UNA CRÓNICA ITALIANA DEL CORONAVIRUS

* Escribe Franco 'Bifo' Berardi, desde Bologna

CRÓNICA DE LA PSICO-DEFLACIÓN

...O cuando lo imprevisto transforma lo que la voluntad no ha sabido transformar. Pero...ahora de lo que se trata es de reactivar la energía renovable de la imaginación.

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You are the crown of creation

And you've got no place to go

(Yefferson Airplane)

“La palabra es un virus. Tal vez el virus de la influenza en alguna época era una célula sana. Pero ahora es un organismo parásito que invade y daña el sistema nervioso central. El hombre moderno no sabe, ya, qué es el silencio. Intenta interrumpir el discurso sub-vocal. Prueba diez segundos de silencio interior. Encontrarás un organismo resistente que te impone hablar. Ese organismo es la palabra”

(William Burroughs: The ticket that exploded)

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21 de febrero

Regresando de Lisboa, en el aeropuerto de Bologna, una escena inesperada. En la entrada hay dos humanos completamente cubiertos con un traje blanco, un yelmo luminiscente y un extraño arnés entre las manos. El arnés es una pistola-termómetro de altísima precisión que envía una haz de luz violeta.

Se acercan a cada pasajero, lo frenan, le apuntan con la luz violeta en la frente, le controlan la temperatura y luego lo dejan seguir.

Un presentimiento: ¿estamos encaminándonos hacia un nuevo estadío del proceso de mutación tecno-sicótica?


28 de febrero

Desde que volví de Lisboa no consigo hacer otra cosa: compré una veintena de telas de tamaño pequeño, y las pinto al óleo de diferentes colores, les pego recortes fotográficos, con crayon, con lápiz. No soy pintor, pero cuando me pongo nervioso, cuando siento que está pasando algo que pone mi organismo en una vibración dolorosa, para relajarme me dedico a pintarrajear.

La ciudad está en silencio. Parece pleno verano. Las escuelas cerradas, los cines también. No hay estudiantes dando vueltas. Los turistas ni por asomo. Las agencias de viaje dan de baja regiones enteras del mapa. Las recientes convulsiones del cuerpo planetario parecieran estar provocando un colapso que impulsa al organismo a frenar,a ralentar los movimientos, a huir de los lugares abarrotados y del frenesí del mundo comercial cotidiano.

Pregunto ¿y si esta fuera la vía de salida que no lográbamos encontrar y se presenta bajo la forma de una epidemia psíquica, de un virus lingüístico generado por un bio-virus?

El cuerpo colectivo ha llegado a un grado de irritación extremo, y la enfermedad se manifiesta modestamente letal. Letal casi solamente para los mayores de 70 que ya sufren de algunas patologías. Para las personas jóvenes es solo una influenza fastidiosa. Lo que provoca pánico es que el virus escapa a nuestros saberes: no lo conoce la medicina, ni lo conoce el sistema inmunitario.

Y lo desconocido frena la maquinaria. Un virus semiótico en la psicosfera bloquea el funcionamiento abstracto de la economía, porque le sustrae los cuerpos. ¿Quieres ver que es así?


2 de marzo

Un virus semiótico en la psicosfera bloquea el funcionamiento abstracto de la máquina porque los cuerpos disminuyen sus movimientos, renuncian finalmente a la acción, interrumpen la pretensión de gobernar el mundo y dejan que el tiempo retome el flujo en el cual nadamos pasivamente...nadamos siguiendo la técnica de nado que se llama ‘hacerse el muerto’. Deja de engullirse una cosa tras otra, y se ha disuelto aquel deseo de mantener unido aquello que mantenía al mundo unido. No hay pánico. No hay miedo: hay silencio. Rebelarse se ha revelado inútil.

¿Entonces? Entonces paremos, frenemos.

