SE CORTÓ LA LECHE

En la Argentina hay un chiste que atraviesa generaciones y se usa para cualquier tipo de situaciones que se repiten: composición tema ‘la vaca’. Décadas escribiendo alguna redacción colegial sobre la vaca, hasta el hartazgo. Y paradójicamente es un engranaje creador de riqueza para la cadena productiva de la que sabemos bien poco, y más aún en tiempos de genética y biotecnología. Eso poco que sabemos de las queridas vacas es lo que lleva a sorprendernos cuando aparece información sobre expansión de la ganadería y la lechería -digamos- en Salta. El conocimiento medio siempre colocó la producción cerealera y ganadera en la Pampa Húmeda. Del resto no se tiene noticia o hay una figura borroneada. Del mismo modo es que no entendemos por qué un yogur cuesta más caro que en 10 países de Europa o un kilogramo de queso hasta el doble que uno de carne porcina o pescado, o que se tiran miles de litros de leche en la ruta. La gota que rebalsó el vaso es que va a faltar manteca. ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó?

La matriz productiva de todos y cada uno de los sectores vivió dos momentos de quiebre, que en verdad pueden entenderse como un ciclo largo con dos estaciones. 1977, el plan Martínez de Hoz instrumentado durante la última dictadura y 1990-1991, el plan Cavallo instrumentado durante el gobierno neoconservador de Carlos Menem.

El sociólogo Alejandro Gaggero relevó la acción de los Grupos Económicos Nacionales y siguiendo a Eduardo Basualdo señala que “la reforma del sistema financiero instaurada por el ministro de economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz en 1977 tuvo dos implicancias centrales: permitió el libre endeudamiento de los privados en el exterior, lo cual, sumado a las bajas tasas de interés que existieron durante la última mitad de los 70, favoreció aún más la implementación de mecanismos de valorización financiera del capital. El colapso económico que marcó el fin de la dictadura militar encontró a los Grupos Económicos con una deuda de U$S 7349 millones.

Ante la crisis económica de 1981, en junio de ese año el ministro Lorenzo Sigaut implementó un sistema de seguros de cambio que implicó la estatización de una parte importante de la deuda externa privada. Basualdo (2006) calcula que mediante este mecanismo que luego perfeccionó Domingo Cavallo en julio de 1982 como presidente del Banco Central, los empresarios locales lograron transferir -hasta 1983- el 61,1% del total de su deuda. Una cifra que podría llegar al 65%”.

El paso siguiente lo dieron las reformas económicas implementadas por la gestión de Carlos Menem ya que impusieron transformaciones estructurales en la economía argentina que afectaron profundamente a esos Grupos Económicos: tipo de cambio fijo y apertura comercial. Para quienes habían vivido del mercado interno con distintas protecciones arancelarias se planteaba un desafío ahondado por la decisión de bajar el arancel promedio de 26% en 1989 a 10% dos años más tarde, y por la suspensión de los regímenes de promoción industrial.

La respuesta fue vender las empresas a los capitales extranjeros. De a docenas. “La primera oleada de ventas se produjo durante el período de oro del modelo de convertibilidad; entre los años 1993 y 1995 (…) En el rubro de la alimentación las operaciones más importantes fueron las transferencias de dos de las principales firmas alimentarias del país, Terrabusi y Bagley, a las transnacionales Nabisco y Danone respectivamente”. La francesa Danone que luego aparecerá como ‘salvador’ de Mastellone, la principal fábrica de lácteos de la Argentina.

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En esta rueda de valorización financiera y al mismo tiempo desnacionalización acelerada de la producción argentina, “los problemas de financiamiento fueron un elemento destacado en el proceso de extranjerización luego de la Crisis del Tequila en 1994”.

A medida que se acentuaba la crisis del modelo de un peso igual un dólar o convertibilidad, “el grado y el tipo de endeudamiento se convertían en un problema cada vez más serio para los GEN. Un elemento central fue la imposibilidad de los grupos de obtener financiamiento barato a largo plazo”.

