RESISTENTES: DOÑA GRACIA MENDES

Escribe Lala Altschuler

Las postrimerías del medioevo tuvo un personaje femenino, maternal, único: Doña Gracia Mendes. Una efigie de señora mundana, una reina sin corona. Nacida en Lisboa, en 1510, poseía una de las fortunas más importantes de la época. Su familia era originaria de Granada, donde fueron prestamista de reyes.

¿Banqueros quizás?, con el cuidado que debemos tener al nombrar dicha actividad en la época. La banca estaba en pleno proceso de invención. Cecil Roth nos introduce en su biografía a través de un árbol genealógico difícil de seguir, con sus cambios de nombres y apellidos que acompañaron sus desplazamientos, cambios que se ofrecen al desciframiento.

¿Cuál es el imán de doña Gracia Mendes? Haber sido la primera y más importante mujer mecenas, y haber salvado, ¡sí, salvado! a miles de judíos de las garras de la Santa Inquisición.

Nacida como Hanna Nasí, los cambios de nombre fueron saltos de caballo en el tablero de ajedrez de las huidas, hasta llegar a ser ‘la Señora’ que es como fue eternizada en el cuadro, ahí ya era Gracia Mendes.

Cambios de nombre que obedecen a la necesidad de ocultar, o la posibilidad de hacer público que era judía. En la intimidad familiar será Hanna Nasí, pero en Portugal, ya conversa, Beatriz de Luna Mendes, nombre que mantendrá en Amberes y en Venecia. En Ferrara, volverá a ser Gracia Nasí.

Y será Gracia Mendes en Turquía, cuando pueda declarar que es judía. Lo que se cifra en el nombre.

¿Quién fue Gracia Mendes? ¿Cómo pudo una mujer de comienzos del siglo XVI pensar siquiera la idea de organizar una red de salvataje de judíos anusim (obligados), perseguidos por la Inquisición? Contemporánea de las Medici, las Borgia, de Isabel I de Inglaterra... con la cual mantuvo una frondosa correspondencia. Mujeres de una fuerte participación política que luego se irá desdibujando.

Nos tendremos que preguntar por las causas de la decisión real que hundió para siempre a la península ibérica: la expulsión de judíos y moros. La expulsión de los sabios, de los máximos artistas y artesanos, la expulsión del color y de las músicas. ¿Quiénes huían? Los que rechazaban la conversión, y al negarse a ella, rechazaban ser expulsados de su herencia simbólica, de su filiación, de su genealogía. Aquellos que decidieron conservarla, tenían que practicarla en secreto pues podían ser denunciados, y si condenados por herejes, serán encarcelados, quemados en la hoguera, vendidos como esclavos aun si ya hubieran consentido en ser bautizados.

¿Bajo qué luna de Lisboa, bajo qué gracia había nacido en una tórrida tarde de verano? En esas callecitas lusitanas, estrechamente anudadas, sus pasos deberían retumbar en el empedrado aun cuando todos la han olvidado. Todos, salvo la bella imagen del cuadro,que la guarda. Allí, por esas piedras callejeras seguramente se desplazaron los miles de judíos que había salvado de la esclavitud, de la hoguera. Iban hacia su palacio, donde diariamente reunían ochenta comensales. Hasta que se les encontrara trabajo.

Cuando se dio a conocer el Edicto de Expulsión, la carta de Isaac Abrabanel sacudió a Lisboa. Él, el judío expulsado de Sevilla, él, el rabino hereje, declara a viva voz públicamente su condena. No duda en acusar a los reyes católicos de la afrenta a su pueblo que significa el edicto: la criminosa injusticia retornará sobre ellos golpeando su reino. Se anticipa cuatro siglos al “Yo acuso” de Emile Zolá, y cinco siglos a la Carta abierta de Rodolfo Walsh, el escritor y periodista argentino que denunció las persecuciones y crímenes de la junta militar. El contexto histórico difiere, son otros los mundos en los que cada uno de ellos habita, pero es la misma condena la que estalla en su letra.

