LOS NOMBRES DE LOS POETAS QUE LLEVO EN MIS PALMAS…NAZIM HIKMET

En todo el planeta, la palabra de los poetas ha sido incómoda. A 120 años del nacimiento del mítico Názim Hikmet, en Turquía todavía puede ser pecado leer sus poemas. Homenajearlo, leerlo y recitarlo, entonces, es un acto de contrapoder.

Durante las multitudinarias manifestaciones de 2013 y 2014 contra el creciente autoritarismo del estado turco, cada vez más firme en aplastar el secularismo, emergió en pancartas juveniles la imagen del poeta Názim Hikmet. Una estampita como la del Che.

Un niño de 11 años fue expulsado de la escuela en la capital, Ankara, por haber recitado un poema de Hikmet.

Al igual que los 47 abogados defensores de presos políticos que fueron encarcelados por el presidente Erdogan en septiembre de 2020, y otras decenas de miles de presos políticos kurdos que permanecen atrás de las rejas en Turquía bajo la genérica acusación de ‘terroristas’, el poeta vivió la mayor parte de su vida entre la prisión y el exilio: 31 de los 60 años de vida los pasó en la cárcel. Siempre acusado de eso mismo, de subversivo y de no amar a su patria.

viajero – espectáculo homenaje el 23 de enero 2022

Había nacido en Salónica, cuando esta ciudad pertenecía todavía al Imperio otomano, el 15 de enero de 1902 y el amor de los pueblos que habitan Turquía están realizando incontables homenajes por los 120 años de su natalicio.


Nazim Hikmet, con apenas 19 años, viajó a Moscú en 1921 y se enamoró incondicionalmente de la revolución bolchevique. En la capital rusa escribió versos intensos, bajo la influencia del potente Vladimir Mayakovski. Allí hizo estudios de filología francesa, mientras daba clases de lengua y literatura turca.

Tres años después regresó a Turquía. Caído el sultán Mehmed VI, se implantó la república, con la cual se había abolido el califato. Este cambio impuso un nuevo Código Civil, se eliminó la educación religiosa, y se expandió la educación gratuita y mixta. Sin embargo, la salida ilegal de Hikmet del país implicó una condena a quince años de trabajos forzados.

Al regresar de la recién creada Unión Soviética, fue capturado y pasó un tiempo preso. Amnistiado por Atartuk, decidió establecerse en Estambul, donde fue parte del consejo de redacción de Claridad, revista de divulgación ideológica del Partido Comunista Turco, la cual fue prohibida en 1925 y apresados sus integrantes.

Hikmet logró escapar a Izmir, y aunque pasó a la clandestinidad, fue condenado a 15 años de prisión, por lo que se vio obligado a huir a la URSS, donde estudió Sociología y Ciencias Económicas en la Universidad de Moscú, hasta 1928. Su primer libro de poemas fue publicado en Bakú, en la república de Azerbaiyán.

«…Hasta que los niños sean felices» – Poster dedicado al Usta (maestro)

Al regresar fue detenido en la frontera y estuvo preso durante varios meses. Una vez libre, ingresó a la planta del diario Aksam y dio inicio a una etapa de intensa actividad literaria y política. Escribió y publicó innumerables poemas, cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos y textos periodísticos.

Hasta 1933, año en que es detenido otra vez, en medio de una fuerte protesta internacional, publicó 835 líneas, La Gioconda, Si-Ya-U, Y van 3, La ciudad que perdió la voz y Telegrama nocturno (antología de sus poemas).

Hikmet en prisión

De nuevo, al salir de la prisión en 1934, Hikmet se dedicó de lleno a la elaboración de poemas y narraciones, bajo la sombra del más cruel ostracismo dentro de su patria.

En el apogeo del expansionimo nazi-fascista escribió textos antisfacistas y de carácter histórico, como Cartas a Taranta Babu (1935), Leyenda del Jeque Bedreddin (1936) y Rumbo a Barcelona en el barco del desdichado Yusuf (1937).

Voz de Nazim Hikmet que habla en una marcha por el 1 de mayo

En esos años, Hikmet fue acusado de conspiración militar e incitación a la indisciplina y a la rebelión, por lo cual fue condenado a 28 años y 4 meses de prisión en la cárcel de Bursa, una ciudad a varias horas de Estambul. El poeta padeció las más crueles torturas y los más humillantes padecimientos.

