HAY ALGUNA SALIDA...a la guerra civil mundial?

El pensador y militante italiano Franco 'Bifo' Berardi reflexiona, y comparte.

Necro-economía

¿Nos encaminamos a una tercera guerra mundial? Bueno, sí y no. La Guerra ha estado entre nosotros los últimos 15 años y promete estar por un largo rato con la promesa de destruir los últimos exponentes de la civilización Moderna. La exacerbación de la xenofobia en todo Occidente, así como el renacer de los nacionalismos en países como Francia: son causas y efectos de una guerra amenazante cuyas raíces hay que buscar en los pasados 200 años de empobrecimiento y humillación colonial hacia la población mundial, y eso sin nombrar la competencia neoliberal y la privatización de todo, incluida la guerra.

El “pacifismo” se ha tornado irrelevante en tanto que las condiciones de la guerra parecen irreversibles. ¿Cómo podríamos oponernos a la guerra cuando los francotiradores están disparando en medio de una multitud de pacíficas personas que bailan? La guerra se torna normal, a tal punto que los valores de las acciones en las Bolsas ya no reaccionan frente a una masacre pues su preocupación más grande es la paralización de la economía mundial. Tras cada ataque armado, por islamistas o por mesiánicos de la supremacía blanca, por asesinos improvisados o por expertos y entrenados asesinos fundamentalistas, el pueblo norteamericano sale corriendo a comprar más armas. En consecuencia, las armas disponibles no sólo se incrementan en los arsenales en manos de los poderes nacionales sino también en las cocinas y los dormitorios de cualquier familia tipo.

Michele Fiore, una mujer de la Asamblea Republicana de Las Vegas posteó en Facebook un saludo de Feliz Navidad. A primera vista se ve como cualquier otra tarjeta de salutación: tres generaciones de una familia con sus casacas rojas y jeans parados al lado del arbolito. Pero si uno mira con atención se ve a Lady Fiore, sus hijas adultas, sus maridos y uno de los nietos sosteniendo armas de fuego.

La privatización de la guerra es un dato obvio en el marco de la desregulación neoliberal y ese mismo paradigma es el que generó Halliburton y el Cartel de Sinaloa, Blackwater y Daesh (Estado Islámico). El negocio de la violencia es una de las principales ramas de la economía global, y la abstracción financiera no discrimina el ‘dinero criminal’.

El proceso de externalización y privatización está provocando ahora una guerra civil mundial que se alimenta a sí misma. De acuerdo a Nicholas Kristoff “en los últimos cuatro años murió más gente en los Estados Unidos por armas (incluyendo suicidios y accidentes) que la suma de norteamericanos que murieron en las guerras de Corea, Vietnam, Afganistán e Irak”. (New York Times, 5 de diciembre 2015).

Guerra Civil Global fragmentaria

La pregunta es si nos encaminamos hacia una guerra mundial. No exactamente. No habrá una declaración de guerra formal, pero tenemos una proliferación de incontables zonas de combate. No hay una unificación de frentes a la vista, pero sí micro-conflictos fragmentados y alianzas extrañísimas sin una visión estratégica general.

Guerra mundial no es la definición correcta de este apocalipsis original en el que estamos. Lo defino como Guerra Civil Global fragmentaria.

Los fragmentos no convergen porque hay guerra en todos lados. “El poder destructivo de grandes, enormes magnitudes cae en manos de pequeños y mínimos grupos humanos” dice el Secretario de Defensa de USA Ashton Carter.

Bajo estas condiciones de privatización de la guerra no puede imaginarse un orden geopolítico ni una amalgama en medio de los conflictos religiosos tribales. Ni principio ni final porque esta guerra es interminable, como la definió en 2001 el peor criminal de todos los tiempos, al caer rotundamente en la trampa de Bin Laden. Desde el Paraíso en el que seguramente reside, el señor Bin Laden observa esta emergencia de un ‘Califato de la Muerte’, y sonríe: a tal punto que puede proclamar que el Ejército de Alá está ganando la guerra.

Algunos Republicanos en Estados Unidos dicen que las matanzas están vinculadas a enfermedades mentales. En un sentido, eso es cierto, pero se equivocan en el dato y en la dimensión de lo que ellos llaman enfermedad mental. Porque enfermedad mental no es una dolencia rara de algún desclasado sino más bien una consecuencia extendida del pánico, la depresión, le precarización y la humillación. Esas son las plataformas contemporáneas de la guerra global fragmentaria, y se están expandiendo por todos lados, enraizadas en la herencia colonialista y en la despiadada competencia cotidiana.

La desregulación neoliberal dio origen al régimen mundial de la Necro-economía: los preceptos morales y las regulaciones fueron abolidas por la competencia universal. Desde un comienzo la filosofía de la Thatcher prescribía una guerra entre individuos. Convocaron a Hobbes, Darwin y Hayek para conceptualizar el fin de la civilización social, el fin de la paz.

