EL MAR ES LA PAMPA DEL SIGLO XXI

¿Qué hace la Argentina en la Antártida? Está. Tiene presencia, investiga, habita, construye, va y viene, es parte de la cosa. Como le gusta decir a algunos, es un ‘jugador’, un player en esa cuestión. Cuando se pretende debatir en profundidad el tema de Malvinas y los derechos soberanos en el mar, el país hace agua porque se recuesta en  principios -indubitables- pero no ejerce soberanía porque ocurre lo contrario: no se está presente en el Mar Argentino, no se investiga, no se lo habita, no se es parte de la cosa. Todo eso hasta que llegó el proyecto Pampa Azul. Una de las mayores iniciativas de política de Estado de los últimos 20 años.

A fines de marzo de 2016, un aval de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental integrado por 21 científicos de renombre, que depende de la Convención del Mar de la ONU, confirmó lo que venía estudiando la COPLA, Comisión Nacional de Límite Exterior de la Plataforma Continental. La COPLA nació en 1997 y luego de la crisis del 2001-2002 retomó bríos hasta que el ex Canciller Jorge Taiana, en 2009, hizo la presentación formal en la ONU donde los científicos demostraban que la plataforma continental argentina va más allá de las 200 millas y se extiende a las 350 millas marinas. Traducido: hasta 12 millas marinas el país tiene soberanía absoluta, hasta las 200 millas es ‘zona económica exclusiva’ (y ahí se entiende las persecuciones a los barcos pesqueros que ingresan furtivamente, los persiguen y de vez en cuando los cañonean) y ahora esa exclusividad va más allá, hasta las 350 millas.

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El Plan Nacional de Ciencia y Tecnología identificó en 2012 el tema de los recursos oceánicos como una industria estratégica. El Dr. Alejandro Mentaberry, Coordinador Ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico (GACTEC) en una entrevista a purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis afirma “uno miraba el mapa y confirmaba que ahí hay todo un país vacante. Eso estuvo así en un cierto limbo hasta que la presidenta Cristina Fernández lanzó esa idea de la Pampa Azul, en un discurso en la Patagonia; pero antes el Ministerio ya había empezado a trabajar con el tema del mar. Al principio nuestro objetivo era muy modesto: proyectos dirigidos a la innovación productiva que es el eje central del Plan Nacional. Esos son unos 10 sectores económicos vinculados, o sea, industria naval, transoceánica, puertos, piscicultura, la pesca, la geología marina, yacimientos de gas y petróleo, turismo. El mar es realmente un gran país. Para tener una cierta idea de lo que representa el mar, la economía norteamericana tiene un 20% de su PBI vinculado al mar, y nosotros tenemos vinculado al mar el 1,5%, que son las pesquerías y un poco de turismo. Estamos haciendo un estudio ahora con un grupo de economistas para trazar una prospectiva de qué podría pasar si tenemos un desarrollo de estos sectores con una mirada a 10 y a 20 años. Y los números que están saliendo son monstruosos, incluso en un horizonte pesimista, dado que es muy difícil trabajar si no hay datos firmes que lo apoyen. Hay que hacer muchas inferencias para poder pronosticar. Pero tomamos las peores cifras y nos llevan tranquilamente a que el mar puede representar entre un 10 y un 15% del PBI. Y entonces decimos: esto no es un tema folclórico ni cultural solamente, sino de explotar los recursos propios”.

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Las cifras del quinquenio 2010-2014 confirman que la Pesca marítima de altura, de peces y mariscos totalizó entre todos los puertos (los de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) 3800 millones de toneladas, en tanto que el total de lo que el país exportó en 2015 en este rubro representó apenas 1580 millones de Dólares, sobre un PBI estimado en 540 mil millones de dólares a diciembre de 2014. O sea que el inmenso mar no mueve el amperímetro de la economía argentina.

“Cuando arrancamos, vimos que en el ámbito de la investigación teníamos casi 100 años de estudios del Servicio de Hidrografía Naval y datos compilados con un enorme paralelismo en todo lo que se hacía, de gente que no se comunicaba dentro de las propias áreas de gobierno. Y a la descoordinación e incomunicación hay que agregar un problema grave: los recursos presupuestarios eran ínfimos. Nosotros tenemos ahí como un millón de kilómetros cuadrados dentro de la Plataforma Continental y para trabajar en todo ese territorio teníamos barcos obsoletos, poquísimo dinero, recursos humanos muy reducidos. Hicimos un cálculo sobre la base de los proyectos que están en curso actualmente, y entre investigadores, tesistas, técnicos, los operadores que manejan los barcos,  solo 1700 personas en todo el país. Y eso no guarda ninguna relación con el desarrollo de todo lo que estamos hablando. ¡Claramente no todos son investigadores! Los puertos hay que desarrollarlos, la flota mercante no existe porque la destruyeron, los barcos de investigación que tenemos promedian los 40 años y les estamos estirando la vida útil”, indicó el funcionario.