   Y aquí empezamos a hablar de vacas y de lácteos. “Muchas de las firmas que no vendieron -señala Gaggero- y permanecían en el ranking en el 2003, se vieron obligadas a incorporar algún socio extranjero que aportara capital.

Es el caso del grupo Mastellone, que con una deuda superior a los 200 millones de dólares no vendió hasta ese momento pero finalmente vendió el 30% de La Serenísima a Dallpoint Investments en 1999. En 2011 el 67% del paquete accionario estaba distribuido entre Pascual Mastellone (23,67%), Victorio Mastellone (22,0%) y José Mastellone (21,33%). El 33% restante de las acciones, estaba en poder de ese fondo de inversión Dallpoint Investments LLC.

El problema del financiamiento fue uno de los reclamos centrales de los empresarios al vender. “El peor enemigo del empresariado argentino, hoy, es la tasa de interés. Si tuviera dinero para financiarme al 5% o 6%, abriría tres fábricas más. Lo que no encuentro es cómo se sale, cómo se consigue que la tasa de interés baje, cómo se genera confianza entre los inversores”, declaró Pascual Mastellone, dueño de La Serenísima en 1999.

   Queda más o menos claro que algo de lo que hoy cruje viene de 1977 y del menemismo, o sea del proceso de endeudamiento y extranjerización y a la vez de concentración económica y financiera que fueron los ejes de un cambio estructural cuyas consecuencias emergen cotidianamente.

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Hablar de lechería y no hablar del caso Mastellone es como borrar al Aconcagua de los Andes. La compañía es la mayor empresa lechera de la Argentina, procesadora líder de productos lácteos frescos en el país.  Se abastece de leche natural a través de 1.350 productores ubicados en las principales zonas de producción de leche del país, esencialmente en la Provincia de Buenos Aires. Es el mayor comprador de leche natural en Argentina. Ocupa el primer lugar en cuanto a participación en el mercado de leche fresca, manteca, crema y dulce de leche. Su principal mercado es el mercado minorista argentino. Durante los años 2007, 2008 y 2009 tuvo una participación de aproximadamente el 66,2%, 67,9% y el 64,5%, respectivamente, en el mercado de leche fluida. No son pocos los que recuerdan un acto de campaña en General Rodríguez en 2009 -después de la crisis por la Resolución 125- en el que estuvo Néstor Kirchner. Allí y considerando que la empresa arrastraba 3 años de pérdidas (nuevas, otro ciclo, a pesar de haber vendido en el ’99 el 33% del paquete accionario) con una deuda de 230 millones de dólares, el ex presidente y candidato a diputado nacional le ofreció a los Mastellone que “el Gobierno de Cristina iba a salir en su ayuda si fuera necesario”.

En Argentina existen aproximadamente 11.000 establecimientos que se dedican a la producción de leche. La oferta total en 2013 fue de 11.200 millones de litros en el año.

El 77% de los establecimientos (8470) producen entre 1 y 3500 litros diarios y acumulan el 50% del total producido en el país, mientras que el 23% de establecimientos restantes (2530) producen el otro 50%

Las estadísticas de la Subsecretaria de Lechería muestran que de los 11.200 millones de litros, aproximadamente el 76% se destina a consumo del mercado interno y el restante 24% de litros se destina al mercado externo, es decir que Argentina produce más leche que la que consume internamente.

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VACAS QUE NO COMEN PASTO

Purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis publicaba en diciembre de 2015 un análisis sobre la llegada de la soja al territorio de la provincia de Misiones hacia el año 1970 y su implicancia en el desplazamiento de cultivos tradicionales. La soja y la agricultura industrial están en el corazón de todo el problema. ¿Por qué? Se pregunta un habitante de la ciudad, en un país que tiene el 91% de su población urbana y cada vez más alejada de la producción agroganadera.

