EL BOLSÓN. HIPPIES, MAPUCHES Y ECOLOGISTAS

escribe Darío Bursztyn -  producción en El Bolsón: Nora Santana


El sueño dorado de unas montañas con bosques y lagos apacibles, con ríos que hacen cantar a las piedras, con flores y senderos, con aire puro, aquello de la “Suiza de Sudamérica”, todo eso se resquebrajó.

El Bolsón, en el límite cordillerano entre Río Negro y Chubut, que recibió durante décadas a jóvenes artistas, libertarios y hippies es el ojo del huracán de una zona codiciada por los nuevos conquistadores que pretenden loteos turísticos y arrasar con parte del paisaje, incluyendo el paisaje humano.

La Marcha por el Agua del verano 2017 convocó a más de 5 mil personas de una población de 10 mil. Persiste, se respira allí una frase que ha encarnado en la sociedad argentina: NO es NO. No a la violencia de género, no a la megaminería, no a los agrotóxicos, no a la corrupción, no a violentar los derechos ancestrales de los originarios…no al agua como mercancía.


Sergio Rojo, Juan Vargas y Daniel Lugones son algunos de los cientos que dejaron todo entre 1976 y 1980 para probar una nueva vida en El Bolsón. Testigos directos de lo que era y lo que es. Protagonistas de más de un combate por la vida que derivó en estas nuevas luchas sostenidas por la comunidad.

Sergio llegó en 1976. Es orfebre platero, y la charla con él se dio en la Feria de Artesanos, que reúne a lo mejor que tiene la localidad. Cuando llegó se instaló en medio del bosque, “me ubique en la otra margen del río Azul, hasta que cuando tuve los dos chicos me di cuenta de que podía cruzar solo cuando me lo permitía el río y eso no estaba bueno, así que decidí mudarme a Mallín”, dice. “Yo buscaba un lugar. En ese momento no había formado una familia...viajé por América y no tenía un lugar a dónde volver. Cuando terminé todo ese periplo me di cuenta de eso: no tenía a donde volver, y alguien en una conversación me habló de El Bolsón”. “Hay pocos lugares como El Bolsón. Con cosas para hacer, para desarrollarse, es un lugar que contiene. Tenemos el privilegio del clima y estamos protegidos del resto, es como que venias acá y no te jodían. Todavía existe la visión de El Bolsón bucólico, y una gran mayoría viene por eso, porque el lugar es maravilloso, y es por lo que vinieron los hippies en aquel momento, pero ahora lo vemos con tristeza porque bajó el nivel de expectativas. No sé si los que venían eran hippies. Eso de hippie fue como un modo de los NyC (nacidos y criados) y de los paisanos para definir a los que venían en esos años, era una forma de identificarlos. Y los que venían, hay que decirlo, traían un arito...Hubo resistencia en los primeros tiempos hacia los que llegaban...ahora están muy mezclados y los paisanos tienen una aceptación mucho más grande”.

-- ¿Tu historia personal o grupal se vincula con la lucha por el agua, el agua para todos, la tierra para todos?

“En aquel momento el compromiso con el medio ambiente en El Bolsón estaba de hecho; pero luego con la construcción de la ruta 40 llegaron los sátrapas, el capitalismo, el dinero, una clase pudiente, gente con otros recursos y otras metas, y otros propósitos”.

-- ¿Aquellos paisanos y los que llegaron en tu época están unidos en el reclamo por el agua? ¿Quién es Joe Lewis?

Estamos todos hermanados porque Lewis es quien viene a apoderarse de todo lo que naturalmente es nuestro y es de todos. ¿Por qué con Lewis precisamente? Porque es quien tiene el capital para comprar voluntades y si se lo deja, imaginate...

Pero El Bolsón tiene un espíritu de cohesión, porque fijate: en Santa Cruz este tipo cerró una ruta nacional que le permitía a los pescadores de mariscos pasar y llevar su producción, y no hubo movida, apenas una resistencia significativa. Y uno se pregunta. ¿Cómo no hubo resistencia frente a eso? Porque Lewis construyó un aeropuerto, y con eso compró consenso. El ‘progreso’ tapó a los mariscos, a los productores y a las necesidades del conjunto. Y en la misma situación está el camino del Foyel al Cerro Perito Moreno. Lewis compra el campo de los Montero, que hay que decir que si querías pasar el Escondido te cagaban a tiros. El camino de por sí era inaccesible, pero ahora es inaccesible no porque sea difícil el acceso o porque los Montero te estén apuntando, sino porque está literalmente cerrado. El gringo alteró el ambiente porque construyó un camino para cuatriciclos alrededor del Lago y eso implica un impacto ambiental que no se tuvo en cuenta. Sospechosamente, las autoridades desconocieron las normativas. Te explico: en los mapas aparece verde, amarillo y rojo, en función de lo que se puede y no se puede hacer o tocar en zona de montaña, protegida, bosque nativo, etc. Lo que los funcionarios sabían que estaba en rojo, raramente pasó a amarillo y con eso Lewis avanzó...

