Precarización en Canadá. Foto: Luigi Pasto

El trabajo precario sin fronteras: ¡bienvenidos a Canadá!

En una nación que tradicionalmente es vista como destino de refugiados e inmigrantes, hay sólo en la zona francesa de Québec 450 mil trabajadores precarios: con bajos salarios, ningún o mínimos beneficios sociales, escasa protección legal y sin estabilidad laboral.

En la provincia de Quebec cada año se instalan unos 30 mil nuevos inmigrantes. Ante ese flujo inmigratorio surge la pregunta ¿Qué razones motivan a alguien para irse de su terruño y alejarse de sus seres queridos si no es para ofrecer un mejor futuro a sus hijos y mejorar su propia vida? Se trata, una vez más, del sueño norteamericano. Sin embargo, el hacerse de un espacio en esta “tierra prometida”, donde hay que luchar contra las barreras de los idiomas (francés e inglés) y contra los efectos de un largo y crudo invierno, implica un enorme sacrificio.

Asimismo, tanto en Quebec como en el resto de Canadá, para que los inmigrantes puedan sobrevivir, pagar sus facturas, sus renta, adquirir sus primeras experiencias laborales y establecer una red de contactos para hallar un empleo estable, un gran porcentaje de estos recurre a los servicios de las agencias de empleo y reclutamiento de personal.

El trabajo de estas agencias ya está institucionalizado en Canadá. Esto se relaciona con la caída del Estado benefactor que comenzó en los años 90, también con el avance neoliberal y la consiguiente flexibilización laboral y el traslado de industrias –como por ejemplo, la textil- a países de Asia. Las agencias se convirtieron entonces en las responsables de la selección y el reclutamiento de trabajadores para las empresas del sector manufacturero y de la alimentación: verdaderos intermediarios entre los empresarios y los operarios.

A ciencia cierta no se sabe cuántas agencias de empleo existen en Montreal, en Quebec y en todo Canadá. Muchas agencias operan sin una licencia de funcionamiento. Asimismo, en Quebec, así como en la mayoría de las provincias canadienses no existen leyes ni disposiciones legales específicas que regulen su funcionamiento. Lo que sí se sabe es que éstas son el vehículo que permite a un número indeterminado de inmigrantes acceder a su primera experiencia laboral en Québec. Sin embargo, estas formas de acceso son precarias en grados inauditos, llegando incluso a decirse que algunas de estas agencias promueven el trabajo esclavo.

Precarización en Canadá. Foto: Luigi Pasto

Aunque el discurso de las agencias indica que permiten el acceso de los inmigrantes al mercado de trabajo, claramente no gozan de una buena reputación. Las autoridades canadienses saben de esta situación pero no toman medidas al respecto dado que saben que las agencias permiten producir mano de obra extra barata, que a su vez permite sobrevivir a la mediana empresa canadiense, en manos de sectores blancos anglófonos y francófonos.

La explotación funciona de la siguiente manera: los recién llegados son la mano de obra más barata y más vulnerable, debido a su estatus inmigratorio, sea indocumentado, trabajador temporal, estudiante con residencia permanente, refugiado, residente permanente, o incluso ciudadano que forma parte de una minoría visible. Esto los deja en una situación de desventaja muy grande para el cumplimiento de sus derechos laborales y humanos.

Muchos de los trabajadores inmigrantes, sin importar qué conocimientos y experiencia tuvieron en sus países de origen, deben trabajar en hoteles, viveros, fábricas, centros de distribución, en depósitos para carga y descarga de mercaderías y en el sector salud. Precarizados y explotados, su situación en el mercado de trabajo depende de las agencias que compiten entre sí por ofrecer a los empleadores la mano de obra más barata posible.

Trabajos precarios en el centro de la economía

La precarización no viene sólo de la mano de las agencias de empleo y reclutamiento. El propio Ministerio de Trabajo de Québec informó en 2014 que casi medio millón de trabajadores en esa provincia tienen trabajos precarios, y que en total hay 1 millón 300 mil que experimentan inseguridad laboral y dificultades para conseguir un nuevo empleo. Esto significa que el conjunto de estos trabajadores ha estado mayormente desempleado en los últimos 2 años. Mostafa Henaway, del Centro de Trabajadoras y Trabajadores Inmigrantes- CTI (Immigrant Workers Center- IWC), afirma “la gente está viviendo al límite, trabajando seis días a la semana, lo que demuestra que los trabajos precarios se están volviendo centrales para la economía canadiense. Las agencias solían funcionar como contratistas de trabajadores no manuales y administrativos, pero ahora las grandes agencias de empleo son usadas de forma regular para contratar obreros”.

Un relevamiento del CTI constató que hay muchos trabajadores por agencia en los centros de distribución, principalmente africanos y haitianos, que realizan trabajos muy intensos, sin el cuidado de su salud ni que se les proporcione beneficios sociales. Asimismo, hay miles de trabajadores que trabajan “en negro”, a los cuales las agencias los transportan a escondidas en buses que los llevan hasta invernaderos, plantas procesadoras de carne, o de comida, y también hacia plantas de empaquetamiento.

Para algunos observadores, las agencias facilitan la tarea a los empresarios que no cumplen o evaden las obligaciones legales con los trabajadores. Es llamativo que incluso aquellos trabajadores que trabajan regularmente para una empresa, no se los considera como plantel estable de la compañía: son contratados de las agencias y éstas administran la nómina de esos trabajadores.