¿Cuánto tiempo durará el efecto de esta fijación psicótica que ha tomado por nombre coronavirus? Dicen que la primavera liquidará al virus, pero que también podría exacerbarlo. No sabemos nada. ¿Cómo podríamos saber qué temperatura prefiere? Importa poco cuán mortal sea la enfermedad, parece que no lo es en gran escala, y esperamos que pronto desaparezca.

Pero el efecto del virus no es tanto el número de personas que debilita o el pequeño número de personas que mata. El efecto del virus está en la parálisis relacional que disemina. Hace tiempo que la economía mundial ha tocado su curva expansiva, pero no terminábamos de aceptar la idea del estancamiento como un nuevo régimen de larga duración. Y ahora el virus semiótico nos está ayudando a la transmisión, camino a la inmovilidad. ¿Quieres verlo?

3 de marzo

¿Cómo reacciona el organismo colectivo, el cuerpo planetario,la mente hiperconectada sobre-expuesta durante tres decenios a la tensión ininterrumpida de la competencia y de la estimulación nerviosa, a la guerra por la supervivencia, a la soledad urbana y a la tristeza, incapaz de liberarse del aturdimiento que roba la vida y la transforma en un estrés permanente, como un drogado que nunca logra capturar la heroína que le danza delante de sus ojos, sometido a la humillación de la desigualdad y de la impotencia?

En el segundo semestre de 2019 el cuerpo planetario había entrado en convulsión. De Santiago de Chile a Barcelona, de París a Hong Kong, de Quito a Beirut, masas de jóvenes se volcaron a las calles, de a millones, rabiosamente. La revuelta no tenía objetivos precisos, más bien diría que tenía objetivos contradictorios. El cuerpo planetario tuvo espasmos que la mente no sabía guiar. La fiebre creció hasta fines de 2019.

Y ahí Trump asesina a Soleimani, para júbilo de su pueblo. Millones de iraníes desesperados saliendo a las plazas, llorando, prometiendo una venganza descomunal. Pero no pasa nada: bombardean el patio de al lado. Y en el pánico, derriban un avión civil. Y así, Trump gana. Gana todo. Gana la aprobación de los suyos: los norteamericanos se excitan cuando ven sangre, los asesinos siempre fueron sus favoritos. Mientras tanto, los demócratas comienzan con las primarias en un estado tal de división que solo un milagro podría llevar a que sea nominado el viejito bueno de Bernie Sanders, la única esperanza de una victoria improbable.

Tenemos entonces el nazismo de Trump y miseria para todos, y sobre-estimulación creciente del sistema nervioso planetario. ¿Esta es la moraleja de la fábula? Pero, oh sorpresa, se revierte. Emerge lo imprevisto que frustra cualquier discurso sobre lo inevitable. Lo imprevisto que estábamos esperando: la implosión. El organismo sobre-excitado del género humano, tras decenios de aceleración y frenesí, tras algunos meses de convulsión y gritos sin perspectiva, encerrado en un túnel lleno de rabia, de ruido y de humo, finalmente es golpeado por el colapso: se esparce el gerontocidio que liquida a los de más de ochenta, pero bloquea pieza por pieza la máquina global de la excitación, del frenesí, del crecimiento, de la economía…

El capitalismo es axiomático, o sea, funciona sobre la base de una promesa no probada: la necesidad del crecimiento ilimitado que hace posible la acumulación del capital.

Todas las concatenaciones lógicas y económicas son coherentes con ese axioma y no se puede concebir ni intentar nada fuera de ese axioma. No hay una vía política para salir del axioma del capital; no hay un lenguaje capaz de hablar lo exterior al lenguaje, no hay ninguna posibilidad de destruir el sistema porque cada proceso lingüístico se desenvuelve al interior de ese axioma que no permite enunciados eficaces extra-sistémicos. La única salida es la muerte, como aprendimos de Baudrillard. Solo después de la muerte se podrá comenzar a vivir. Después de la muerte del sistema los organismos extra-sistémicos podrán comenzar a vivir. Siempre y cuando sobrevivan, naturalmente, y de esto no hay certeza.

