@Tadeo Jones

PASIÓN DEL MOVIMIENTO - BAM

El cuerpo….un viaje de regreso

…"Pero el cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos"…
..."Este poder, por otra parte, no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes "no lo tienen"; los invade, pasa por ellos; se apoya sobre ellos, del mismo modo que ellos mismos, en su lucha contra él, se apoyan a su vez en las presas que ejerce sobre ellos"…
Michel Foucault "Vigilar y Castigar"
Imagen de @Tadeo Jones

Parece obvio decir que vivimos dentro de nuestro cuerpo. Y, sin embargo, la cuestión no resulta tan sencilla. Desde que nacemos, nos vemos sumergidos en un entorno con patrones y leyes explícitas e implícitas que paulatinamente van moldeando nuestra forma de funcionar y nuestra capacidad para adaptarnos al mundo que nos rodea.

A medida que vamos creciendo, debemos lidiar con retos de mayor complejidad. Para evolucionar en este universo, nos valemos, en parte, de la imitación (física y psíquica) de las personas de importante referencia inmediata. Absorbemos la cultura a la cual pertenecemos, sin filtrar, buscando la aprobación general o rebelándonos. Muy pronto el discurso racional va ganando predominancia sobre la información que pertenece al lenguaje de nuestro cuerpo, al que llegamos a olvidar, en un camino de incomprensible maltrato.

Imperceptiblemente, el cuerpo hace su camino más allá de nuestra voluntad, y así, a poco que nos fijemos, vemos aparecer progresivamente un sinfín de actitudes corporales bien definidas. Espaldas contraídas, mentones desafiantes, nucas encogidas, costillas paralizadas, mandíbulas apretadas... el discurso de nuestro cuerpo nos habla de actitudes frente a quienes nos rodean, frente a los conflictos, frente a los placeres etc.

Podemos decir entonces que nuestro cuerpo es el libro en el que la totalidad de nuestra historia está marcada con increíble fidelidad. Todos nuestros esfuerzos para adaptarnos al entorno, a los valores que marcan la estructura condicionada de nuestra cultura, todos los elementos a los que nos aferramos para construir nuestro personaje, todos están inscriptos en nuestro cuerpo formándolo y deformándolo
Sutilmente, pero con contundencia, el cuerpo almacena infinidad de informaciones que van moldeando la globalidad de nuestra estructura personal. Y como en un juego de espejos, el cuerpo recoge con especial predilección todas aquellas emociones y reacciones que nuestra conciencia rechaza o reprime.

La aceleración de los intercambios informativos de la era cognitiva/digital ha producido y está produciendo un efecto patológico en la mente humana individual y, con mayor razón, en la colectiva. Es altamente posible que no estemos en condiciones de elaborar conscientemente la inmensa y creciente masa de información que entra en nuestros ordenadores, teléfonos portátiles, pantallas de televisión, agendas electrónicas y en sobre todo en nuestros cerebros. Sin embargo, parece que es indispensable seguir, conocer, valorar, asimilar y elaborar toda esta información si se quiere ser eficiente, competitivo, ganador. Cientos de miles de operadores, directivos y gerentes de la economía toman diariamente innumerables decisiones en estado de euforia química. La vida se ha vuelto para los humanos un inmenso laboratorio psicofarmacológico de control y sumisión al flujo productivo que la máquina capitalista exige. Sin embargo día a día la realidad nos demuestra que a largo plazo los cuerpos ceden, y estallan, incapaces de soportar hasta el infinito la manipulación que la medicalización de la vida sostiene a la sombra del fanatismo productivista que esta etapa del capitalismo impone.
Se ha inyectado en el cerebro social un estímulo constante hacia la competencia mientras el sistema técnico de la red digital ha hecho posible una intensificación de los flujos informativos enviados por el cerebro social a los cerebros individuales. Esta aceleración de los estímulos es un factor patógeno que alcanza al conjunto de la sociedad. La combinación de competencia económica e intensificación digital de los estímulos informativos lleva a un estado de electrocución permanente que se traduce en una patología difusa, que se manifiesta, por ejemplo, en el síndrome de pánico, en los trastornos de la atención, y en tantos otros cuadros psicopatológicos que engrosan diagnósticos psiquiátricos y ganancias millonarias para la Industria Farmacéutica mundial.

Este es el escenario vital en el que nuestros cuerpos están “atrapados”. El escenario en que se moldean cuerpos útiles y dóciles, en términos económicos, pero también en términos políticos, dispuestos a ceder su capacidad de poder a la voluntad de otros.

La corporación médica del sistema, actor fundamental dentro de los paradigmas de las sociedades de control, individualiza y somatiza la enfermedad, interviniendo y manipulando el cuerpo de múltiples formas para lograr la “sanación”; a contra mano de la historia de la medicina en las sociedades tradicionales u originarias en las que el cuerpo de las personas se concibe como una prolongación del cuerpo social, buscando la enfermedad en las redes sociales sobre las que opera simbólicamente para obtener eficacia sanadora".

Explorar las sensaciones y las razones del cuerpo puede convertirse en un aprendizaje del regreso a casa, al cuerpo, al presente. Quizás en ese viaje podamos librarnos de la programación del pasado de nuestro cuerpo y de la máquina social que lo controla para expresar la propia singularidad, esa que no quiere vivir encarcelada, encorsetada ni asfixiada, esa puede re-hacerse a través del cuerpo.

mano

Recuperar nuestra cuerpo en este escenario de alineación extrema, volver a sentirlo, a escucharlo, a respetar sus señales de alarma y límite, parece entonces, no solo una necesidad imperiosa , sino más bien un acto imprescindible de rebeldía que quizás permita preservar nuestra especie.

Dra. Susana Etchegoyen

www.bambiomecanica.com

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