Dejemos de lado las etiquetas religiosas o ideológicas de los agentes de violencia masiva: miremos su verdadera naturaleza. Tomemos el Cartel de Sinaloa o el Daesh, y comparémoslos con Blackwater y la Exxon Mobil. Tienen mucho más en común que en lo que se diferencian. Su meta es la máxima extracción de dinero en función de su inversión en llamativos productos de la economía contemporánea: el terror, el horror y la muerte. El Necro-capitalismo es el orden económico emergente en el mundo.

El Narco-business es un pilar de la economía mexicana a tal punto que el jefe del Cartel de Sinaloa, el Chapo Guzmán fue incluido en la lista de los empresarios prominentes de la revista Fortune en 2012. ¿Por qué no? Después de todo es un simple emprendedor neoliberal desregulado que se ocupa de raptos, tráfico de drogas y muertes. Tal como las corporaciones neoliberales que invierten dinero en los negocios de punta, el Califato Irak-Siria y el narco-ejército mejicano pagan salarios a sus soldados, que son los necro-proletarios.

El narconegocio recluta jóvenes desempleados de Monterrey, Sinaloa y Veracruz. El Califato recluta jóvenes en los suburbios de Londres, El Cairo, Túnez y Paris. Los entrena para raptar y para masacrar gente cada tanto. Daesh paga salarios de 450 dólares mientras hace caja con el dinero de los rescates, el petróleo, el cobro de impuestos a millones de Sunitas. Se mueven como posmodernos de la Edad Media pero no tiene nada que ver con el pasado, más bien son un anticipo del futuro.

Vean el video que presentó Dubiq, la agencia de publicidad del Estado Islámico:

http://www.zerohedge.com/news/2015-11-25/isis-releases-greatest-piece-terrorist-video-propaganda-history-tells-us-russia-brin

 

El estilo del aviso es similar a cualquier otra pieza publicitaria: compra esto y serás feliz. Múltiples ángulos de la cámara, hábiles gráficos, repeticiones en cámara lenta y hasta viento artificial para darle al conjunto un eficaz efecto dramático.

Unete al ejército de Alá y te harás de amigos, tendrás calor y bienestar. La Yihad es la mejor terapia contra la depresión...

Un mensaje para mentes afiebradas, para gente sufriente que clama por calor, amistad viril, pertenencia. No muy diferente de los avisos que podemos ver día a día en las calles de nuestras ciudades, salvo en el aspecto más sincero que refiere al suicidio. Porque el suicidio es crucial en el video: 6500 soldados del Ejército de los Estados Unidos de América se suicidan cada año de acuerdo a Dubiq. Los norteamericanos mueren con enojo, con desesperación, mientras que los soldados de Dios están ansiosos por encontrar a las 70 vírgenes que los están esperando en el paraíso, listas para encamarse con los guerreros.

Un holograma para Europa y el mundo

¿Se acuerdan de Yugoslavia? Era una razonable federación de 25 millones de personas. Diferentes étnicas y comunidades religiosas vivían juntas más o menos en paz, las fábricas eran dirigidas por los trabajadores, cada uno tenía su casa y nadie pasaba hambre. Luego vinieron el Fondo Monetario Internacional, el Papa polaco que instigó a los croatas a una guerra religiosa contra los ortodoxos serbios, y Alemania que bien predispuesta envió armas a las organizaciones fascistas de Ustasha.

En 1990 EE.UU cortó toda forma de crédito y empréstito a Yugoslavia hasta que no se hicieran elecciones separadas en cada estado de la Federación. Como consecuencia, Yugoslavia –imposibilitada de conducir su comercio exterior- fue condenada a la bancarrota comercial, lo que reforzó las tendencias divisionistas de sus estados. Y Estados Unidos fondeó a esos estados con tal de disolver la Federación. Además, dio apoyo a partidos y movimientos que promovieran ese proceso, mientras que Alemania despachaba armas a Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina.

En marzo de 1991, las organizaciones fascistas de Croacia llamaron a derrocar al gobierno socialista y la expulsión de los serbios de Croacia. El 5 de marzo de 1991 atacaron la base del Ejército Federal en Gospic. Y comenzó la guerra civil.

La extrema derecha croata, el partido Unión Democrática Croata, que usaba la bandera, los emblemas y los slogans del partido pro-nazi Ustashi, tomó el poder.

Ciudadanos, derechos de propiedad, empleo, beneficios jubilatorios y pasaportes sólo se concedieron a los croatas. A ningún otro grupo étnico. Como resultado, 300 mil serbios de armaron y entraron en combate con una brutalidad indescriptible.