La prueba de que a los diseñadores de las políticas inmigratorias de Canadá les interesa garantizar brazos para el trabajo más que lograr la integración de los inmigrantes puede entenderse a través del documental "El fin de la inmigración" de Mari Boti y Guy Malcolm en el cual es posible advertir como los Programas de Trabajadores Extranjeros Temporales fueron creados para llevar a ese país mano de obra barata, la cual una vez usada pueda ser devuelta a sus países de origen. Estos programas han sido criticados por líderes gremiales tales como Manon Perron de la Confederación Sindical Nacional –CSN- que declaró: “Estuve en reuniones con un alto miembro de la burocracia de Inmigración, y él me dijo que ellos están buscando trabajadores, no ciudadanos”.

Canadá repite el modelo que ya funciona en la periferia del mundo. Volviendo al caso de las agencias, los vínculos que éstas tienen con los trabajadores son en la mayoría de los casos precarios. Se ha comprobado que las agencias los pueden tener en la condición de “contratados” por años, sin otorgarles la estabilidad laboral. Ese vínculo precario se evidencia, además, en que la agencia toma su ganancia del pago que las empresas hacen por hora para el salario de cada trabajador.

Precarización en Canadá. Foto: Luigi Pasto

Así, si le empresa paga 12 dólares por hora por un trabajador, la agencia le paga 8 o 9 dólares al mismo, quedándose con un porcentaje por cada hora trabajada. Muchas veces estos montos son menores al salario mínimo (10.32 dólares canadienses). En todo caso, reforzando el concepto de ‘precarización del trabajo’, las agencias no respetan las normas laborales legales.

Los trabajadores deben cumplir rutinas de más de 40 horas semanales sin ningún tipo de pago por horas extras, con un valor por hora de trabajo por debajo del mercado (en Canadá se estima que 16 dólares canadienses por hora es el límite de la pobreza, pero la mayoría de los contratados recibe 10 dólares la hora) y sin protección de salud.

En la mayoría de las veces los mismos trabajadores son los que deben pagar su equipo de trabajo y seguridad, sin el reembolso correspondiente. También deben aceptar el pago atrasado y a destiempo. Y si reclaman, la agencia no los llama más, por lo cual están obligados a aceptar este régimen de injusticia. Todo esto significa menores costos para las empresas, que sí deben responder a los costos de pago de fuerza laboral canadiense nativa, que son aquellos que puede acceder a los derechos laborales.

Tampoco faltan casos de trabajadores inmigrantes que en la necesidad de llevar el sustento al hogar han trabajado durante semanas, aceptando el encuentro con “contratistas” -de agencias sin licencia ni espacio físico de trabajo- en diferentes estaciones del metro, y que en algún momento el contratista desapareció con el dinero que había cobrado a la empresa, dejándolos sin nada. Este tipo de agencias son llamadas “agencias fantasma”.

Esta lista de abusos por parte de las agencias y de las empresas que utilizan sus servicios tiene un lado oscuro que el trabajador lo vive en el día a día: la amenaza de cancelación del contrato, el despido. Los contratados deben aceptar toda clase de exigencias, sean que deba redoblar la intensidad de su trabajo con respecto a lo que marca el convenio laboral, o que le den los horarios de trabajo nocturnos, o que estos horarios sean rotativos, o que sean colocados en áreas donde hubo reducción de empleados y deban hacer la tarea de más de uno, todo eso bajo la permanente amenaza de que si fallan se quedan sin el empleo y si protestan o exigen el cumplimiento de la ley, los colocan en una lista negra que circula entre las agencias de colocación, y quedan fuera del mercado laboral.

Hay casos incluso de chantaje y denuncia a Inmigración en el caso de trabajadores que no tienen los papeles de inmigración y/o permisos de trabajo en regla. Está claro, entonces, que el trabajador inmigrante realiza en Québec y Canadá los trabajos que, por sus precarias condiciones, los nacidos en Canadá no desean realizar. Son las empresas en alianza con las agencias de empleo las que se benefician de este circuito donde al fin de cuentas el empleado no puede negociar los términos y las condiciones de trabajo, y donde la terciarización, el “outsourcing” ha devenido en una de las principales herramientas del capitalismo contemporáneo, usando inmigrantes como mano de obra barata debido a su vulnerabilidad.

Este sistema permite a los patrones explotar mejor a los trabajadores: no pagan seguro de desempleo, ni seguro de salud, ni seguro por accidentes de trabajo, ni licencia por maternidad o paternidad, ni cotizan al régimen de jubilación, ni ofrecen vacaciones
pagas, ni pagan horas extras.

En esta guerra por ‘bajar costos’, el mercado laboral de Canadá está lejos de ser el mito que ha circulado por décadas en el mundo, donde los derechos se respetaban y era un país ‘que merecía ser vivido’. De lo que se trata, para las empresas, es de mantenerse competitivas a nivel local e internacional, al precio que sea, usando mano de obra barata y vulnerable gracias a las políticas inmigratorias del Estado canadiense y el clima de racismo que también caracteriza a esta sociedad.

Asociación de Trabajadores de Agencia de Trabajo Temporal de Montreal

Abril-mayo 2015

Fotos: Luigi Pasto www.luigipasto.com

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