HASTA CARITAS BRASIL DICE ‘FUERA BOLSONARO’

Las Pastorales Sociales del campo, organizaciones ligadas a la Iglesia Católica, emitieron este jueves 23/04 un documento de solidaridad con los 3000 muertos producto de COVID-19, y en defensa del aislamiento social.

Este es el documento completo y urgente de esta hora, en Brasil (ver original en https://deolhonosruralistas.com.br/2020/04/23/pastorais-do-campo-falam-em-genocidio-e-pedem-afastamento-urgente-de-bolsonaro/):


EN DEFENSA DE LA VIDA Y DE LA CONSTRUCCIÓN PERMANENTE DE ESPERANZA, EN TIEMPOS DE COVID-19

En nuestra avidez de lucro, nos dejamos absorber por las cosas y nos transformamos en su presa (…) Avanzamos, sin miedo, pensando que íbamos a continuar siempre sanos en un mundo enfermo”

Papa Francisco


Las Pastorales Sociales del Campo manifiestan su profunda solidaridad, oración y sintonía con las familias de las víctimas y de los amenazados por la pandemia de Covid-19, y con aquellas y aquellos que los cuidan, sea por profesión o por amor. Estamos a los pies de la cruz, como el Papa Francisco, pidiendo perdón por las vidas descartadas en nombre de una política neoliberal, de un Estado mínimo, del mercado absoluto y el lucro total, que se muestra incapaz de una respuesta adecuada al extremo desafío de la hora. Con los medios disponibles, estamos también en aislamiento social, necesario para combatir el avance de la enfermedad, atentos y movilizados en pos de cambios reales tanto en el modelo político-económico, como en las medidas que se toman en la Salud Pública, y en el cuidado del medio ambiente.

Lo que estamos enfrentando no es una crisis pasajera, sino el síntoma de que el actual modelo civilizatorio no tiene condiciones para proseguir, a expensas de un creciente sufrimiento y muerte, para que una pequeña minoría cada vez más pequeña -de personas y países-, concentre el acceso a los bienes naturales, a la renta y a la riqueza socialmente producidas. La privatización y la mercantilización de los territorios campesinos, de los pueblos originarios y demás pueblos y comunidades tradicionales, comprometen la vida de esas poblaciones, sus modos de vida sustentables, y de los ecosistemas y biodiversidad que contienen, pero también la cantidad y calidad de comida del pueblo brasileño, del agua, del aire, del clima, de la salud pública, y en muchas ocasiones, provocan una migración forzada, una desterritorialización sin precedentes: llevan a esa población al trabajo esclavo y asesinan a sus líderes.

Por fidelidad a Cristo crucificado y en la esperanza de la resurrección, con El caminamos al lado de esta gente del campo, la de las aguas y los bosques -pueblos originarios, en territorios comunitarios ‘quilombolas’, campesinos y campesinas sin tierra, agricultores y agricultoras familiares, pescadores y pescadoras, migrantes, jóvenes rurales y una inmensa diversidad de comunidades en zonas agroextractivistas, que luchan por la justicia, los derechos y por otra civilización: más humana, social y ambientalmente equilibrada y de hecho, sustentable.

La pandemia estalló en un gravísimo momento político-institucional para nuestro país, lo que no solo dificulta hacer frente a esa crisis, sino que pone en riesgo nuestra frágil democracia. Atacar, sea con palabras o actitudes el aislamiento social en nombre de la economía, con el lema de proteger el empleo y la rentabilidad y polarizar la sociedad como hace el gobierno Bolsonaro, es sembrar el caos para cosechar una alianza aún mayor del régimen al servicio de los millonarios de las finanzas.

Las medidas contradictorias del gobierno frente a la pandemia y el apoyo del presidente Bolsonaro a manifestaciones criminales que atentan contra la Constitución y la democracia, son pruebas cabales de su incapacidad y de la urgencia de que renuncie, antes de que sea tarde, antes de que otras decisiones genocidas nos inviabilicen definitivamente, supriman más derechos de las clases populares y la propia soberanía nacional.

La Enmienda Constitucional 95/2016, que impuso un techo al gasto público, debe ser revisada y cancelada. La crisis sanitaria que vivimos revela el absurdo de esta alteración de la Ley de Leyes, porque limita por 20 años la inversión estatal en políticas sociales de interés para la mayoría del pueblo, y favorece el comando del capital financiero. En este momento precisamos más de la presencia del Estado que de su ausencia, o de su acción limitada, dubitativa y sesgada.