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“Pampa Azul en tanto que Iniciativa Nacional nos permitía articular entre áreas de gobierno y al mismo tiempo hacer una bajada territorial hacia las provincias litorales que eran parte del asunto, porque uno mira el mar y dice ‘el mar es muy grande’. Pero la batalla por el mar se da en las costas y en las ciudades costeras, que es donde tiene que estar el desarrollo económico. Adicionalmente, tenemos el diferendo en el Atlántico Sur que es obvio (Malvinas y el Antártico) y que no podemos obviarlo cuando se diseña una política específica, tan es así que hay un área de exclusión que nosotros consideramos nuestro propio territorio… Y entonces también tenemos que encuadrarnos en las políticas de Cancillería, pero tampoco podemos dejar de lado las políticas de Defensa o de desarrollo territorial. Todo eso es lo que pasa cuando uno enfoca el tema como Iniciativa Nacional. Por eso mismo, lo que resultaba más claro para desarrollar el tema del mar era la actividad científica que es la actividad más neutra y la más fácil de articular. Nosotros no podemos desarrollar la Patagonia, pero sí podemos ser parte de ese desarrollo a través de todas las economías vinculadas al mar. Para que el Poder Legislativo aprobara en 2015 el PROMAR (Programa Nacional de Investigación e Innovación Productiva en Espacios Marítimos Argentinos) y creara un fondo permanente para la investigación (a la fecha, son 250 millones de pesos y está pendiente de instrumentación por parte del presidente Mauricio Macri), hubo que señalar claramente: acá hay una fuente de riquezas para el país que nadie la mira y hay otros que sí la miran.

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Pampa Azul dice: el conocimiento al servicio de la soberanía, y eso es exactamente presencia territorial. Quiere decir que este es nuestro espacio marítimo, que vamos a estar en él, que vamos a tomar posesión de él, vamos a explorarlo y saber qué hay. Soberanía implica cierto concepto de protección, de uso de las cosas como propias. Difícil defender lo que no se conoce, y conocemos muy poco.”

El mapa construido por los especialistas identificó 5 áreas geográficas prioritarias: el Talud Continental o Agujero Azul, considerado el más productivo; el Banco Burdwood-Namuncurá, una meseta submarina ubicada a 150 kilómetros al este de la Isla de los Estados con aguas que llegan a los 3 mil metros de profundidad y que fuera declarado Área Protegida marina en agosto de 2013 por el Congreso; la zona del Golfo San Jorge que está frente a las provincias de Chubut y Santa Cruz y donde hay la mayor zona de pesca del calamar y posibilidades de explotación de hidrocarburos off-shore; los espacios marítimos de las Islas Georgias y Sandwich del Sur, o sub-antárticas; y los Estuarios bonaerenses, vinculados con el inmenso Río de la Plata.

BARCOS PARA INVESTIGAR, CONOCIMIENTO PARA ACTUAR

Argentina tiene 10 barcos de investigación entre los de Investigación pesquera, el Conicet, la Prefectura Naval y los Antárticos. Hay una flota de investigación. “Estamos intentando compensar con el número de barcos lo que no tienen de modernos y de equipamiento”, explica Mentaberry, Doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de Buenos Aires. “El dilema que enfrentábamos era: diseñamos barcos que estarán listos en 10 años o actualizamos los que tenemos y compramos nuevos barcos. Claro que queremos construirlos en el país porque eso reactiva la industria naval, pero al mismo tiempo demora la investigación. Entonces el consejo fue comprar barcos de investigación usados en buen estado; mantenerlos, equiparlos, reequiparlos y hacer lo mismo con los que ya tenemos, y con eso vamos a ‘tirar’ 10 años más, mientras tanto vamos a diseñar nuevos barcos pensando en la investigación del futuro.