Pablo Neruda, al evocar esta dura etapa de su entrañable camarada, escribió:

A Nâzim lo acusaron de querer sublevar a la marina de su país, y lo condenaron a todas las penas del infierno. Lo hicieron andar hasta la extenuación por el puente del barco y luego lo metieron en el sitio de las letrinas, donde los excrementos se levantaban medio metro sobre el piso. Mi hermano el poeta se sintió desfallecer. La pestilencia lo hacía tambalear. Entonces pensó: los verdugos me están observando desde algún punto, quieren verme caer, quieren contemplarme desdichado.

“Con altivez, sus fuerzas resurgieron. Comenzó a cantar, primero en voz baja, luego en voz más alta, con toda su garganta al final. Cantó todas las canciones, todos los versos de amor que recordaba, sus propios poemas, las romanzas de los campesinos, los himnos de lucha de su pueblo. Cantó todo lo que sabía. Así triunfó sobre la inmundicia y el martirio


HIKMET

En Las uvas y el viento Neruda le dedicó un largo poema:

«Memorial de estos años. Aquí llega Nâzim Hikmet»

NAZIM, de las prisiones
recién salido,
me regaló su camisa bordada
con hilos de oro rojo
como su poesía.

Hilos de sangre turca
son sus versos,
fábulas verdaderas
con antigua inflexión, curvas o rectas,
como alfanjes o espadas,
sus clandestinos versos
hechos para enfrentarse
con todo el mediodía de la luz,
hoy son como las armas escondidas,
brillan bajo los pisos,
esperan en los pozos,
bajo la oscuridad impenetrable
de los ojos oscuros
de su pueblo.
De sus prisiones vino
a ser mi hermano
y recorrimos juntos
las nieves esteparias
y la noche encendida
con nuestras propias lámparas.

Aquí está su retrato
para que no se olvide su figura:

Es alto
como una torre
levantada en la paz de las praderas
y arriba
dos ventanas:
sus ojos
con la luz de Turquía.

Errantes
encontramos
la tierra firme bajo nuestros pies,
la tierra conquistada
por héroes y poetas,
las calles de Moscú, la luna llena
floreciendo en los muros,
las muchachas
que amamos,
el amor que adoramos,
la alegría,
nuestra única secta,
la esperanza total que compartimos,
y más que todo
una lucha
de pueblos
donde son una gota y otra gota,
gotas del mar humano,
sus versos y mis versos.

Pero
detrás de la alegría de Nazim
hay hechos,
hechos como maderos
o como fundaciones de edificios.

Años
de silencio y presidio.
Años
que no lograron
morder, comer, tragarse
su heroica juventud.

Me contaba
que por más de diez años
le dejaron
la luz de la bombilla eléctrica
toda la noche y hoy
olvida cada noche,
deja en la libertad
aún la luz encendida.
Su alegría
tiene raíces negras
hundidas en su patria
como flor de pantanos.
Por eso
cuando ríe,
cuando ríe Nazim,
Nazim Hikmet,
no es como cuando ríes:
es más blanca su risa,
en él ríe la luna,
la estrella,
el vino,
la tierra que no muere,
todo el arroz saluda con su risa,
todo su pueblo canta por su boca.

Neruda y Hikmet

Hikmet escribió una de sus obras fundamentales, Paisajes humanos de mi país y un libro de poemas de amor, dedicado a Piraye, su amada de juventud, titulado Poemas de las 22-23 horas. Entretanto, sus poemas fueron traducidos a otros idiomas y la admiración por su deslumbrante carga expresiva creció día a día, dentro y fuera de Turquía, aunque estuviera proscripto.

Ahmet Emin Yalman, poeta, propietario del periódico Vatan, y de origen judío, visitó a Nazim en prisión, antes de que el preso decidiera iniciar una huelga de hambre que casi lo lleva a la muerte. Ahmet ya había chocado con el régimen por un gravamen que penalizaba exclusivamente a las minorías de origen griego, judío y armenio. Publica entonces, en agosto de 1949, un artículo donde expone lo que está pasando Nazim Hikmet.

Algún día la historia apuntará este estado de cosas como una mancha que ha de recaer sobre toda una época. La responsabilidad de la injusticia que ha padecido Nazim Hikmet no recae solamente sobre los dos tribunales que emitieron la sentencia, ni sobre los que dieron la orden en la época del partido único, ni en nuestra Justicia, que permaneció impasible a pesar de tener en sus manos todas las pruebas de la injusticia, ni en toda una generación de intelectuales. Cada uno de los veinte millones de turcos tiene su parte en esta responsabilidad.