Abrabanel eleva su voz en nombre del pueblo de Israel. No nombra la expulsión territorial, habiendo vivido cinco siglos en España, ni nombra la usurpación de los bienes. No. Su proclama es aun mas trágica: lo ajenan de sus raíces, a él que descendía del rey David. Y en su nombre proclama que esta expulsión los expulsa de su herencia simbólica “...y yo la proclamo en nombre del pueblo de Israel…”. Será condenado, acusado, tendrá que abandonar Sevilla, dirigirse hacia Portugal, donde permanece varios años, desempeñándose en la corte como tesorero y consejero del rey.

La familia Nasí también había logrado huir de Granada hacia Portugal, conservando su fortuna. Cuando ya tiene 12 años, el padre le confiesa a Beatriz de Luna que son anusim, que la fe cristiana que practican es un velo para ocultarse por el peligro que corren de ser descubiertos. A los dieciocho años se casa con Francisco Mendes en una iglesia católica, claro está. Cumplen con todos los sacramentos. Pero don Francisco muere ocho años más tarde. En ese momento, es una bella, joven y rica viuda, madre de Brianda o Reina, como nombre judío.

Beatriz de Luna tiene una hermana, Brianda, quien se casa con Diego Mendes, hermano de Francisco Mendes. A la hija le ponen de nombre Gracia, a la que llaman “la chica”, para diferenciarla de su tía. Dos hermanos casados con dos hermanas. Obligados a la constante dispersión, se cohesionan los lazos, se casan entre ellos, se repiten los nombres.

Il Bronzino: "Beatriz de Luna"

La familia Mendes, provenía de los Benveniste. Yosef Benveniste había sido en el siglo XIV consejero de Alfonso XI, de Castilla. Abraham Benveniste fue tesorero real y Rabí de la corona. Seguramente fue el padre de Francisco quien tuvo que huir hacia Portugal. Formaban parte de las familias que no fueron expropiadas.


El esposo de doña Gracia Mendes amasó una inmensa fortuna como banquero (¿banquero?): eran prestamistas, vendedores de seguros, exportadores, importadores, de lanas y especies, sobre todo de pimienta, que producía fabulosas ganancias en la época. La carne olía muy desagradable y la pimienta era imprescindible. Era la edad de oro de Portugal: Vasco de Gama había descubierto la ruta marítima hacia la India bordeando África, y a través del cabo de la Buena Esperanza, ahora todas las especies, gemas y objetos de lujo del Lejano Oriente, encontraban su principal salida europea en las riveras del Tajo. En pocos años la renta de Portugal se había multiplicado por cuatro. Los historiadores hablan ya de la Casa Mendes.

Gracia vivió en una época en la cual se producen cambios radicales. Cambios profundos que suceden en el pasaje de la alta Edad Media, a la modernidad. La sociedad pasa de una economía rural a una economía de mercado que Le Goff denomina revolución comercial. Se producirá la conformación de estados signados por la unidad lingüística y religiosa.

Los cambios económicos vienen precedidos por una nueva práctica de la Edad Media: la contabilidad. Asentamiento escrito, en que se diferencia el conto nostro del conto vostro. Este asentamiento escrito fue definido como la revolución de la contabilidad. Escrito necesario para el pasaje del mercader errante a una nueva economía, que va a incorporar a los bancos. Los asentamientos escritos (destacamos el valor de lo escrito), darán lugar a la función del banco, pues harán posibles los préstamos, la aceptación de depósitos, las inversiones, las reinversiones por préstamos, los préstamos al descubierto, los giros por simple asiento de escritura. Surgen los banqueros y se convierten en auxiliares indispensables de los mercaderes y la gente acomodada. Cuesta imaginar que en ese momento nacen las primeras sucursales bancarias en diferentes ciudades.

Esta actividad bancaria, y su lugar en ella, es lo que le posibilita a Gracia Mendes su gesta humanitaria. De ningún modo hubiera sido posible de no contar con una red bancaria que sostuviera la operación económicamente; de ningún modo hubiera sido posible de no contar con una red comercial de exportación e importación que aseguraba el ocultamiento de los anusim entre la mercancía. Su santo y seña siempre iba a ser “vamos a la Casa Mendes”. Su traslado, desde Portugal, a los Países Bajos, por vía marítima; cruzar los Alpes, luego embarcarse nuevamente en Venecia, escudados siempre por la Casa Mendes.