La respuesta abreviada es que el valor de una hectárea de campo se vincula a qué deja más dinero para producir en ella, y en el menor plazo posible. Si el retorno del capital invertido es más largo, la tendencia es a optar por producciones de ciclo más corto. Y si da más renta invertir el capital en el universo financiero los campos se alquilan a terceros y no se produce nada (de ahí también el aumento de la población urbana en el ámbito rural). El valor de la tierra -sea para venderla o para alquilarla- lo fija el elemento que hace rotar más rápido el capital, y ese elemento ya no es la carne o el trigo como fue en el ciclo del Centenario hasta fines de los ’70, sino la soja y sus derivados.

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En 2013, el diario Democracia de Junín, provincia de Buenos Aires, hacía un relevamiento entre pequeños chacareros, y decía “José Torres, sexagenario agricultor que se rehúsa a pensar en dejar su ‘fortaleza’ ubicada a 10 kilómetros de Agustina, cree que el influjo de los denominados pooles de campo fue letal. ‘Alquilaron grandes propiedades, sacaron al personal que estaba en el lugar e hicieron su negocio. Hoy dicen que no hay tantos por estos lados, pero el daño ya está hecho: la gente que se tuvo que ir cuando ellos llegaron con todo el capital a su disposición, no volvió nunca más’, afirmó.

Este proceso atraviesa vertical y horizontalmente la economía argentina y explica su reconversión. Y sus crisis. Explica el nacimiento de los feed-lots y la extinción de la ganadería tradicional; explica el desarrollo geométrico de la agricultura industrial, los pooles de siembra y el complejo sojero; explica la multimillonaria inversión en agroquímicos y fertilizantes; explica también que el alimento del ganado se fije a “valor soja”…todo lo que se cultiva tiene ese parámetro y si el animal come maíz, producirlo tiene que mantener una ventaja similar a la de producir “el yuyo”, porque el capital gira en torno al “producto estrella”. En resumen y muy abreviadamente: el precio de la leche tiene que ver con el precio de la soja, que como tal casi no se consume en el país pero genera la gran renta al capital en la Argentina.

Aproximadamente el 40% de la producción de leche se realiza sobre “campos alquilados” lo que provoca una gran dificultad por la competencia de la tierra en manos de los agricultores que producen soja y otras oleaginosas y cereales. En junio 2016, la Cámara de Productores de la Cuenca del Oeste de la Provincia de Buenos Aires (CAPROLECOBA) afirmó que los alquileres y los nuevos renegociados podrían generar importantes problemas para evolucionar en la producción. “Es un factor muy significativo que está jugando por estos días. En la renegociación de los alquileres se está pidiendo un 30% más en quintales, y el doble en términos de $/Ha, lo cual trae muchos problemas, desalienta las inversiones, y aleja la posibilidad del relanzamiento de la producción”, destacaron.

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DE LECHES, QUESOS Y DERRAMES

Ya en marzo de 2014, la Cámara de Productores de Leche de Córdoba, la Mesa de Productores de Leche de Santa Fe, la Cámara de Productores de Leche de Santiago del Estero, la Cámara de Productores de Leche de La Pampa y el Grupo de Productores de Entre Ríos que conforman CAPROLEC sostenían en un documento que la “industria” presenta una posición oligopsónica (pocos compradores y muchos vendedores) en el mercado, dado que menos de 15 industrias compran más del 60% de la leche en un mercado atomizado de 11.000 productores. Y subrayaba que esto le permite:

  • Fijar unilateralmente el precio de la materia prima, junto con los plazos y formas de pago. Los cambios en los precios y en las condiciones son establecidos por la industria y generalmente son notificados a posteriori o durante el lapso del período de pago.
  • Realizar prácticas de deslealtad comercial como: clearing de leche entre industrias para evitar aumentos de precios por regiones, cautividad de productores (hay industrias que no se animan a tomar leche de “determinadas industrias”), castigo a productores organizados en “pooles” de venta que desarrollan “ventas spot” de la leche cruda, conocimiento post entrega del valor a cobrar por litro de leche o sólidos, etc.
  • Esta situación permite decir que existe en la cadena una clara posición de “dominancia” de la industria sobre la producción.