Mitines políticos y movilizaciones populares en diversas ciudades de Europa y de Asia, e incluso en el continente americano, exigieron la liberación del poeta, que se produjo en 1950; en 1951, tras ser amnistiado, lo despojaron de su nacionalidad turca, la cual recién le fue restituida en 1997.


El nogal

Mi cabeza en las nubes pura espuma y espuma

Por fuera y por dentro estoy lleno de mar

En el Parque Gülhane soy un nogal

Soy un viejo nogal lleno de heridas

de nudos y de heridas cubierto está mi tronco

Pero nadie lo sabe

tú tampoco

ni siquiera la misma policía

En el Parque Gülhane soy un nogal

Todo mi cuerpo vibra

como el pez en el agua, allá en el fondo

Cual pañuelos de seda mis hojas se estremecen

Arráncalas, amor, para secar tus lágrimas

Mis hojas son mis manos

Yo tengo justamente cien mil manos

Y con mis cien mil manos yo te toco

y yo toco Estambul

Mis hojas son mis ojos y yo miro extasiado

Y con mis cien mil ojos te contemplo

y contemplo Estambul

Y mis hojas palpitan y palpitan

Cuan cien mil corazones

En el Parque Gülhane soy un nogal

Pero nadie lo sabe

tú tampoco

ni siquiera la misma policía.

Ahí es cuando Nazim Hikmet abandona su país de forma definitiva y se exilia como ciudadano polaco. Debió adoptar esa carta de ciudadanía, porque su madre era polaca.

en Moscú

En la URSS fue recibido con inmenso afecto y meses después pasó a ser parte de la dirección del Consejo Mundial de la Paz, que integraba el escritor y traductor comunista argentino Alfredo Varela. Este último, en conjunto con Hikmet, tradujo por primera vez una obra suya al castellano, Duro oficio el exilio.


Aquel que se fue

En los vidrios la noche la nieve

Hundiéndose en la sombra los relucientes rieles

a quienes se esperan sin encontrarse nunca

parecen evocar

En la estación

en la sala de espera de tercera

duerme, descalza,

una mujer de negro chal

Y yo camino de un extremo al otro

Es la ventana la noche la nieve

Una canción que nos conmueve

La canción preferida de mi hermano

De aquel que ya se fue

La canción preferida

La canción…

No me miren, hermanos

Un sollozo se anuda en mi garganta…

En la estación

en la sala de espera de tercera

duerme, descalza,

una mujer de negro chal

En la ventana la noche, la nieve

Una canción que nos conmueve…

con los pioneros

Ya en sus primeros años en el exterior, cuando fue a la República Popular de China en 1952, se enfermó y tuvo que acortar su viaje.

Debido a la enfermedad del corazón que padecía, siempre sintió la muerte muy cercana de sí; no obstante, no dejó de trabajar.

Viajó a países como Bulgaria, Rumania, Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Egipto, Líbano, Etiopía, Francia e Italia.

En 1955 publicó uno de sus poemas más conocidos en el mundo, a diez años de la bomba atómica que EE.UU arrojó sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

El título en turco es Kız Çocuğu, que puede traducirse como Una niña pequeña. Refiere a una criatura de siete años que fue asesinada por la bomba atómica. En 1978, Zülfü Livaneli, le puso música, y entre tantas otras versiones, fue Joan Baez quien la interpretó en casi todas sus presentaciones.


La niña muerta

Soy yo quien golpea a tu puerta

A todas las puertas, a todas las puertas

Pero ustedes no pueden contemplarme

Es imposible ver a un niño muerto

Hace diez años largos

he muerto en Hiroshima

Pero sigo teniendo siete años

Los niños muertos dejan de crecer

Al principio se inflamaron mis cabellos

Mis manos y mis ojos ardieron después

Me convertí en un puñado de cenizas

que el viento dispersó

Nada, nada les pido para mí

No podrían mimarme aunque quisieran

Una niña que ha ardido cual si fuera papel

no come caramelos

Yo golpeo y golpeo a cada puerta:

Dénme, dénme una firma

Para que los niños no sean asesinados

y coman caramelos.