Recorrido desde Lisboa a Estambul de los expulsados

El Edicto de Expulsión se había sancionado en el contexto de la revolución comercial y sus consecuencias: la acumulación de riqueza de los mercaderes y prosperidad de las ciudades. La promulgación del Edicto por los Reyes Católicos, será ejecutado por la Inquisición siguiendo los dictados de Roma. Su artífice: Torquemada.


La telaraña infecta de la Inquisición católica se extiende a Portugal, reino que había admitido la inmigración de judíos, tanto sea permitiéndoles ingresar con sus fortunas, como cobrando por su residencia. La hija de los Reyes Católicos, Isabel y Manuel de Portugal van a contraer matrimonio, un enlace negociado por la corona española, que permitirá la reunificación de la península ibérica. Y la corona lusitana acepta los términos: un Edicto de Expulsión y el establecimiento del Santo Oficio de la Inquisición en 1536, según modelo español.

Justamente ese año, muere Francisco Mendes. La joven viuda tendrá que partir acompañada de su hija, su hermana Brianda, su sobrino Joao Miguez.

Aún es posible viajar hacia el norte de Europa, muchos anusim se dirigen hacia Amberes. Una sucursal de la Casa Mendes opera allí desde hace varios años dirigida por Diego, el hermano de Francisco.

¿De qué acusan a los judíos en Portugal? ¿Cuáles son las causas de la expulsión?

De ejercer las actividades que la revolución mercantil había instaurado. La paradoja es que aun pudiendo residir en el imperio lusitano, tenían prohibición explícita de poseer tierras y caballos. Sólo podían ejercer oficios, o ser mercaderes y banqueros. A estas últimas actividades la iglesia las condenaba, considerándolas pecaminosas.

Pero la verdad, ésta vez, se lee en sus efectos. La expansión económica tendrá consecuencias y la iglesia jugará sus cartas.

Unificación territorial y constitución de monarquías centralizadas.

Unificación lingüística.

Monopolio sobre la fe.

Monopolio sobre la interpretación.

Son estas las cuestiones que se juegan en el Edicto de Expulsión, arguyendo razones heréticas.

A España se la querrá una. A la península ibérica se la querrá una…y una será la lengua.


El mismo año de la expulsión, en 1492, Nebrija publica la primera gramática castellana… “después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros, pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma…”


Se establece al pontífice como fuente de un monopolio de las interpretaciones valederas, de las interpretaciones autorizadas. El soberano tendrá todas sus leyes en el corazón. Y su consecuencia lógica: la represión de cualquier lectura disonante.

Serán prohibidos los textos sagrados. El Talmud, La Torá, el Antiguo Testamento. ¡El Nuevo Testamento es prohibido! pues incluía comentarios que podían inducir a la herejía. Se prohíbe su traducción a las lenguas vernáculas. Es la lectura la censurada, su interpretación, la condenada. Borges (talmúdico) dirá que la biblia tiene tantas lecturas posibles como lectores.

La etimología viene a nuestro encuentro, esclarece la razón reprimida. “Testamento”: alude a poner por testigo a un tercero, a un contrato, a una alianza, que no es nunca entre dos. Entre ellos media la palabra y ella es siempre testimonio.

Se confecciona un Index. Torquemada ordena una gran quema de libros judíos en 1490, y otra de libros árabes, en 1501.

Quema de libros de comics en EE.UU, durante el macarthismo - 1948

La quema de libros precede a la expulsión. Cisneros, arzobispo de Toledo, ordenará la quema de un millón de volúmenes, muchos de ellos de gran valor. Se procesan libros y personas al unísono: en una mañana se leen en la plaza centenares de autos de fe condenatorios. Fueron entregados al fuego biblias hebreas y otros tantos libros judaizantes, y todo lo relativo a la incredulidad judaica, hechicería, brujería y cosas supersticiosas. Todo ello se realiza en un marco ritual, celebrativo, teatral, para ofrecer la imagen de un castigo ejemplar. La ceremonia consiste en la entrega al verdugo de libros y reos para que éste los entregue al fuego purificador.

Los reinos se convertirán en estados, un nuevo orden discursivo entra en disonancia con la disonancia del Talmud y la Torá. Por ello la represión de todo tipo de razonamiento regido por la vía de la interpretación.