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Fernando Krakowiak en Página 12 hacía un recorrido por el esqueleto del sector en 2011 y explicaba “Según datos de la Dirección de Industria Alimentaria, las siete empresas líderes del mercado suman aproximadamente el 50 por ciento de la recepción de los 10.500 millones de litros que se esperan procesar este año. SanCor ocupa el primer lugar en ese ranking con un 17 por ciento, seguida de cerca por La Serenísima que concentra un 16 por ciento. Seguida por Molfino, Milkaut, Nestlé, Williner y Verónica. No obstante, la elaboración de algunos productos clave del mercado lácteo presentan un alto grado de concentración. La participación de los siete primeros elaboradores supera el 75 por ciento en las leches en polvo, pasteurizadas, esterilizadas, chocolatadas, manteca, crema, yogur, quesos fundidos, postres y flanes. El 20 por ciento de la producción de leche se vende fluida y allí hay sólo dos grandes jugadores: La Serenísima, de Pascual Mastellone, que controla cerca del 60 por ciento, y SanCor que se queda con la porción restante. Con ellos negocia el Gobierno cuando quiere controlar los precios de uno de los productos clave de la canasta básica porque son los que imponen las condiciones al interior de la cadena de valor”.

La lectura atenta de lo que opinan los pequeños productores y las Cámaras que agrupan a los tamberos y los medianos productores desmienten las explicaciones banales de los funcionarios que hoy ubican el problema en la caída de las exportaciones o la ‘crisis internacional’ del sector lechero con sobreoferta, o incluso en la desastrosa situación que dejaron las inundaciones de 2015-2016. Desmienten incluso las explicaciones que se dieron en 2015 en torno a la crisis a la nueva crisis financiera de Mastellone y La Serenísima que una vez más reflejó profundos problemas financieros y vendió una parte de la empresa al grupo Arcor.

   Durante décadas el problema ha sido y es la preminencia del sector financiero por sobre el productivo, en términos generales, así como la concentración de la producción láctea y la cartelización de precios, reflejada en la posición dominante de la industria por sobre los productores. ¿Con quiénes debatió el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el exitoso y hoy moribundo programa Precios Cuidados? ¿Con los más de 11 mil productores dispersos en todo el país y que sostienen que los tambos están en quiebra o con Sancor, Ilolay, Milkaut, Nestlé, Verónica y La Serenísima?

Por otro lado, y en relación con esta dinámica concentrada, Argentina se ha consolidado como un fuerte exportador de Leche Polvo Entera (LPE), Suero de Leche, Quesos y Leche Maternizada. En el año 2013, las exportaciones representaron un ingreso de alrededor 1.600 millones de dólares, impulsadas por el aumento del precio internacional que había llegado a precios record históricos, o sea que cuando hay excedentes el mercado externo se convierte en la alternativa. Cuando los precios internacionales son atractivos y superan los valores que paga el mercado interno, intentan exportar más que lo habitual, obligando al Gobierno Nacional a tomar medidas como implementar derechos de exportación o no autorizar exportaciones para evitar un desabastecimiento de productos en el mercado interno.