El gobierno Bolsonaro implementó una quita autoritaria de los derechos sociales y laborales, y pisoteó los derechos de los pueblos campesinos y de las comunidades tradicionales, alimentando un clima de inseguridad y violencia. En 2019 hubo una paralización total de los procesos de reforma agraria y de regularización de tierras indígenas y de territorios tradicionales, con la extinción, desfinanciación, paralización e instrumentalización política de órganos como el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA), la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA), el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (IBAMA), como asimismo de órganos de fiscalización y control agrícola, ambiental y laboral. Otras medidas también tienen el mismo tenor autoritario, como la expansión del uso y portación de armas de fuego en el campo; la legalización del uso de centenas de agrotóxicos prohibidos en varios países; la quita de beneficios a las comunidades pesqueras, de las y los migrantes, de las poblaciones en situación de calle, de las y los sin techo y de las presas y presos, imponiendo una situación de tragedia humana, ecológica y social inédita.

Las consecuencias se hicieron sentir en el aumento de la conflictividad y de la violencia en el campo, tal como lo señaló el Informe anual de CPT (Conflicto en el Campo de Brasil, 2019) lanzado el 17 de abril pasado, en coincidencia con el Día Internacional de la Lucha Campesina, que recuerda la masacre de Eldorado dos Carajas, en 1996.

Hubo 1833 conflictos en total, un 23% más que en 2018, y fueron asesinadas 32 personas. Por tierras, hubo 1254 conflictos, el mayor número histórico, una media de 3,4 conflictos por día, involucrando a 145 mil familias, y 53 millones de hectáreas. Un cuadro que agrava la desigualdad social, y un factor aun más fatal para la pandemia.

Tenemos por seguro que este cuadro va a empeorar. El gobierno envió al Congreso Nacional la Medida Provisoria 910/19, que concibe una nueva regularización territorial en Brasil, la cual elimina la reforma agraria y la posesión de los territorios de los pueblos originarios y otros pueblos y comunidades tradicionales, para favorecer el acaparamiento de tierras, la deforestación y los emprendimientos predatorios. La MP 910/19 permite, entre otras, la legalización de las ocupaciones ilegales por parte del agronegocio y sus agentes, la liquidación de Terras Públicas da Uniao (tierras fiscales) a precios irrisorios, la compra de tierras por parte del capital extranjero, la explotación especulativa de bosques en el mercado de compensaciones financieras, la invasión y devastación de Tierras Indígenas y territorios tradicionales.

Las Pastorales Sociales del Campo se oponen completamente a la aprobación de la MP 910/19 y convocan a todas las organizaciones, entidades y movimientos sociales, y al conjunto de la sociedad civil a sumarse a esta lucha en defensa de nuestro país y de la vida toda. Al Congreso Nacional no le queda otra salida que rechazar terminantemente esta MP. No tiene relevancia política, económica o social aprobar una medida que aumentará las desigualdades, las violencia, la miseria y las catástrofes ambientales de nuestro país.

Es urgente reinventar y probar que podemos vivir de otras maneras, de ser felices sin el capitalismo, como nos alertó Joao Peres en su texto “Descoronizar o mundo, descolonizar o imaginario”.


¡Cuando podamos volver a las calles, estaremos nuevamente juntos y aún más convencidos y fuertes, con la bendición de Dios, en la reconstrucción de otro mundo posible y urgente!

Desde donde estamos, en recogimiento activo, haciendo memoria de las luchas emblemáticas de Corumbiara, Eldorado dos Carajás, Kaiowá-Guarani, Guajajara y Alcantara, pensando, orando, cantando y con la esperanza y el sueño y la necesidad real del Buen Vivir, de compartir la Casa Común, del reconocimiento y respeto a los derechos de la naturaleza, proclamamos que este momento es del de quedarse en casa / en la aldea, cultivando, en cada familia, comunidad y territorio, en base a nuestros saberes ancestrales, los valores de fraternidad y solidaridad con los que más necesitan, en defensa de la vida, como medidas de resistencia activa contra la política de la muerte.


Brasil, 23 de abril de 2020.

Cáritas Brasileira
Comissão Pastoral da Terra – CPT
Conselho Indigenista Missionário – Cimi
Conselho Pastoral de Pescadores – CPP
Pastoral da Juventude Rural – PJR
Serviço Pastoral dos Migrantes – SPM

2 comentarios

  1. Gabriel Eterovich 29 abril, 2020 at 00:01 Responder

    Excelente… triste… las verdades dolientes… las venas siguen abiertas o… estan mas abiertas que nunca (parafraseando a Galeano) en nuestra querida America Latina… n simpler y humilde grito mas: FORA BOLSONARO!!!

    • PuroChamuyo 2 mayo, 2020 at 17:23 Responder

      Gracias por tu lectura Gabriel. Gran preocupación mundial por los negadores (de todo) y los negacionistas (de todo). Trabajamos desde la revista para ayudar a construir pensamiento crítico y eliminar las fake news que opacan el debate serio.

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