TAKI ONGOY, OTRA VEZ LA CANCIÓN URGENTE

escribe Sebastián Pozzi Azzaro


Veinticinco años patria: un aniversario de la edición en CD de “Taki Ongoy” de Víctor Heredia


“Ya nos quitaron la tierra y el sol, nuestra riqueza y la identidad. Solo les falta prohibirnos llorar para arrancarnos hasta el corazón”.

     La cita está tomada de Taki Ongoy II, la octava pista del disco llamado, justamente, Taki Ongoy, obra ambiciosa que Víctor Heredia plasmó en 1986. Y hablo de “pista” para referirme, no tanto a su formato original de disco doble de vinilo, sino a su primera edición en CD, de la cual se cumplen en 2017 veinticinco años, justamente cuando el cantautor cumple 50 años de carrera profesional.

Víctor Heredia

     Taki Ongoy cumple un cuarto de siglo y reclama, en vistas de la situación política y social en la que se encuentra nuestra región, volver a visitar esa canción urgente expandida que el cantautor desplegó en clave épica: un verdadero manifiesto de la voz americana que vale la pena, por lo menos, sondear tanto en su poesía como en su música. Sorprenden los eventos de nuestro tiempo, en los que no faltan, no cesan, ni el perpetuo destierro de los pueblos originarios ni la violencia sorda, forzando, justamente, el silencio allí donde sólo cabe el llanto, el grito y el reclamo por la justicia.

⇒ (escuchar aquí )  01 Texto N° 1- Tema Introducción-Plática De Los Sabios Y Ancianos-Veinte M

Taki Ongoy lleva inscripto en su nombre la posibilidad de cantar. Y en las tradiciones orales, sabemos, cantar es contar. “La enfermedad del canto”, es la traducción literal del título en quechua, y fue un movimiento político y religioso que se sublevó contra el poder de los conquistadores españoles en la segunda mitad del siglo XVI. Los recién llegados habían arrasado en un tiempo relativamente corto toda una cultura, diezmando a la población, robando sus bienes materiales e instaurando por la fuerza una nueva cosmovisión religiosa: el cristianismo.

Sitio Arqueológico Sechín- detalle de un guerrero- Perú

Contra esto reaccionaron varios referentes religiosos incas, clamando que las huacas o deidades volvían al mundo a través de los cuerpos de su pueblo, haciéndolos bailar, cantar y tocar música. Una rebelión naciendo desde el sonido, la voz, el ritmo y el cuerpo mismo, parece a la vez un símbolo y un síntoma de aquella opresión definitiva que pesaba sobre esos pueblos. El canto brotando como síntoma de una enfermedad, manando del propio cuerpo por gracia de las huacas. El canto parece afirmar el terreno último, aquel que el conquistador no podrá poseer, reivindicando su propia existencia ante la obliteración de las voces y el disciplinamiento feroz de los cuerpos.

Como tantos movimientos por la identidad americana en estos cinco siglos, la enfermedad del canto fue callada por las historias oficiales. Y es justamente este silencio -identidad oculta y en la clandestinidad perpetua- la que movió a Víctor Heredia a abordar este proyecto.

“Cuando lo propuse venía a dar respuesta a una serie de cuestiones que me había planteado en la cabeza durante cientos de viajes al continente americano -comenta en una entrevista a Página12–. En esos viajes yo me había encontrado con una propuesta artística y cultural que de verdad me impresionó. Porque no coincidía para nada con lo que me habían dicho en la escuela. Empecé a indagar y me di cuenta de la enorme falencia de esa educación, del absurdo y la mentira que nos habían fabricado sobre la conquista española al continente americano”.

Ruinas de El Shincal, camino del Inca, Catamarca- Argentina

     El disco se despliega durante poco más de una hora, con siete textos declamados que se alternan con las diecinueve canciones. Entre los invitados que acompañan a Heredia se cuentan Mercedes Sosa, Jorge Fandermole, Juan Carlos Baglietto, Héctor Tealdi, Alejandro de Racco y arreglos de Panchi Quesada, que hace más de tres décadas que acompaña al cantautor. En la mayoría de las canciones, el poeta hace foco en aspectos particulares de las cosmogonías de los pueblos originarios o en figuras de la resistencia ante la conquista española. Además del movimiento que da título al disco, aparecen Viracocha creando un mundo en armonía, el hombre común con sus costumbres (Encuentro en Cajamarca), Atahualpa, Tupac Amaru, la peste llegada con los europeos, los líderes diaguitas Juan Chelemín y Pedro Chumay y el saqueo de las riquezas de Potosí.