La recesión económica que asoma podrá matarnos, podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de racismo y de guerra. Es bueno saberlo. No estamos preparados para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, ni estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo.

4 de marzo

¿Será esta la ocasión?  No sabíamos cómo liberarnos del pulpo, ni como salir del cadáver del capital; vivir en ese cadáver infectaba la existencia de todo, pero este shock anticipa la deflación psíquica definitiva. En el cadáver del capital estábamos constreñidos a la sobre-estimulación, a la aceleración permanente, a la competencia generalizada, a la sobre-explotación con salarios decrecientes. Pero el virus desinfla la burbuja de la aceleración.

En verdad, hace tiempo que el capitalismo se encontraba en un estancamiento irremediable; pero seguía aguijoneando a los animales de carga que somos, para imponernos que continuáramos corriendo, incluso con un crecimiento que resultaba un milagro triste e imposible.

La revolución ya no podía pensarse, porque la subjetividad está confundida, deprimida, convulsionada, y el cerebro político no tiene una salida de la realidad. Y se aparece a una revolución sin subjetividad, puramente implosiva. Una revolución de la pasividad, de la resignación. ¡Resignémonos! De repente, esto parece un eslogan ultra-subversivo. O sea: basta de la agitación inútil que debería producir mejoras y en cambio solo produce un empeoramiento de la calidad de vida. Literalmente: no se puede hacer nada. Y entonces...no lo hagamos.

Es difícil que el organismo colectivo resurja de este shock sicótico-viral, y que la economía capitalista reducida irremeidablemente al estancamiento retome su camino glorioso. Podríamos hundirnos en el infierno de un encierro tecno-militar del cual solo Amazon y el Pentagono tienen las llaves. O bien podemos olvidar el débito, el crédito, el dinero y la acumulación.

Lo que la voluntad política no logró concretar podría lograrlo la potencia mutante del virus. Pero esta salida imprevista hay que prepararla imaginando lo posible, ahora que lo imprevisto ha tajeado el lienzo de ‘lo inevitable’.

5 de marzo

Aparecen las primeras señales de desaceleración del sistema de acciones y de la economía. Los expertos en cuestiones económicas observan que esta vez, a diferencia de 2008, no servirán de mucho las intervenciones que hagan los bancos centrales y los otros organismos financieros.

Por primera ver la crisis no proviene de factores financieros, y ni siquiera de factores estrictamente económicos, del famoso juego de la oferta y la demanda. La crisis proviene del cuerpo.

El cuerpo decidió bajar el ritmo, bajar. La desmovilización general por el coronavirus es un síntoma del estancamiento, incluso antes de convertirse en la causa.

Cuando digo cuerpo me refiero de forma completa a la función biológica, al cuerpo físico que se enferma, si bien de una forma un poco leve; y me refiero también y sobre todo a la mente, que por razones que no tienen nada que ver con el razonamiento, con la crítica, con la voluntad, con la decisión política, ha entrado en una fase de pasividad profunda. La mente, cansada de elaborar señales demasiado complejas, deprimida después de la excesiva sobre-excitación, humillada por la impotencia de sus decisiones frente a la omnipotencia del autómata tecno-financiero...la mente ha bajado la tensión. No porque lo había decidido: la caída repentina de la tensión decide que así sea, para todos. Es la psico-deflación.


6 de marzo

Naturalmente, se puede sostener exactamente lo contrario de lo que he dicho: el neoliberalismo, en su matrimonio con el etno-nazionalismo debe efectuar un salto en el proceso de abstracción total de la vida. Y entonces aparece el virus, que mete a todo al mundo en su casa, pero no bloquea la circulación de las mercancías. Estamos, bajo el látigo de una forma tecno-totalitaria en la cual los cuerpos estarán controlados, distribuidos, teledirigidos.