En la Edad Media, los fenómenos de la naturaleza reflejaban un orden divino. Ahora los preconceptos religiosos vacilan. El mundo no se cae más allá de finisterre. A partir de la revolución mercantil se produce una laicización de la cultura, un empuje hacia nuevos conocimientos: matemáticas, geografía, física, astronomía, idiomas, medicina, necesarios al sujeto moderno. Ganan terreno nuevos discursos que requieren, frente a un interrogante, una respuesta legitimada por su verificación. El monopolio de la interpretación religiosa vacila. Y frente a la vacilación se afirma. Serán condenados Galileo Galilei. Bruno Giordano. García de Orta. Pero también Isaac Abrabanel y Gracia Mendes. Sus discursos condenados. Cada uno de ellos representa el derecho a la diversidad religiosa. El derecho al pensamiento, los saberes que éste construye.

En ese proceso, comienza a regularse el uso de los apellidos. De mera voluntad al comienzo, cada individuo podía declarar su filiación, era hijo de tal, para lo cual agregaba un sufijo o un prefijo, tal vez al nombre del padre, o a su oficio. No olvidemos que los oficios se ejercían dentro del seno familiar y se transmitían de padres a hijos. Esta práctica filiatoria, hasta ese momento, era de uso voluntario pero en el siglo XVI surge la necesidad de asentarlo por escrito. En 1495, el cardenal Cisneros, de Toledo, y prior de España, impone a los párrocos la obligación de anotar los nacimientos, las bodas, las defunciones. De este modo, nombres y apellidos de padres y de hijos, se inscriben. Eso hizo posible la aparición en la sociedad mercantil de una regulación jurídica de la transmisión de los bienes. La herencia podrá ser declarada. Reclamada. La filiación se asienta como escrito y deviene derecho jurídico. Todo sujeto es sujeto de la ley en tanto está inscripto en un orden filiatorio. Se crean los registros y la inscripción de la vida en el orden civil. El acto de la nominación sitúa al sujeto en un linaje, en la herencia simbólica de la cual es producto. No es nuda vida. (Agambén, Giorgio. El Poder Soberano y la Nuda Vida. En Homo Sacer I. Editorial Nacional. 2002. Madrid, España).

La nominación es a su vez interdicción: no reintegrarás tu producto. Nombrar al sujeto es nombrarlo como separado. La interdicción primera deviene lenguajera: la interdicción se lee como inter-dicción: lo que se dice entre, lo que se lee entre. Supone un sujeto producto de las marcas que lo constituyeron. Sujeto inscripto en el lenguaje y deudor de las trazas. (Legendre)

Los nombres se leen como cifras que cifran el contexto social, político, religioso, en el momento en que fueron adjudicados, el deseo de los que lo precedieron. La nominación sufre avatares, ocultamientos, declaraciones, renuncias: es el caso de los expulsados, los exiliados.

Recordemos la carta de Isaac Abrabanel expulsado de la herencia simbólica. Le condenan su apetencia de bienes materiales, le cuestionan la legitimidad de la herencia simbólica de la cual es hijo…¡claro, la herencia simbólica filia, y en la filiación liga y traza la diferencia! Porque traza la diferencia, no se dará lugar a ella.

Cualquier lector comprenderá que el 8 de diciembre no es cualquier fecha para la Argentina. Porque precisamente el día de la Virgen es cuando fueron secuestradas las madres que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz en la búsqueda de sus hijos, desaparecidos por los dictadores. Madres Fundadoras, nombre que las aloja, y al alojarlas, todas ellas perviven. Filiación: somos todos hijos. Determina una genealogía: liga.

POR LA GRACIA RECIBIDA

Gracia Mendes huye de Portugal, de la Santa Inquisición. De Portugal a Inglaterra, de allí hacia Amberes, a Venecia, y de Venecia a Ferrara...de Ferrara a Estambul, con un corto paso por Salónica donde no le es posible permanecer.

El peligro de ser descubierta siempre acechando. Viajaba como Beatriz de Luna, cristiana, se sospechaba que era Gracia Mendes, marrana. Saltaban a la vista su riqueza por las complejas y cuantiosas negociaciones a las que se veía obligada, evitando que se le confiscaran los bienes con los que, en parte, se trasladaba. Los permanentes y cuantiosos sobornos que le permiten conservar la vida, la delatan.

Como cristiana nueva hacía gala de su devoción participando de los oficios religiosos, cumpliendo con los sacramentos, cuando el lugar lo exigía. Pero aun así, se dirigía a la comunidad anusi local.