-- O sea que todas las movilizaciones y el acampe en Plaza Pagano no son una casualidad.

Hay una ética, un espacio en este lugar, y los fundamentos de eso es lo de los originarios y lo que los que llegaron vinieron a buscar.  Un lugar de paz, de armonía con la naturaleza. Se valora en serio el agua y la naturaleza en general, por encima de los intereses comerciales o individuales porque en los ‘90 llegaron otros fulanos menos visibles o menos polémicos que Lewis y ese espíritu de defensa de lo colectivo y la ecología se mantuvo. El pueblo de 3500 habitantes pasó a más de 10 mil; tenemos el río contaminado sin playa y el calentamiento global hace que no tengamos nieve. En Mallín hace unas décadas teníamos hasta 70 cm de nieve y varias veces al año. Hoy no pasa de los 10 cm. También influye en todo esto la industria del turismo. Se han construido muchísimas cabañas y casas; se ha loteado lo que era bosque y playa de acceso al río QuemQuemTreu, y eso te da la escala humana de cómo creció El Bolsón y qué pasa en cierto sector con tipos como Lewis...porque atrás de la idea de progreso (agua, gas, luz, telefonía, internet) está el impulso de los negocios inmobiliarios.

Yo espero que se continúe protegiendo este hermoso lugar, que la gente buena no contamine, que se preserve el agua y las riquezas naturales. Porque de eso no se vuelve”.


El encuentro con Juan Vargas y Daniel Lugones entrelaza la historia del pueblo y sus historias personales.

Juan llegó en 1977. Un muchacho de 23 años, militante social del cristianismo de base, de la mano de Auyero, Emilio Mignone, Humanismo y Liberación, el SERPAJ. Buenos Aires estaba irrespirable, y El Bolsón prometía. Para llegar había que atravesar rutas complicadas, pero el premio era una vida más ‘vivible’.

Daniel es músico y poeta. En 1980 con menos de 20 años llegó a Bolsón con su guitarra desde la provincia de La Pampa. Sentía ahogo y el verde de la cordillera prometía. La ciudad, el cemento le ‘hacían síntoma’. Otro hippie.


Juan no venía con conocimientos agrícolas ni ganaderos, pero aprendió, y apenas llegó vivió lo comunitario. El SERPAJ no tenía sede y se sumó a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, APDH.

Juan: “Creo que se dio algo que yo dije alguna vez y sigue repicando… Si llega a venir el turismo se va a encontrar con un paisaje extraordinario, bello, como todos lo conocemos, porque esto en el año 77 – 80 te dejaba culo para arriba, porque no había casas, nada. ¡Imaginate los cerros, los montes! Me levantaba todas las mañanas y me decía ‘como carajo Dios me dio la oportunidad de estar acá, de vivir acá’. 

Lo decimos hoy, date una idea. Entonces, volviendo a la frase, yo decía que si construían la ruta la gente iba a ver el paisaje pero el paisaje humano iba a quedar atrás. Porque ojo, ya en esa época había muchos bolsones de pobreza, gente indigente, los padres que abusaban de sus hijas, esa era una realidad, no era una panacea. Mi lucha era que si no mejoramos el paisaje humano, si no tenemos conciencia de que el paisaje humano tiene que ser perfecto, es al divino botón que nos ocupemos del turismo...y nos dieron con todo. 

Daniel: “Acá hubo un antes y un después con la ruta. Hay una frase que dice que si no planificas, planifican. Y eso nos pasó. Cuando iban a construir la ruta nos opusimos, y nos llamaban la máquina de impedir porque decían que nos oponíamos a todo. Pero lo que decíamos es que si nosotros no sabíamos lo que queríamos, cuando hicieran la ruta nos iban a pasar por encima. A la clase media, al poder de acá le salió mal. Aquellos que especulaban con la ruta para hacer negocios, cuando la ruta se abrió vinieron otros mucho más poderosos. Y no sé si eso ellos lo habían previsto. El poder siempre se asocia al poder pero muchos salieron averiados”.

-- Bueno, pero ustedes tenían una mirada humana comunitaria, y los tipos querían negocios...