En el Internazionale apareció un artículo del joven filósofo croata Srecko Horvat, quien dice:

“El coronavirus no es una amenaza para la economía neoliberal, sino que crea el ambiente perfecto para esa ideología. Pero desde el punto de vista político el virus es un peligro porque una crisis sanitaria podría favorecer el objetivo etno-nazionalista de fronteras reforzadas y de la exclusividad racial, e interrumpir el la libre circulación de las personas -en particular las que llegan de países en vías de desarrollo-, pero eso sin frenar la circulación descontrolada de mercancías y capital.

El temor de una pandemia es más peligroso que el mismísimo virus. Las imágenes apocalípticas de los medios de información esconden una relación profunda entre la extrema derecha y la economía capitalista. Como un virus precisa de una célula viva para reproducirse, también el capitalismo se adaptará a la nueva biopolítica del siglo veintiuno.

El nuevo coronavirus ya influyó en la economía global, pero no frenará la circulación y la acumulación del capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que dependerá de un mayor control y una mayor purificación de la población”.

Por cierto, la hipótesis que formula Horvat es realista.

Pero creo que esta hipótesis más realista no es realista, porque infravalora la dimensión subjetiva del colapso, y los efecto de largo plazo de la deflación psíquica sobre el estancamiento económico.

El capitalismo ha podido sobrevivir al colapso financiero de 2008 porque las condiciones de ese colapso eran totalmente internas a la dimensión abstracta de la relación entre lenguaje, finanzas y economía. Pero no podrá sobrevivir al colapso de la epidemia porque aquí entra en juego un factor extra-sistémico.

7 de marzo

Me escribe Alex mi amigo matemático: “todos los recursos de supercálculo están volcados para encontrar el antídoto al corona. Anoche soñé con la batalla final entre los biovirus y los virus simulados. En todos los casos el humano quedaba afuera, me parece”.

La red de cálculo global está buscando la fórmula capaz de contraponer el info-virus al biovirus. Se debe decodificar, simular matemáticamente, construir técnicamente el corona-killer, para luego desparramarlo.

En tanto, la energía se retira del cuerpo social, y la política muestra su impotencia constituyente. La política siempre es el lugar del no poder, porque la voluntad no tiene control sobre el info-virus.

El biovirus prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global.

Los pulmones son el punto más débil, parece. Las enfermedades respiratorias se expanden anualmente en grandes proporciones mientras en la atmósfera flotan sustancias irrespirables. No obstante, el colpaso sucede cuando el biovirus se encuentra con el sistema de medios, se entrelaza con la red semiótica, y ha transferido su poder debilitante al sistema nervioso, al cerebro colectivo, obligado a ralentar sus ritmos.

8 de marzo

Esa noche el presidente del Consejo, Giuseppe Conte, comunica la decisión de meter en cuarentena a un cuarto de la población italiana. Piacenza, Parma, Reggio y Módena están en cuarentena. Bolonia no. Por el momento.

En estos días hablé con Fabio, con Lucía, y decidimos vernos esta noche para cenar. Lo hacemos de tanto en tanto, en un restaurante o en la casa de Fabio. Son cenas un poco tristonas, aunque no lo digamos. Porque los tres sabemos que se trata de un residuo artificial de lo que antes sucedía de manera absolutamente natural varias veces a la semana, cuando nos encontrábamos en casa de mamá.

Ese hábito de vernos para almorzar (o muy raramente para cenar) en lo de mamá nos quedó a pesar de todos los sucesos, desplazamientos y cambios: quedó así después de la muerte de papá. Nos veíamos en lo de mamá para almorzar todas las veces que podíamos.