Amberes se había convertido en el centro financiero y comercial del norte de Europa. La colonia española y portuguesa, de la que formaba parte la familia Mendes, era un pequeño mundo en sí mismo. Diego Mendes se había hecho cargo de la Casa y daba empleo a los refugiados que llegaban. Gracia toma contacto con su círculo intelectual. Es amiga de Alberto Durero, quien mantenía estrechas relaciones con el círculo de refugiados. Y también es amiga de la hija de Isaac Abrabanel. Parece que es allí donde Gracia organiza la red de salvataje.


Venecia será la siguiente estancia de Gracia. La rica y onírica ciudad lacustre, recién terminada de construir...la vida transcurre en una permanente fiesta. Agazapados y detrás de la fiesta, susurros de delación recorren sus canales. Beatriz de Luna será juzgada como judaizante, y encarcelada. Liberada gracias a los buenos oficios del sultán turco Solimán, a quien Gracia le había prometido su traslado. Solimán necesitaba que la rica Casa Mendes instale en Turquía una sucursal.

De Venecia a Ferrara. Allí se inicia una nueva tradición en la literatura judía, que produce por primera vez obras en lengua vernácula, para beneficio de los anusim recién llegados, ignorantes del hebreo. Se traduce la Biblia hebrea al español, generalmente llamada Biblia de Ferrara, probablemente costeada por Doña Gracia. Ella comienza a ser conocida como patrona de las letras. Según aclara el autor del prefacio, el libro fue escrito con el propósito de ayudar a los cripto-judíos de Portugal, para que no se dejaran abrumar por lo que habían sufrido. Este dato es de profundo interés para nosotros: se lleva a cabo una política de la lectura.

La reacción no demora. Un grupo de apóstatas comienza a llevar acabo en Roma una campaña para lograr la conversión de los judíos que, hasta éste momento, gozaban en Ferrara de libertad de culto, lo cual prepara el terreno para el gran asalto contra la literatura hebrea. Esto obliga a Doña Gracia a salir de Ferrara junto a su familia, rumbo a Turquía.


En su paso por Salónica se encuentra con una pujante ciudad, habitada mayormente por judíos. Sin embargo, tiene un acuerdo con el sultán turco y debe seguir. Solimán necesita de una población calificada. Una clase de habitantes urbanos, comerciantes y artesanos, que pudieran ejercer los oficios que tanto necesitaban los turcos. “¿Cómo puede usted llamar ‘sabio’ a ése Fernando, a él que ha empobrecido sus dominios para enriquecer a los míos?”, se dice que preguntó una vez el sultán con referencia a Su Majestad Católica de España. Y así recibió encantado a los recién llegados. Los inmigrantes llegaban en los barcos. Se establecían de a veinte, de a cien, de a mil, traían consigo industrias y oficios. Con su conocimiento de lenguas y condiciones extranjeras, los judíos eran los más grandes competidores de los venecianos en el comercio de importación y exportación. Se requieren sus oficios de intérpretes. Se construyen sinagogas. La supremacía cultural de los judíos españoles es tal que también los turcos aprenden su idioma. Se renuevan los intereses intelectuales. Arribaron poetas que continúan usando los viejos y majestuosos metros hispánicos. En Estambul se establece en ese momento una Academia Poética, institución casi única en la historia de la diáspora. Se traducen, del latín al hebreo, las profecías de Miguel de Nostradamus. Del español, las hazañas de Amadís de Gaula. Otro traduce los libros poéticos de la Biblia al griego y al español, los Diálogos de Amor, de León el Hebreo. Tienen una prensa y con ella también imprimen muchos libros raros. Son orfebres, lapidarios, boticarios, médicos, cirujanos, pintores, sastres. El sultán jamás se atendió con otro médico que no fuera judío.

Recorrido desde Lisboa a Estambul de los expulsados

Hacia 1550 había en Estambul 15.035 judíos varones, sin contar mujeres y niños. Y cuarenta y dos sinagogas.

Doña Gracia vivía una vida principesca. Estaba en Turquía pero no parecía. En su modo de vida reproducía a orillas del Bósforo, en su palacio, las costumbres domésticas de una familia patricia de Lisboa, y rodeada de un amplio círculo de estudios.