Se compró un barco nuevo, que es el Austral, que era un barco alemán que estaba en condiciones de mantenimiento perfecto, que estaba rankeado como el mejor en el mundo; el Estado alemán se portó muy bien con nosotros, nos hizo un precio que es casi un regalo. El barco era para prospección petrolera y geológica, de investigación oceánica, con 13 laboratorios y todo el equipamiento y ya está en el mar, saliendo para el Agujero Azul. Le cambiamos una sonda multiaxial noruega que permite hacer los mapas de fondo de hasta 2500 metros de profundidad. Tiene 25 investigadores y 25 tripulantes. ¡Un barco grande! Compramos un robot autónomo que permite bajarlo con un satélite desde tierra directamente, un paquete de instrumentos que navega por su cuenta con energía solar; con la Universidad de Tandil también se hizo un robot submarino que se supone que llega hasta 500 metros de profundidad; se compraron algunos robots submarinos a través de Prefectura, y la Prefectura compró un submarino de dos plazas. Tenemos que equiparnos. Al mismo tiempo se avanza para completar el buque Almirante Irízar. El INVAP le hizo los radares navales. O sea, integramos acciones de todo el gobierno.”

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Queda claro que el trabajo tiene que avanzar en varios aspectos al mismo tiempo: la investigación, un cambio cultural, un importante salto cuantitativo y cualitativo en la formación de profesionales técnicos y de investigadores, la integración de los proveedores nacionales para los desarrollos tecnológicos, decisiones políticas y de la sociedad civil en las provincias costeras.

“La idea es realizar investigación integrada que tome todos los aspectos, y tener una foto general de los ecosistemas y de los recursos en forma geolocalizada, con modelos que permitan trabajar sobre la dinámica de este tema, ver qué pasa con el cambio climático y tener entonces un programa de investigación para todos los años, o sea, hay que medir eso todo el tiempo, sacar conclusiones, modelar, monitorear poblaciones, ver el estado de contaminación, avanzar con las cartas geológicas de fondo.”

La necesidad de más recursos humanos activó a las universidades. Toda la formación se hace en instituciones estatales. No existe la formación en esta área en universidades privadas. Los que buscan un vínculo con el mar y la investigación se forman en las universidades de Mar del Plata, la UBA, las de La Plata, Bahía Blanca, la San Juan Bosco, la de la Patagonia y la de Tierra del Fuego. Y también están los institutos del CONICET, el de Investigaciones Pesqueras, el de Hidrografía Naval. Alejandro Mentaberry, que lleva 30 años como investigador del CONICET remarca: “Las del Comahue y la de Río Negro empezaron a trabajar con nosotros en la zona del Golfo San Matías. Convertimos en interinstitucional el Instituto Almirante Storni que era del CONICET, algo estamos haciendo en Bahía Blanca.

Debemos ampliar las estructuras de investigación sobre el litoral marino: por e10277729_719634651434406_976216416070313705_n-1-530x383so se triplicó la superficie en Ushuaia y reforzamos la de Puerto Madryn. Porque los barcos avanzan, recogen datos y luego vienen 2 o 3 años de procesamiento de esa información en tierra. La tarea entonces es en el mar pero también es en tierra, y la investigación de los barcos es cara: el Austral con sus 25 tripulantes y 25 investigadores en alta mar implica entre 10 y 15 mil dólares diarios, y una campaña de 50 días requiere hasta 700 mil dólares. Pero hay que decir que uno no puede tener parado un barco en la costa sin perder plata, porque mantenerlo aunque esté parado, son 5 mil dólares, algo similar a lo que sucede con los grandes aviones de pasajeros. Para ser rentable tiene que estar navegando y debiera navegar 300 días al año, y ahí emerge el cuello de botella de los recursos humanos. Si la Argentina tiene 10 barcos razonablemente equipados no tiene los científicos y los técnicos para llenarlos, porque además ¡no pueden estar todo el tiempo embarcados! Hay zonas en el Atlántico Sur donde el tiempo real de investigación es una fracción del tiempo total porque el clima es tremendo. En el banco Burdwood-Namuncurá los barcos van hasta Isla de los Estados, hacen estación ahí, y entran en el banco cuando el clima se abre, pero eso es una vez cada tres días. Y hay olas de 14 metros. Cuando uno los ve trabajando, totalmente atados para no caerse en las embestidas de alta mar, uno se aterra. De hecho hay quienes hacen la carrera pero luego no pueden subirse a un barco porque se marean.

Estamos trabajando en más documentales para que la gente tenga una visión vívida de lo que es el mar. El mar no es lo que se ve en los viajes, en los cruceros.”