El poeta, que nunca ocultó su militancia comunista, celebró con entusiasmo el triunfo revolucionario de Cuba en 1959. Como bien señala Fernando García Burillo

«Para Nâzim, el mundo hispánico tuvo dos polos de atracción: la Guerra Civil española y la Revolución cubana. Como tantos otros artistas y escritores de la época, el poeta se identificó con la causa de la República durante la guerra civil española. De entonces data su largo poema titulado «Viaje a Barcelona en el barco del desafortunado Yusuf», cuya última parte «Nieva de noche», escrita el 25 de diciembre de 1937, evoca la defensa del Madrid republicano».

Nieva en la noche

Ni escuchar una voz del más allá

Ni poner en la trama de los versos

las cosas inefables,

ni andar como un orfebre tras la rima,

las palabras preciosas y el estilo…

Esta noche, alabado sea Dios,

yo estoy muy por encima

de todo eso.

Esta noche

Soy un cantor bohemio:

Mi voz está desnuda, sin ningún artificio.

Soy una voz que canta para ti

Una canción que nunca escucharás.

Nieva en la noche.

Y tú, a las puertas de Madrid,

enfrentas un ejército de viles,

que arrasa con todo lo más bello que tenemos:

La esperanza, la nostalgia, la libertad, los niños.

Nieva en la noche.

Quizás tú tengas frío,

con esos pies mojados…

Nieva.

Y, mientras pienso en ti,

En este mismo instante,

puede una bala atravesarte el pecho.

Y entonces sí… ¡qué nieve, ni qué viento!

Nieva

Tú, que a las puertas de Madrid, dices No pasarán,

Antes de eso, sin duda, ya tenías experiencia.

¿Quién eras tú, qué hacías, desde dónde venías?

Tal vez llegaste de las minas de Asturias.

Tal vez sobre tu frente una venda sangrienta

cubre la herida recibida allá, en el Norte.

Tal vez de tu fusil

partió la última bala

cuando los junkers incendiaban Bilbao.

O tal vez eras un obrero agrícola

de la hacienda de un tal conde Fernando.

O tenías un puesto, en la Puerta del Sol,

donde vendías frutas de vivos colores españoles.

Tal vez no tuviste un oficio manual.

Tal vez tenías una hermosa voz.

Tal vez fuiste estudiante, de derecho o de filosofía,

y tus libros quedaron bajo la oruga de los tanques itálicos.

Tal vez no crees en el cielo

o sobre el pecho llevas

una pequeña cruz colgada de una cinta.

¿Quién eres, cómo te llamas, qué edad tienes?

Yo no he visto tu rostro ni lo veré jamás:

quizás es parecido a los de aquellos

que a Koltchak[1] derrotaron en Siberia.

Quizás recuerda el rostro de aquel otro que yace

en el campo de Dumlupinar[2]

Es posible que seas el retrato cabal de Robespierre.

Nunca oíste mi nombre ni lo has de oír jamás.

Estamos separados por mares, por montañas, por mi maldito encierro

y por el Comité de no Intervención.

No puedo ni llegar a tu lado,

ni mandarte una caja de cartuchos,

algunos huevos frescos,

o un par de medias gruesas.

Y, sin embargo, no ignoro que tus pies,

plantados a las puertas de Madrid,

tienen frío como niños desnudos.

Y también sé

que todo lo que hay grande y hermoso,

todo lo que, mañana, el hombre encontrará grande y hermoso,

es decir, eso de que mi alma está nostálgica,

ríe en los ojos de mi centinela, delante de Madrid,

y que ayer y mañana, lo mismo que esta noche,

yo nada podría hacer más que quererlo.

[1] Marino contrarevolucionario ruso (1874-1920). (N. del E.)

[2] Batalla de la guerra greco-turca en 1922. (N. del E.)

exilio

Blas de Otero, además de citar a Hikmet en el poema inédito, que publicó en el número de la navidad de 1960 en Papeles de Son Armadans, en cuyos últimos versos reúne…

«todos los nombres que llevé en las manos

(César, Nâzim, Antonio, Vladimiro,

Paul, Gabriel, Pablo, Nicolás, Miguel)»

dedicó al poeta turco sus «Cartas y poemas a Nâzim Hikmet», incluido en su poemario En castellano, prohibido por la censura.

