. Resultó que cuando Michel Temer fue elegido para ser el vice de Dilma en 2010 y en 2014 no se sabía que se convertiría en golpista. Pero, vamos, de Alckmin sabemos bien que apoyó el golpe contra Dilma en 2016 y el golpe jurídico contra Lula en 2018.

Tal como afirmamos en la reunión del  Diretório Nacional do Partido dos Trabalhadores, aun cuando fuera útil tener a un conservador como vice, hay liderazgos de derecha que no apoyaron el golpe, no aplaudieron la condena, prisión e interdicción de Lula, y no fueron declarados opositores a los gobiernos del PT.

Dicho esto, para quienes fueron derrotados en la reunión de la Dirección Nacional, hay dos certezas. Una, es que sea quien termine oficializado para vicepresidente por el encuentro nacional del PT el 4 de junio, nuestra campaña y nuestro voto es para Lula.

Foto: Paulo Motoryn – Cooperativa de recicladores apoyan a Lula

La segunda certeza es que la lucha será muy difícil.

No importa la línea de campaña, ni el vice: en cualquier caso la lucha contra un presidente cavernícola sería y será muy dura. El resultado electoral no está garantizado y la batalla no termina después de las elecciones, ni cuando asuma el cargo.

Al fin de cuentas, lo que va a decidir el resultado es la vieja y buena lucha de clases: si la clase trabajadora se pone en movimiento y lucha será posible no solo la derrota del bolsonarismo sino también del neoliberalismo.

Valter Pomar

Así opinaba el miembro del Diretório Nacional del PT, Valter Pomar, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Federal del ABC (San Pablo).


NADA DE LOS NUESTRO SIN NOSOTROS Y NOSOTRAS

Lula decidió elegir a su candidato a vice, a Geraldo Alckmin. Dio ese paso sin conversar con las instancias internas del Partido de los Trabajadores. Esa opción la hace una parte del PT y no solo no fue consensuada sino que es absolutamente polémica. La burguesía tiene un gran poder para imponer agenda en el PT y en el programa.

Ahora bien, la simultaneidad de las elecciones en Francia con el anuncio de la fórmula presidencial que encabeza Lula, llevó a muchos analistas a hacer comparaciones en torno a si el voto a Macron sería semejante al de Lula, y el voto a Marie Le Pen, semejante a Jair Bolsonaro. Esto ya pasó en Brasil cuando fueron las elecciones en Portugal, y si éste o aquél fueron sectarios, y si por eso ganó tal o cual.

La comparación es inválida, porque los sistemas electorales son muy diferentes, pero sobre todo porque las historias de las construcciones políticas son diferentes. Entonces criticar a Mélenchon porque no apoyó a Ana Hidalgo y decir que si hubiera hecho una alianza de tal tipo hubiera llegado a disputar la segunda vuelta nos resulta ajeno.

Lo que sí creo es que la elección en Francia es como tener que elegir entre Biden y Donald Trump, y recuerdo que muchos decían ‘con los Demócratas vamos a derrotar a la extrema derecha, y bla bla bla’, y ahí lo tenemos a Joe Biden haciendo una política súper agresiva y belicista, apoyando a la extrema derecha en varios lugares del mundo, sea en Ucrania o con Orban en Hungría. Porque nada más parecido con el fascismo que el liberalismo.

La realidad es que en Europa y en muchas otras partes las crisis que vemos y el geométrico aumento de la extrema derecha tiene que ver con que el actual estado de reproducción del capitalismo es de crisis: las tasas de acumulación de capital están cayendo, y es común a todas las burguesías echar mano de los sistemas autoritarios para poder garantizar el aumento de la explotación. Ahí está, entonces, el uso de la fuerza y las guerras.

Cuando Macron recibió a Lula se desgañitaban diciendo ‘¡pero el francés no gana nada recibiendo a Lula!’ Muy por el contrario, Emmanuel Macron estaba percibiendo el crecimiento del líder de izquierda Jean-Luc Mélenchon (NdeR: Mélenchon obtuvo el 22% de los votos, Le Pen el 23,1% y el actual presidente el 27,8%), y recibió a Lula porque con eso se cubrió de una ‘pátina de izquierda´, que de hecho no tiene. Por el contrario, Macron es un presidente que hizo la reforma laboral quitando derechos y destruyó buena parte del sistema jubilatorio francés. Pero eso no nos va a llevar a defender a Marie Le Pen, no. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado porque incluso con sus virulentas propuestas políticas anti-inmigratorias, Le Pen es vocera de la pérdida de derechos que vienen sufriendo los sectores más pobres y la clase trabajadora francesa, precisamente por la pérdida de derechos que simboliza Macron.