Y cuando mi madre ya no estaba en condiciones de poder preparar el almuerzo, esa costubre se terminó. Y al poco tiempo, cambió también la relación entre nosotros tres. Hasta entonces, todos mayores de 60 años, seguíamos viéndonos casi todos los días de forma totalmente natural, y hasta seguimos ocupando los mismo lugares en la mesa que ocupábamos cuando teníamos 10 años. La mesa era el lugar de los mismos rituales. Mamá se sentaba cerca de la cocina porque eso le permitía seguir ocupándose de lo que cocinaba mientras se comía. Lucía y yo hablábamos de política, más o menos como 50 años atrás, cuando ella era maoísta y yo operaísta.

Esta costumbre terminó cuando mamá entró en su larga agonía. Desde entonces armamos una cena, a veces en un restaurante asiático y otras en lo de Fabio, en el séptimo piso de un edificio popular desde cuya ventana se ve el césped que bordea el río, de lejos la colina de San Lucas y a la izquierda la ciudad.

Y...unos días atrás habíamos dicho de vernos esta noche para cenar: yo llevaba el queso y el helado; Cristina, la mujer de Fabio preparaba las lasagnas.

Pero esta mañana cambió todo. Por primera vez me doy cuenta de que el coronavirus entró en nuestra vida, no como un tema de reflexión filosófica, política, mediático o psicoanalítica, sino como un peligro personal.

Primero la llamada de Tania, la hija de mi hermana Lucia que desde hace un tiempo vive en Sasso Marconi. Tania me llamó para decirme que se había enterado que íbamos a cenar los tres hermanos. “No lo hagas -de dijo-, yo estoy en cuarentena porque una de mis alumnas de yoga es médica en el hospital y unos días atrás dio positivo en el test. Tengo un poco de bronquitis y ahora decidieron hacerme el test a mí también, y mientras tanto hasta que no esté el resultaod no puedo moverme de casa”. Le respondí con escepticismo, pero mi sobrina fue implacable, y dijo algo que no había pensado hasta ese momento. Que la tasa de transmisión de la influenza común es de 0,21 y que la del coronavirus es de 0,80. O sea: en el caso de una gripe normal hace falta encontrarse con 500 personas para contagiarse el virus, y en el caso del coronavirus basta con encontrarse con 120. Interesting.

Además, parecía tener muchísima información porque cuando fue a hacerse el test habló con los que están realmente en la primera línea del frente de contagio, y que la edad media de los muertos es de 81 años.

Yo esto no lo sabía, ahora lo sé. El coronavirus mata a los viejos, y en particular mata a los viejos diabéticos (como mi hermano) y asmáticos (como yo).

En su última aparición, Giuseppe Conte, que me parece un tipo correcto, un presidente que parece que está ahí por casualidad y que tiene poco que ver con ‘la política’, dijo: “pensamos en la salud de nuestros abuelos”. Conmovedor, ya que me encuentro en el rol de los abuelitos que hay que proteger.

Una vez que dejé la postura del escéptico, le dije a Tania que le agradecía y que iba a seguir sus recomendaciones, y la llamé a mi hermana, y decidimos quedarnos cada uno en su casa y no hacer la cena prevista.

Me di cuenta de estar inmerso en un doble entramado batesosiano. Si no llamaba para cancelar la cena me exponía a ser un infectador físico, el portador de un virus que podía matar a mi hermano. Si llamo y cancelamos la cena me coloco en la condición de ser un infectador psíquico, es decir, de difundir el virus del miedo, el virus del aislamiento.

¿Y si esto llegó para quedarse y durara mucho tiempo?

9 de marzo

El problema más grave es la sobrecarga a la que está expuesto el sistema sanitario: las unidades de terapia intensiva están al límite del colapso. Está el peligro de no poder curar a todos lo que tienen la necesidad de una intervención urgente; se habla de la posibilidad de que tengan que elegir entre pacientes que pueden ser curados y los que no.

En los últimos decenios se recortaron 37 mil millones de euros para el sistema de salud pública. Las unidades de terapia intesiva fueron reducidas y la cantidad de méidcos generalistas se redujo drásticamente.