Cuando más de diez años después intentó burlar a los censores de la dictadura franquista con la publicación de su antología Expresión y reunión, estos volvieron a suprimir el poema dedicado a Nâzim Hikmet. He aquí el poema que le dedicó:

Cartas y poemas a Nâzim Hikmet

Puesto que tú me has conmovido,
en este tiempo en que es tan difícil la ternura,
y tu palabra se abre como la puerta de tu celda
frente al Mármara,
rasgo el papel y, de hermano a hermano, hablo contigo
(acaban de sonar)
las nueve de la noche)
de cosas que no existen: Dios
está escuchando detrás de la puerta
de tu celda,
cedida por amor al hombre: Nâzim Hikmet,
quédate con nosotros.

Que tu palabra entre entre las rejas de esta vieja cárcel
alzada sobre el Cantábrico,
que golpee en España
como una espada en el campo de Dumlupinar,
que los ríos la rueden hacia Levante y por Andalucía se
extienda
como un mantel de tela pobre y cálida,
sobre la mesa de la miseria madre.

Te ruego te quedes con nosotros,
es todo lo que podemos ofrecerte: diecinueve años
perdidos,
peor que perdidos, gastados,
más que gastados, rotos
dentro del alma:
ten
misericordia de mi espuria España.

Nunca oíste mi nombre ni lo has de oír, acaso,
estamos separados por mares, por montañas, por mi
maldito encierro,
voluntario a fuerza de amor,
soy sólo poeta, pero en serio,
sufrí como cualquiera, menos
que muchos que no escriben porque no saben, otros
que no hablan porque no pueden, muertos
de miedo o de hambre
(aquí decimos A falta de pan, buenas son tortas, se cumplió)

pero habla, escribe tú, Nâzim Hikmet,
cuenta por ahí lo que te he dicho, háblanos
del viento del Este y la verdad del día,
aquí entre sombras te suplico, escúchanos.


Continúa García Burillo

Lo que más lo influenció, emocionó y llenó de felicidad de estos viajes fue su visita a Cuba. Había viajado a La Habana a participar en la ceremonia donde se le concedería a Fidel Castro el premio internacional por la paz, entregado por consolidar la paz entre los pueblos”.

La estadía en Cuba fue breve. Es más, debió acortarla porque su corazón no resistía el clima de la isla. Pero no pasó desapercibida: participó en multitudinarios encuentros en la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba), lo entrevistaron en televisión, y el periódico Revolución le dedicó un amplio artículo-entrevista.

En las fotografías se distingue a un hombre sudoroso y cansado, como él mismo reconocía, pero que no quiso morir sin conocer la Revolución cubana, a la que quería dedicar «un poema-reportaje».

En 1961, en ocasión de la visita de Nâzim Hikmet a La Habana, la librería La Tertulia publicó La miel de la esperanza y otros poemas precedidos de un mensaje a los poetas.

La Biblioteca Nacional José Martí de La Habana dispone -tal vez- de la mayor cantidad de títulos de Nâzim Hikmet: 16 obras en francés, inglés, italiano y español. Hasta el año 2012 en la Biblioteca Nacional de Madrid, apenas cinco.


autógrafos

Nâzım Hikmet opinaba sobre el arte:

«Espero y entiendo una sola cosa del arte. El arte debe servir al pueblo, Debe reflejar el dolor, la ira, la esperanza, el goce y las ilusiones del pueblo… Este es mi único punto de vista sobre el arte que no ha cambiado. Los otros puntos de vista están cambiando, han cambiado y cambiarán constantemente…»


Autobiografía

Nací en 1902.
Jamás he vuelto a mi ciudad natal.
No me gusta volver atrás.
A los tres años en Halep, ejercité la profesión de nieto de Pachá,
a los diez y nueve la de estudiante de la Universidad de Moscú,
a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú:
y desde los catorce años escribo poesías.
Hay hombres que conocen mil variedades de hierbas, otros
conocen variedades de peces,

yo, de separaciones.
Hay hombres que saben de memoria el nombre de cada estrella,

yo, el de las nostalgias.

He dormido en las cárceles y en los grandes hoteles.