NACE LA RED PARA SALVAR A LOS JUDÍOS DE LA HOGUERA

¿Cómo llegaron los judíos a Ancona? Ancona tenía un importante puerto comercial situado sobre el Adriático. Un poco más al sur de Venecia, y cercana a Ferrara. En 1547 el Papa invita a los cristianos nuevos a establecerse en Ancona. Quiere desarrollarla como centro comercial y financiero. Todo cambió en 1555, cuando asume como papa Pablo III, quien se volvió contra la población judía de la ciudad, y estableció la Inquisición. Los judíos fueron encerrados en un gueto, y la protección hacia los anusim caducó. Gracia Mendes recibe noticias del arresto de judíos. Algunos eran familiares y amigos.

Queda horrorizada. A muchos de ellos los había ayudado a escapar de Portugal. A algunos los había conocido personalmente, quizás en oportunidad de su paso por Ancona; y estaban entre ellos sus propios agentes y corresponsales de confianza.

En la primavera y verano de 1556, se llevaron a cabo en el Campo della Mostra, en Ancona, una serie de Autos de Fe, ante una multitud burlona. A veinte los condenaron a la hoguera, a veintiséis se los envió a Malta, vestidos con un sambenito que debían usar durante muchos años.

El sultán interviene. Después de recibir a Doña Gracia en audiencia personal, envía a Ancona un emisario especial pidiendo la libertad de todos los prisioneros, aduciendo que eran súbditos protegidos de Turquía, y amenaza con una represalia si su pedido no era atendido. Otro emisario, lleva una carta del sultán dirigida a su Santidad el Papa en persona, casi en la forma de un ultimátum, documento único en su género, que llamó la atención y fue incluido por Girolamo Ruscelli, en su “Colección de cartas principescas”. Pero es tarde, las primeras ejecuciones se habían realizado. Una semana después las siguientes. Algunos escaparon.

Gracia Mendes interviene escribiendo una carta al gobernador de Ancona. Fracasa, y entonces desde Estambul convoca a todos los líderes judíos y planea una respuesta que no tiene antecedentes en la historia: una mujer emigrada, en 1556, utiliza su influencia para declarar un boicot económico al puerto. Ningún barco de su empresa o de empresas con las que negociaba podía embarcar o desembarcar allí. Ancona permaneció con su puerto cerrado y abandonado por un tiempo considerable, y tuvo un efecto en el comercio, como se ve en un documento del Consejo de la Ciudad de Ancona, dirigido al Papa, en el cual le piden interrumpir los procedimientos del Santo Oficio de la Inquisición, pues afectaba negativamente el comercio en la ciudad.

En aquella misma época, Tiberíades era una ciudad fantasma. Gracia Mendes le ofrece al sultán desarrollar la ciudad, y producir impuestos para el tesoro real. En 1558 el sultán le concede la ciudad. Podía reconstruirla, desarrollarla comercialmente, pero debía garantizarle un ingreso anual de mil lingotes de oro. Ella acepta con la condición de ser nombrada gobernadora. Una vez construida la ciudad, todos los judíos del mundo, tendrían un lugar donde podrían establecerse. En especial los que más lo necesitaban: los anusim.


Tres años más tarde, en 1561, Josef Nasí, que luego sería designado como Señor de Tiberíades, comenzó la construcción de las murallas de la ciudad. Lo primero que hizo fue plantar naranjos, pinos, moreras, estos últimos esenciales para la cría de gusanos de seda, e introducir la apicultura para producir miel. Las murallas existen aún.

Il Bronzino: "Beatriz de Luna"

Gracia Mendes, 500 años atrás, es un consumado símbolo de la resistencia.

Relatamos, a través de una serie acontecimientos, las profundas transformaciones que ocurrieron en la época que le tocó vivir.

Centramos nuestra lectura en las cuestiones políticas que los fuerzan a renegar de los lazos de filiación, genealogía, linaje. Y la fuerza de la resistencia. Lo que está en el corazón del sujeto hablante. Un sujeto ligado a la ley, a la lengua, al deseo.


Lala Altschuler - Psicoanalista y escritora - Argentina - 2020

Su obra más reciente es la novela "Antonez Fontseca - Autobiografía - 2194 -1492" - Ed. La Docta Ignorancia - Bs As . 2020

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