Según el sitio www.quotidianosanita.it:

"En 2007 el Servicio de salud Pública contaba con 334 Unidades de emergencia-Urgencia, y 530 de Primeros auxilios. 10 años después el cambio es brutal: eliminaron 49 Unidades de emergencia (un 14% menos) y 116 de Primeros auxilios (un 22% menos). Pero el recorte más evidente se verifica en las ambulancias, tanto las del Tipo A (emergencias) como en las del Tipo B (transporte sanitario). De las primeras hay un 4% menos, pero de las Tipo B hay un 52% menos. Hay que subrayar que las ambulancias con médico a bordo, en 2007, representaban el 22% del total, y en 2017 solo el 14,7%. También se recortaron un 37% las Unidades Móviles de Reanimación (eran 329 y en 2017 quedaron 205). El ajuste también impactó en las pequeñas clínicas acreditadas que tienen una estructura mucho menor y menos ambulancias respecto de los hospitales públicos”.

“De los datos emerge que se produjo una progresiva desaparición de la cantidad camas disponibles en los hospitales públicos, mayor que la que se verifica en la salud privada: había 32.717 puestos en total en los hospitales en 2010 y en 2017 quedaron 28.832 (-16,2%) mientras que entre los privados desaparecieron 4.335 camas disponibles (-6,3%)".

10 de marzo

“Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín”

Esto es lo que está escrito en decenas de cajas que contienen los barbijos que llegan de China. Los barbijos que Europa ha rechazado.

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11 de marzo

Este año no fue a via Mascarella, como hago cada 11 de marzo para encontrarnos frente a la lápida que recuerda la muerte de Francesco Lorusso, y que alguno dijera unas palabras, depositar una corona de flores o tal vez una bandera de Lotta continua que alguno guardó en un baúl, abrazarnos y besarnos, sentirnos juntos.

Creí que no debía ir porque no podría escuchar ni decirle a alguno de mis viejos camaradas que no podemos abrazarnos.

De Wuhan nos llegan imágenes de personas que celebran, todos rigurosamente con el barbijo verde. El último paciente infectado con coronavirus fue dado de alta de los hospitales construidos a toda velocidad para contener la afluencia de gente.

En el hospital de Huoshenshan, el primero que visitó Xi Jinping, elogió a los médicos y enfermeros, definiéndolos como “los ángeles más hermosos” y “los mensajeros de la luz y la esperanza”. Los trabajadores de la salud en primera línea han acometido las misiones más arduas, dijo Xi, definiéndolos como “las personas más admirables de la nueva era, que merecen los más altos elogios”.

Hemos entrado oficialmente en la era de la biopolítica, en la cual los presidentes son incapaces de todo, y solo los médicos pueden algo, aunque no todo.

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12 de marzo

Italia entera entra en cuarentena. El virus corre más rápido que las medidas para contenerlo.

Yo y Billi nos ponemos el barbijo y nos vamos a amdar en bicicleta. Solo pueden abrir sus puertas los mercados de alimentos y las farmacias. Y también los kioscos. Compramos los diarios. ¡Ah, y también las tabaquerías! Compro papel para armarme mis cigarros, pero el hashish escasea en la cajita de madera que tengo, y pronto estaré sin droga, y en piazza Verdi no está ninguno de los muchachos africanos que le venden a los estudiantes.

Trump acaba de usar la expresión “foreign virus”, virus extanjero. Todos los virus, por definición, son extranjeros, pero es obvio que el Presidente de EE.UU. No leyó a William Burroughs.

13 de marzo

En Facebook hay un pibe que posteó en mi perfil la frase: “entonces, Bifo, han abolido el trabajo”.

En realidad el trabajo sólo fue abolido para unos pocos. Los obreros de las industrias están en rebelión porque deben ir a las fábricas como siempre, sin protección de ningún tipo, a medio metros de distancia uno del otro.

El colapso. Luego la larga vacación...nadie puede decir cómo saldremos.