He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado
incluido el de la huelga de hambre.
A los treinta años han querido ahorcarme,
a los cuarenta y ocho quisieron concederme

la medalla de la Paz
y me la concedieron.
A los treinta y seis, necesité seis meses para recorrer
cuatro metros cuadrados de sombrío hormigón.
A los cincuenta y nueve, en diez y ocho horas volé
desde Praga a La Habana.
En 1951, en un mar, en compañía de un amigo,
anduve sobre la muerte.
En 1952, con un corazón cascado, tendido sobre la espalda,
esperé a la muerte más de cuatro meses.
Fui locamente celoso de las mujeres a las que amé.
No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Charlot.
Engañé a mis mujeres.
Nunca hablé mal detrás de mis amigos.
He bebido, sin llegar nunca a borrachín.
Siempre con el sudor de mi frente
gané mi dinero ¡Qué suerte para mi!
Sentí vergüenza ajena. Mentí.
Mentí por piedad.
Pero nunca dije mentiras porque sí.
He subido en tren, en avión, en coche.
La mayoría no lo consigue.
He ido a la Opera.
La mayoría no consigue ir
a la mezquita, la iglesia, el templo, la sinagoga, a los hechiceros;
ni siquiera ha oído hablar de la Opera.
Sin embargo, desde los 21 años no voy a
muchos de los sitios adonde va la mayoría,
pero suelo hacerme leer el porvenir
en los posos del café.
Mis escritos están impresos en cuarenta idiomas
y prohibidos en mi Turquía, en mi propia lengua.
No tengo aún cáncer,
tampoco es obligación padecerlo.

Nunca seré primer ministro o cosa parecida,
tampoco me gustaría serio.
No fui a la guerra
pero tampoco bajé a los refugios en medio de la noche.
No me arrastré en las carreteras
huyendo de los aviones que vuelan a ras de tierra.
Cerca de los sesenta me enamoré
En pocas palabras, amigos míos
aunque esté hoy en Berlín, muriendo de nostalgia,
puedo afirmar
que he vivido como un hombre.
En el tiempo que me queda por vivir
¿qué podrá ocurrirme aun?
¿Chi lo sa?

Izmir, el sueño de Hikmet

Solo tres años, los últimos de su vida, estuvo casado con Vera, mucho más joven que él.

Nazım Hikmet – Vera Tulyakova

En la primavera moscovita de abril del ’63, en su departamento, había escrito este poema

MI ENTIERRO

¿Mi entierro saldrá de nuestro patio?
¿Cómo vais a bajarme del tercer piso?
El ataúd no cabe en el ascensor
Y las escaleras son demasiado estrechas.

Tal vez el patio esté inundado de sol y haya palomas
Tal vez nieve en medio de los gritos de los niños
Tal vez llueva y esté mojado el asfalto.
Y como siempre los cubos de basura estarán en el patio.

Si como acostumbran aquí me suben al furgón con la cara descubierta
Puede caerme algo de una paloma en la frente: trae suerte.
Venga o no una banda de música, habrá niños a mi lado
Los niños siempre sienten curiosidad por los muertos.

La ventana de nuestra cocina me seguirá con la mirada.
Nuestro balcón me acompañará con la ropa tendida.
No podéis saber lo feliz que he sido en este patio.
Vecinos míos a todos os deseo una larga vida…

Canta Hasan Yükselir – Tahir ile Zühre meselesi / Una historia de amor

Hikmet murió en el 3 de junio de 1963. La noticia de su deceso en Moscú circuló rápidamente.


Este es el poema de Pablo Neruda, «Corona de invierno para Nazim Hikmet», publicado al conocer su muerte:

¿Por qué te has muerto, Nâzim?

Y ahora ¿qué haremos sin tus cantos? ¿Dónde encontraremos la fuente?

¿Dónde estará tu gran sonrisa, esperándonos?
Qué vamos a hacer sin tu postura, sin tu ternura inflexible?
¿Dónde encontrar otros ojos que como los tuyos contengan el fuego y el agua
de la verdad que exige, de la congoja que llora y de la alegría valiente?
Hermano, me enseñaste tantas cosas que si las deshojara
en el amargo viento del mar, a manos llenas,
tal vez se irían y caerían como la nieve allá lejos,
en la tierra que escogiste en la vida, que ahora te acoge
también en la muerte.
Un ramo de crisantemos del invierno de Chile,
la luna fría del mes de junio de los Mares del Sur
y algo más: el combate de los pueblos, del mío,
y el redoble apagado de un tambor de luto en tu patria.
Hermano mío, soldado,