⇒ (escuchar aquí )  04 Texto N° 2-Encuentro En Cajamarca

El Shincal- Catamarca- Argentina

Las últimas canciones abordan los dos conceptos centrales de la obra, a modo de cierre: en Ella está conmigo, lo que parece una canción de amor resulta ser una oda a la libertad:

“Ella está conmigo, hembra en el camino, como un ombligo del sol. Siembra de futuro, qué precioso escudo le puso a mi corazón. Ella es mi alegría, es el nuevo día, hablo de mi libertad”

⇒ (escuchar aquí )  17 Ella Está Conmigo

En Una tierra sin memoria Víctor Heredia deja su manifiesto final, el anhelo de una rehabilitación de la historia americana: “...si cada hombre viera la fuente clara de la verdad, [...] llovería donde debe”. Estos últimos versos, concisos en su terreno metafórico, parecen reflejar el ideal de la obra: recuperar la dimensión real del hecho traumático de la conquista y quitar la mordaza a la otra parte de la historia de nuestros pueblos, historia escrita en los propios cuerpos que no pueden cantar, que no pueden ser. Heredia comenta a propósito de este disco que el problema de la identidad se entrelaza con su propia infancia: para que no lo llamaran indio en el colegio, su madre se esmeraba en llenarle el pelo de gomina para achatarlo.

⇒ (escuchar aquí )  18 Una Tierra Sin Memoria

Como sabemos, Taki Ongoy el disco tuvo al mismo tiempo la recepción positiva del público, llegando a ser doble platino, y la reprobación violenta del poder, desde la excomunión propuesta por algunos sectores de la iglesia hasta la presión de la embajada de España para que no se realizaran conciertos en el Luna Park.


En un texto escrito muchos años después, en 2012, cuando Heredia presentó la obra en el Ministerio de Educación expuso:

“Mi obra no trata de enjuiciar a nadie, la historia es lo que es, ya no hay forma de modificarla, como así tampoco podremos ignorar la potencia cultural que desde el castellano y el conocimiento científico y literario euro-céntrico nos hizo tal cual somos. ¿Cómo impedir que “El Quijote” de Cervantes nos enriquezca, que los versos de Hernández, Machado, García Lorca y tantos otros rasguen las cuerdas de nuestro espíritu llenándolo de luz? Sería imposible negar ese torrente cultural que nos llegó de la mano de la España colonizadora. Pero apunto que detrás de ese legado hay otro, quizá mucho más valioso para nuestro sentido de pertenencia, y es el de las culturas precolombinas. ¿Por qué perderlo? ¿Por qué aceptar que sólo son sombras de museo y considerar obsoleto lo que nuestros ancestros sostienen desde sus pueblos diezmados y silenciados desde hace más de quinientos años? No somos sólo aquello que nos dicen; dentro nuestro hay un territorio vacío de sus contenidos fundamentales: la sabiduría de los hombres que poblaron América”.

Guayasamin

     Nos interesa concluir con una escucha atenta a ciertos pasajes de la obra. El color musical del disco se define, en general, desde la fusión de ritmos y arquetipos musicales andinos y folclóricos (las escalas pentatónicas, la vasta paleta de sutilezas alrededor del pie rítmico ternario, ciertas armonías del renacimiento sedimentadas con los siglos) con la matriz instrumental y textural de rock más o menos progresiva. No faltan, sin embargo, colores particulares en cada canción. Un pedazo de mi sangre, por ejemplo, ahonda en el color colonial al incorporar el sonido del clave y ciertos giros rítmicos y melódicos que hacen referencia a tópicos de la música renacentista. En Aya Marcay Quilla, en cambio, los sikus adentran al oyente en la atmósfera andina ampliada, en la que conviven el diseño de una melodía pentatónica (escala muy usada en la región, sobre todo en los aerófonos) con un soporte armónico que no prescinde de coloraturas y notas agregadas que abrevan de las tradiciones de la trova latinoamericana. Esta canción comparte también elementos melódicos nítidamente emparentados con la canción Taki ongoy, articulando el aspecto cíclico de la obra, en la que no faltan temas recurrentes. No hay mejor ejemplo, quizá, que el final mismo de la obra, donde Heredia revisita versos de la primer canción, Veinte mil años patria.

⇒ (escuchar aquí )  13 Un Pedazo De Mi Sangre

     Veinte mil años de presencia humana en América.

     Cincuenta millones de muertes en el atroz etnocidio que significó la conquista.

     

 

Más de treinta años que ya ubican al disco en la historia grande de la canción americana (en el que caben otros mitos como la Cantata Santa María de Iquique, la Suite do Pescador o La Forestal);  Taki Ongoy sorteando el fuego ciego de la censura, la obliteración y la falsa conciencia. Hoy América Latina vuelve a enfrentar procesos que parecían parte del pasado: nuevas formas de golpe de estado, persecución política, liberalismo salvaje, represión y desaparición forzada con encubrimiento del Estado.

Canción urgente, canción vigente es aquella que reclama el despertar de la voz y del cuerpo como un síntoma, como un derecho, como una enfermedad.♦♦


* Sebastián Pozzo Azzaro- Argentino- Músico y escitor-
Licenciado con Diploma de Honor en Composición y Dirección Orquestal (Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina, 2008).  https://sebastianpozziazzaro.wordpress.com

Comentar