Sin dudas, insiste el Doctor Mentaberry, “uno de los temas tecnológicos es avanzar con la industria naval, y queremos avanzar con un barco de investigación adecuado no a la realidad de ahora sino a la que va a haber. Trabajamos en un barco de diseño futurista. Eso nos permite trabajar muchos paquetes tecnológicos, o sea, desde el casco a las comunicaciones, todos son paquetes tecnológicos. Hemos trabajado con la CONAE en los mapas satelitales, geolocalización, etc. Y ahora ARSAT va a estar mucho más cerca del Ministerio. Para los satélites de tierra está trabajando el INVAP, que está muy avanzado con los sistemas de radares navales y estamos discutiendo la posibilidad de armar radares costeros, para la vigilancia del tráfico marítimo y en el espacio, que nadie lo puede ver: si los barcos extranjeros apagan sus señales de localización, no los vemos. Esos radares que planteamos son de barrido horizontal, ven hasta 200 millas. Lo que vemos con los satélites está bastante bien, de hecho vemos los 300 barcos que están ahí depredando el calamar en San Jorge. Todo ese trabajo desde los satélites, con los radares, con los barcos es ocupar el espacio marítimo”.

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LA BATALLA CULTURAL PARA MIRAR AL MAR COMO PROPIO

“El mapa del país en 1880 prácticamente se acababa en la provincia de Buenos Aires. Y el único mar que veíamos era el de la provincia de Buenos Aires. El desarrollo argentino frente al mar desde la época colonial fue a través de enclaves españoles para evitar la entrada de otros países, especialmente los franceses, porque los Borbones tenían claro qué querían los otros, y los franceses querían la Patagonia. Eso es lo que dio origen a Carmen de Patagones, por ejemplo. Pero no había país detrás de eso: tenemos que pensar que en la zona Magallánica no había fronteras, era un área binacional, se desarrolló más desde Chile que desde Argentina”. Mentaberry califica la conciencia del mar como “muy borrosa porque viene mucho después de la organización nacional. E incluso la Patagonia durante un largo período fueron territorios nacionales, no provincias.”

“Los galeses, dice, hicieron más por la Patagonia que el Estado Nacional. El resultado de todo eso es que el país nunca miró el mar. Para los argentinos el mar es la playa o los fenómenos que surgen en la década del 80 como ver las ballenas. Todo es muy bonito, se mira como una ‘pampa azul’, pero en verdad es un espacio tridimensional complejo y dinámico, y de eso no tenemos nada en la cabeza. Por eso estamos haciendo los mapas para mostrar que abajo hay territorio, no solamente agua. La única forma de revertir todo esto es con persistencia y con educación, con divulgación científica, con debate político. Y en eso tenemos un déficit serio”.

Pampa Azul es una pasión. Y emerge del discurso del Coordinador Ejecutivo del Gactec. “Sabemos que el Ministerio solo no va a resolver los problemas económicos y sociales de la Argentina. Es al revés: lo que hay que hacer es usar y apoyarse en la Ciencia y la Tecnología para resolver los problemas. No va a ser un Instituto aislado en medio de la Patagonia lo que resuelva la población de la Patagonia, sino las políticas integradas. Para eso apuntamos a que exista una Agencia Nacional. Como ministerio trabajamos para que la Agencia surja a partir de ese trabajo, no por un Decreto. El decreto es un moñito. Si uno tiene los fondos, las estructuras -como las 20 Comisiones que se formaron con grupos de hasta 50 personas debatiendo y aportando-, si se tiene la agenda, lo demás es diseñar una institución que será interministerial…y tal vez para fines de 2017 la Agencia va a existir, y ahí se va a acabar Pampa Azul, pero se va a acabar bien, porque habrá prohijado la Agencia. Uds. me preguntan la relación entre este Pampa Azul y aquel intento de trasladar la Capital Federal a Viedma. Creo que si no cuajó es porque los proyectos hay que pensarlos como Iniciativas Nacionales y tienen que consolidarse como política de estado y con actores. Si no…

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Entonces, ¿qué es Pampa Azul? La última frontera de la Argentina es el mar. Es el territorio que en el siglo XXI hay que conquistar. Así como se pensó la pampa ahora es esta otra pampa. Y ya estamos pensando en un Pampa Blanca, con un proyecto integral para la Antártida.  

purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis expresa su máximo agradecimiento al equipo de Prensa del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva por la colaboración para esta producción y por la provisión de documentos y material fotográfico.

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