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Los reclamos de los productores se mantienen invariables a lo largo de los años. Cualquier novedad al respecto es apenas una variable de un esquema que como analizamos tiene profundas raíces. Es decir que si buscan un precio mayor para la leche y se lo reclaman al gobierno saliente en diciembre 2015 (que puso en práctica un Fondo lechero con compensaciones vía Banco Nación) o al gobierno de Mauricio Macri es porque la estructura del mercado es un muro de acero donde el que produce la leche y atiende el tambo cada vez está peor. Cuando el 7 de julio de 2016, después de reunirse con las autoridades del país Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina, Asociación de Productores de Leche, Ordeñadores y tractoristas de la Cuenca Lechera Central, Asociación de Productores de Leche de la República Argentina, Cámara de Productores de Leche de Córdoba, Cámara Pampeana de Productores de Leche, Mesa de Productores de Leche de Santa Fe, Cámara Lechera Abasto Sur, Cámara Lechera Abasto Norte, Cuenca Mar y Sierras y Cámara de Productores de Cuenca Oeste emiten un comunicado donde dicen “hemos solicitado una inmediata recomposición del precio de leche cruda consistente en un aporte de $1,50 por litro de leche durante seis meses sobre la base de los $4,50 que la industria manifiesta pagar en el presente (…) La cadena láctea nacional vive una completa distorsión que perjudica desde hace años únicamente al productor tambero, y que se ha agudizado en los últimos seis meses, mientras otros eslabones son los grandes beneficiados de una renta que no comparten. (…) De no tomar los recaudos necesarios serán los responsables del caos social que se producirá en el interior productivo. Dado que las nuevas condiciones económicas establecidas por el actual gobierno han aumentado los costos de producción del litro de leche cruda en más de un 70%, sin que el precio pagado por la industria compense dicho porcentaje, esta originándose un aumento en el cierre de tambos, un achicamiento del rodeo lechero, la pérdida de puestos de trabajo y el serio deterioro de la cadena de pagos”.

En otros países, las situaciones de dominancia de la industria sobre los productores, y los conflictos entre mercado interno versus externo son regulados y controlados mediante distintos marcos institucionales que brindan el espacio para la discusión y formulación de políticas.

CAPROLEC ha propuesto un sistema de formación de precios de la leche compuesto por 3 partes:

  1. Formación de precios desde la demanda: crear una metodología para el cálculo del precio de la leche al productor a partir de los precios promedios de comercialización de productos lácteos en el mercado interno.
  2. Sistema de precio de equilibrio entre mercado interno y externo: para facilitar el equilibrio entre el poder de compra del mercado interno y el mercado externo, se establecerá un valor técnico de equilibrio para la materia prima contenida en el mix de productos destinados al mercado interno. Este valor técnico de equilibrio servirá para obtener un precio del litro equivalente para todos los productos de exportación que contengan leche (materia prima, más costos y una razonable rentabilidad).
  3. Precio de equilibrio para la producción primaria: revisar ese precio de equilibrio desde la oferta, para chequear que el precio al productor sea lo suficientemente alto para funcionar como incentivo a la producción.

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Casi a contramano de la reformulación amplificada de la “teoría del derrame”, los productores postulan algunos principios rectores de la actividad. Algo que debemos incorporar y saber los urbanos consumidores de lácteos sorprendidos porque un sachet de leche cueste 16 pesos mientras ellos reciben menos de 5, un yogurt cuesta 18 pesos y un kilo de queso más de 160. Dice más o menos lo siguiente:

“Nuestras organizaciones acuerdan con el abastecimiento pleno del mercado interno a precios accesibles para los consumidores, con el crecimiento programado de la actividad (cuyo aumento en volúmenes desemboca necesariamente en la exportación de los saldos no consumidos en el mercado doméstico), también con el aumento de las exportaciones y seguramente, con la consecuencia de ambas cosas: el aumento del empleo.

En lo que no acordamos en este planteo de crecimiento, es en seguir siendo la variable de ajuste por transferencias de ingresos a los demás eslabones de la cadena.

Tampoco creemos que la libertad total de los mercados lleguen a superar el actual oligopsonio” reinante para que a posteriori “por derrame” las industrias nos pongan en una mejor situación del negocio lácteo. La tendencia industrial es “maximizar ganancias” antes que “derramar”.

Productores lecheros dixit.

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