La destrucción de Yugoslavia puede entenderse como el regreso de Hitler a la escena mundial. Las guerras religiosas causaron unos 170 mil muertos dado que la limpieza étnica ocurrió en cada área de la Federación. Tras siete años de violencia emergió un nuevo orden basado en el paradigma de la identificación étnico-religiosa de los nuevos estados, un principio que tácitamente extinguimos luego de la Segunda Guerra Mundial y con la derrota del nazismo.

20 años después de las guerras nazi-neoliberales de Yugoslavia en todas esas pequeñas naciones-estado (excepto en Eslovenia) el desempleo es altísimo, la gente se ha empobrecido, la educación se privatizó y las estructuras públicas están en decadencia.

Hoy la Yugoslavia de los 90 debería ser un holograma de advertencia para la Europa del futuro: el ordoliberalismo germano ha empobrecido la vida social, encogió los servicios públicos en todo el Continente, y finalmente infringió una humillación a Syriza en Grecia que puso en riesgo el centro mismo de la solidaridad europea.

Luego, el fracaso en hacerse cargo de la nueva ola de migrantes del Este dejó al descubierto la fragilidad política de la Unión Europea, y eso potencia una estampida de miedo, racismo, vergüenza y mala conciencia.

10 millones de personas están apelotonadas en la frontera de los Balcanes a Grecia, de Libia a Marruecos. ¿Serán los actores de la próxima ola terrorista? ¿Serán el objeto del nuevo Holocausto?

La única salida

Después de los ataques en el centro de París el viernes 13 de noviembre, un nervioso Presidente francés declaró: “El pacto de seguridad es previo al pacto de la estabilidad. Francia está en guerra”.

Y así se cumple el sueño de Bin Laden. Un pequeño grupo de fanáticos provocó la guerra civil mundial. ¿Se podrá parar?

En las actuales condiciones de una larga recesión, con los mercados emergentes derrumbándose, la Unión Europea paralizada y cada vez más lejos la promesa de recuperación económica, es complejo esperar despertar de esta pesadilla. La única salida imaginable del infierno es el fin del capitalismo financiero, pero esto no parece para nada cercano. Y si bien no está cercano, es el único proyecto que podemos encarar durante este tiempo de oscurantismo: creando solidaridad entre los cuerpos de los trabajadores cognitivos del mundo; construyendo una plataforma tecno-poética de colaboración de los trabajadores cognitivos para la liberación del conocimiento de los dogmas religiosos y económicos.

Un fragmentado frente de partidos nacionalistas está tomando la delantera: se oponen a la moneda europea, a la globalización en marco, claman por la restauración de la soberanía nacional. Este frente está estructurándose en el Frente Nacional de Francia, que ganó la mayoría en las recientes elecciones. Ya gobierna en Hungría donde los nazis y los nacionalistas autoritarios se unieron. Son la derecha italiana de Salvini; son el gobierno polaco. Eso para no nombrar al partido británico anti-euro UKIP o la mayoría derechista del partido bávaro CSU en Alemania. Este frente de fuerzas europeas anti-euro está convergiendo con el nacionalismo ruso bajo el liderazgo autoritario de Putin, con las banderas del nacional-populismo y una imparable islamofobia.

Tras la humillación a Syriza, el futuro de Europa se debate entre la violencia financiera y la violencia nacional. Para captar la dinámica que guía la guerra civil mundial tenemos que ver la relación entre el viento helado de la abstracción financiera y la reacción del cuerpo agresivo de la sociedad que ha sido separada de su cerebro, que está atrapado en el código automatizado de la red.

El viento helado de la abstracción está infundiendo en el alma europea una sensación de desolación, esa que Michel Houellebecq describió en su libro La soumission, que trata sobre la tristeza que surge de desaparición del deseo colectivo. La sumisión a la Entidad Suprema (sea Alá o el Mercado) es el origen de esta melancolía, y también el origen de la guerra actual.

La Globalización trajo la obliteración del universalismo Moderno: los capitales fluyen libremente por todas partes y el mercado laboral está mundialmente unificado, pero eso no está llevando a la libre circulación de mujeres y hombres ni a la afirmación de una razón universal en el mundo. Más bien está pasando lo contrario: como las energías intelectuales de la sociedad están siendo capturadas por la red de la abstracción financiera, como el trabajo cognitivo está sojuzgado por la ley abstracta de la valorización, y como las comunicaciones humanas se transformaron en interacciones abstractas inmersas en agentes digitales descorporizados, el cuerpo social está escindido de general intellect. La subsunción del general intellect a manos del reino corporativo de la abstracción está sofocando la comunidad de la inteligencia, el entendimiento y la emoción afectiva. Y entonces, el cuerpo descerebrado reacciona. Por un lado con una gigantesca ola de sufrimiento mental; por el otro con la muy publicitada cura contra la depresión: el fanatismo,el fascimo y la guerra. Y el sucidio, como escena final.

Bologna- Diciembre 2015

 

 

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