¡qué sola es la tierra para mí desde ahora
sin tu rostro que florecía como un cerezo
de oro,
sin tu amistad que fue pan de mi boca,
agua de mi sed, fuerza para mi sangre!
De tus prisiones que fueron como pozos sombríos,
pozos de la crueldad, del error y del dolor
te vi llegar y aceché en tus manos la huella
del castigo, en tus ojos busqué la espina del odio,
pero lo que traías era tu corazón radiante,
tu corazón herido sólo traía luz.
¿Y ahora?, me pregunto. Déjame ver, pensar,
imaginar el mundo sin la flor que le dabas.
Imaginar la lucha sin que tú me demuestres
la claridad del pueblo y el honor del poeta.
Gracias por lo que fuiste

y por el fuego
que tu canción dejó para siempre encendido.



Después de sus funerales efectuados en la Casa de los Escritores, llegó a manos de su viuda, Vera Tulyakova, una carta de Japón, escrita por un grupo de niños miembros de la Asociación Las Grullas de Papel de Hiroshima. Ellos hicieron grullas de papel cuando supieron la noticia de su fallecimiento. Los niños le decían a Hikmet:

Usted que se acostó para el sueño eterno, ya no podrá escribir más, no podrá poner su voz sobre los más graves problemas.

Usted que se ha acostado para siempre…. Si supiera cuánta fuerza nos dio, a cada uno de nosotros, con el poema que escribió para esa niña y para esos que no son vistos y han tocado las puertas para recoger firmas.

Que no se repita el pasado. Nosotros mientras vivamos vamos a luchar por eso. Vamos a hacer que escuchen nuestra voz. Lo vamos a escribir mientras nuestras manos puedan sujetar un lápiz. Vamos a hacer grullas de papel que lleven un mensaje de bondad y felicidad.

Señor Nâzım Hikmet, su sed de paz no ha sido en vano. Las innumerables víctimas de Hiroshima y Nagasaki no perdieron sus vidas en vano.

Nosotros, todos los niños de Hiroshima, inclinamos nuestras cabezas con respeto y agradecimiento en su memoria y dejamos miles de grullas en su funeral, miles de pájaros que llevarán la libertad y la paz eternas al mundo.


Las paredes hablan

Nazim Hikmet fue rehabilitado en 2009, cuarenta y seis años después de su muerte, por decisión del partido en el poder, el AKP, y tras una intensa campaña de artistas e intelectuales turcos, entre ellos el Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk.

Centro Cultural Nazim Hikmet en Bursa

En Bursa, la ciudad donde estuvo preso tantos años, un centro cultural lleva su nombre, así como en otras ciudades de Turquía. Sus textos fueron traducidos a 50 idiomas.

estampilla 2016

En 2016, meses antes del intento de golpe en Turquía que derivó en una masiva purga de profesores de las escuelas y universidades, y decenas de miles de presos políticos, apareció una estampilla de correos, con la imagen del poeta, a 114 años de su natalicio.



Obras de Nâzim Hikmet publicadas en castellano

Duro oficio el exilio (prólogo, versión española y notas de Alfredo Varela), Lautaro, Buenos Aires, 1959 (reeditado en La Habana en 1975 y en Barcelona, en 1976, por José Batlló).

La miel de la esperanza y otros poemas precedidos de un mensaje a los poetas (traducción de Leonilde Bernasconi), col. Laura, La Habana, 1961.

Leyenda de amor (pieza en tres actos y cinco cuadros), Ariadna, Buenos Aires, 1964.

La vida es linda, hermano, Futuro, Buenos Aires, 1965

Antología (selección, traducción y prólogo de Solimam Salom), Visor, Madrid, 1970.

Antología poética, Quetzal, Buenos Aires, 1974.

Poemas (traducción de Alfredo Varela), Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1978.

La nube enamorada (ilustraciones de Malok, traducción de Fernando García Burillo), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 1989.

Selime, hijo de Chabane y su libro, Veracruz, Instituto Veracruzano de Cultura(Cuadernos del Baluarte), 1995

Últimos poemas I. 1959-1960-1961 (ilustraciones de Pablo Picasso, traducción y presentación de Fernando García Burillo), Ediciones de Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 2000.


El material que publica la revista web www.purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis pertenece al Colectivo Editorial Crisis Asociación Civil. Los contenidos pueden reproducirse, sin edición ni modificación, y citando la fuente.

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