Por otro lado, considero que las alianzas partidarias no significan una sumatoria de votos. Por el contrario, las alianzas muchas veces lo que logran es sumar rechazos de aquellos que cuando ven quiénes integran ese conglomerado político, ya no lo votan. Puede apoyar a su partido o simpatizar con alguno, pero no necesariamente va a traducirse en un voto hacia la alianza que se presenta para las elecciones.

Resumiendo, lo que hay que sumar es lo que se pierde al armar una alianza política, no hacer una suma mecánica, directa. En las últimas presidenciales quedó demostrado en Florianópolis. La alianza de las izquierdas sacó menos votos que los que tenía cada agrupación por su lado…


Marcha Fora Bolsonaro

El escenario electoral, con la fórmula Lula-Alckmin presenta un dato que ha sorprendido. En la foto conjunta en la sede del Partido Socialista Brasileño-PSB nacional, en la que por primera vez aparecieron juntos ambos equipos hay solamente dos mujeres, y una de ellas es Gleisi Hoffmann, la presidenta del PT. Pero cuando se consulta a la ciudadanía, las encuestas revelan que el voto mayoritario de Lula proviene de las mujeres: el 47% dice que votará por el ex presidente y solo el 25% se inclina por Bolsonaro. Y esa diferencia es aún mayor entre la población negra e indígenas.

Esa foto es un error pragmático electoral, porque le tira la puerta en la cara al principal electorado de Lula… ¡no es cuestión de ganar votos por un lado y perderlos por otro!

Habrá quienes piensen que es un detalle menor. No, no lo es. No vamos a conseguir que gane Lula sin el voto de las mujeres, de los negros y de los pueblos indígenas. Si en una foto conjunta entre el PT y el PSB hay veinte personas, de ninguna manera se puede afirmar que ‘no había espacio’ para sumar a las mujeres y los negros en esa imagen.

Por el contrario, el error es más que eso, porque la aparición de Alckmin ‘emblanquece’ la foto del PT, elitiza y masculiniza el programa de Lula. Si quisieran mostrar lo contrario, la foto del ‘nuevo matrimonio’ sería otra.

En el estado de Santa Catarina, la mayoría de los candidatos son hombres, blancos, de clase alta, de profesiones liberales y de mediana edad para arriba. Cuando dije que eso es una dictadura, porque se está excluyendo al 52% de la población del proceso de decisión, fui cuestionada. ¿Acaso eso no es autoritarismo? Es claro que se abroquelan en la defensa del poder que ostentan.

mulheres com Lula

Por otro lado, fue el propio Lula quien dijo que las mujeres deben ganar el lugar que les corresponde, imponerse, evitar que les cierren los espacios.

¿Entonces? Luis Ignacio Lula da Silva, las mujeres y las negras y los indígenas decimos que no aceptamos esa foto. En los movimientos existe una filosofía que esos hombres blancos de la elite tienen que entender: no aceptamos más que nos lleven de las narices, y que como son buenitos van a hacer un programa para beneficiarnos.

Lo positivo es que Lula dijo y repite que va a estatizar lo que fue privatizado por el bolsonarismo, como Petrobras, que va a cambiar la política de precios, que no va aceptar que los pobres estén fuera del presupuesto nacional, que va a haber representatividad de las mujeres -tal como dijo en el encuentro con las mujeres en marzo de este año-, que el aborto es un tema de salud pública.

En ese marco, ¿qué impacto simbólico puede tener esta ‘carta de presentación’ en la militancia con una foto de casi solo hombres blancos? No es un asunto menor. La campaña no está ganada, no hay que creerse eso. Y esta vez más que nunca, más que en 2014, la victoria del PT va a depender de la gente en las calles, de la militancia, de la conquista voto a voto, porque hay que enfrentar el gigante de las redes sociales que desparraman cualquier tipo de mensaje a velocidad inédita. Por eso mismo, desmovilizar a la militancia con imposiciones súper-estructurales va a tener un impacto negativo.

El 89% de los funcionarios de los gobiernos de Lula y también de Dilma eran hombres, blancos y adultos.

Bajo ningún punto de vista vamos a permitir que eso se repita.

Nosotras y nosotros somos la mayoría, y esa mayoría tiene que estar.

Nada de los nuestro sin nosotros y nosotras, esa es la consigna.

Ese fue el diálogo con Elenira Vilela, que es profesora y líder sindical del PT en Santa Catarina.  



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