Podremos salir, como predijo alguno, en condiciones de un perfecto estado tecno-totalitario. En el libro Black Earth, Timothy Snyder explica que es en las situaciones de emergencia extrema en las cuales la supervivencia de todos está en juego.

El HIV-Sida creó las condiciones para un alejamiento del contacto físico, y para lanzar las plataformas de comunicación sin contacto: Internet fue preparado en la mutación psíquica denominada SIDA.

Desde ahí podemos pasarnos divinamente en condiciones de aislamiento permanente de otros individuos, y la nueva generación podrá interiorizar el terror al cuerpo de los otros.

Pero, ¿qué es el terror?

El terror es una condición en la que el imaginario domina completamente la imaginación. El imaginario es la energía fósil de la mente colectiva, las imágenes que la experiencia nos ha ido depositando, limitaciones de lo imaginable.

La imaginación es la energía renovable y sin prejuicio. No utopía, sino recombinación de los posibles.

Hay una brecha en el tiempo que está llegando: podremos salir imaginando una posibilidad que hasta ahora nos parecía impensable: redistribución de la renta, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma de crecimiento ascendente permanente, invertir las energías sociales en la investigación, la educación, la salud.

No podemos saber como saldremos de la pandemia, las condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, con los recortes a la salud pública, y la sobre explotación nerviosa.

Tal vez salgamos de esta definitivamente solos, agresivos, competitivos.

Pero también podremos salir con un gran deseo de abrazarnos: sociabilidad solidaria, contacto, igualdad.

El virus es la condición para un salto mental que ninguna hipótesis política podría haber producido. La paridad está en el centro de la escena.

Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que está por venir.<><>

  • Franco 'Bifo' Berardi - filósofo italiano

1 comentario

  1. Pedro Cazes Caamarero 19 marzo, 2020 at 12:24 Responder

    Algo bueno tiene la peste
    Pedro Cazes Camarero, 16 de marzo de 2020
    Algo bueno tiene la peste, y es que es democrática. Más que democrática, visita preferentemente a los viajeros que frecuentan China, Milán y París, o sea que se ensaña más bien con los adinerados que con la gente de a pie. Será por eso que los neoliberales no vacilan en aplicar el rigor del Estado para yugular la epidemia. Como observa Miguel Benasayag, los mismos que consideran las jubilaciones dignas y el control ecológico como dispendios insensatos, en esta ocasión no trepidan ante el gasto.
    Como nuestra cultura carece de la disciplina confuciana que prevalece victoriosa en oriente, últimamente el Estado se está deslizando hacia un franco Estado de Excepción, manotazo desesperado en las calles de Madrid y los caminos franceses, que desde aquí al sur contemplamos con estupor.
    La especulación virtual maneja veinte veces la cantidad de dinero equivalente al producto bruto mundial, así que era cuestión de tiempo para que cualquier disparador hiciera saltar por el aire el festival fantasmático de las finanzas. La crisis del comercio chino- americano y el dumping saudí en el mercado del petróleo están ligados a riquezas reales, y no se ven influidos realmente por las travesuras del virus. Pero las transacciones especulativas en tiempo real se realizan con humo, y poseen una escala enorme, similar a las sombras proyectadas en el atardecer. Ya se sabe que luego del atardecer viene la noche.
    Así que cuando brillen las estrellas y la marea de la peste se retire, mientras lamemos nuestras heridas y contamos nuestras bajas, desde el Estado, pasado el pánico, nos interpelarán acerca de la eficacia demostrada por el régimen de excepción y la conveniencia de mantenerlo para domeñar la lucha política de clases.
    Allí nos tocará recordarles que los coronavirus se forjan entre el pus y la mugre de los criaderos de cerdos y de aves de corral, y en los laboratorios bioquímicos secretos de las potencias. Pero que no hay estado de excepción que pueda disciplinar al General Intellect que pulula y borbotea en el común.

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