J: “La gente de aquí no estaba preparada para recibir todo este cambio. Y también está el tema de una migración que viene a partir de que vos vendías un departamento de 100 mil dólares en Buenos Aires, te comprabas tres terrenos de 600 metros cada uno por 5 mil dólares en lo que hoy es el barrio más exclusivo de Bolsón, el barrio Los Abedules. Te sobraban 75 mil dólares para construir. Y entonces de ser un empleado allá hubo gente que saltó a ser un empresario turístico en El Bolsón. Para ese entonces, de aquel pueblo en el que no había televisión, no había teléfono...porque te cuento que cuando yo vine en 1977, la comunicación telefónica era en una cabina dentro del Correo. Vos le dabas el número a una telefonista que te atendía, ella te hacia la llamada pero vos no hablabas para nada con tu familia en directo. Era la telefonista que te decía “dice su mamá que está bien y que le manda saludos”. Te aclaro que cuando se abrió la ruta ya había tv, teléfono, y había radios y luego internet...Los negocios no empezaron con Lewis, y las luchas tampoco

-- ¿Y cuándo empezaron?

J: “1985 es una fecha clave en la zona...en ese momento hubo un plan para inundar Epuyen (NdeR: localidad vecina en la provincia de Chubut) y hacer una represa. Eso fue un escándalo en la época de Alfonsín cuando el gobernador era Álvarez Guerrero. La comunidad no quería en absoluto esa represa y además si se hacía, el pueblo desaparecía”.

D: “No se cortó la ruta. Hubo muchas formas de protesta para pararlo. En ese momento la única radio que había era Radio Nacional El Bolsón y dio mucho espacio, le dio voz la lucha”. Se viajó por todo Río Negro, se viajó a Buenos Aires…Ahí donde iba Alfonsín, ahí se iba a manifestar. Y la represa no se hizo.

J: “Los chicos de Epuyen eran terribles, muy esclarecidos, muy consecuentes. Eran como gauchos con el tridente en la mano...Epuyen tenía una capacidad artística fenomenal, porque estaba Jorge Leibiker, un compañero nuestro. Mandaba payasadas, ¡hacia mil cosas! La lucha tenía la singularidad de ser artística”.

El otro hito en la lucha por el agua y por el espacio comunitario fue en los años 90. Durante el menemismo se intentó construir la planta de desechos nucleares de Gastre. Auyero y mucha otra gente renunció a la Democracia Cristiana por el acuerdo con Menem. ¡Y vino el indulto! Recuerdo que nos encontramos con Daniel en la calle y estábamos desesperados porque llamábamos a marchas por todos los medios posibles, y las marchas eran insuficientes porque la gente acá si le decís “el agua” salen todos.

...Si le decís DDHH no es lo mismo, y políticamente es igual...la gente no se mete.

Hubo una marcha que terminó mal, me acuerdo que fuimos a Radio Nacional que estaba un menemista metido ahí, rodeado de gendarmes, que no nos dejaron pasar porque queríamos que se divulgue un documento muy contundente que habíamos elaborado por el indulto. Y teníamos angustia de no haber podido movilizar gente...y entonces organizamos algo en la Escuela de Educación Especial, un encuentro que lo llamamos ‘Contra Gastre’; porque Menem había dicho que no iba a hacer Gastre. Y nosotros dijimos que no había que creerle a Menem. El encuentro en la Escuela 140 fue tremendo: pasaron 850 personas, vinieron a tocar un montón de bandas. Los artistas locales aparecían entre la gente vestidos como fantasmas blancos como si fueran desaparecidos, y 'enchufamos' el indulto en el tema Gastre.

D: nosotros viajamos a Gastre, en colectivos, inclusive hicimos una obra de teatro ahí. Vino el capo máximo de seguridad nuclear de la CNEA, tuvimos una entrevista con él de donde salió la famosa frase: “la vida misma es un riesgo”, dijo, cuando ya se quedó sin argumentos. Y entonces dijimos...si el capo máximo en seguridad nuclear dice que hay riesgo… Y nosotros giramos luego una obra que se llamó “El supositorio nuclear”. Aprovechábamos el verano en la costa de Río Negro y Chubut, en Las Grutas, más hacia el sur también, Madryn, Playa Unión. Éramos como una cofradía hippie...con los nenes, con todo. Pero íbamos militando con eso y nos trajo de vuelta al Bolsón el incendio del 86. Ahí también hubo mucha solidaridad y mucha unión con los brigadistas que venían de afuera.

--La ruta, Epuyen, Gastre. Y llegó Lewis

J: “La llegada de Lewis es la llegada de los nuevos conquistadores. El tipo llegó en los 90.Y lo primero que hizo fue comprarle los campos a los Montero, que era un campo inaccesible de una familia sumamente belicosa, nadie entraba en su campo. Sabías que entrar al campo de los Montero sin permiso era para morir...hay historias más que escabrosas con respecto a esta familia, que eran 4 hermanos que vivían en un lugar privilegiado. Pero vivían en un lugar que...mirá, las leyes de Tierras son muy ambiguas. En Río Negro, si se quiere utilizar eso de que estamos en zona de frontera y hay que poblar, se utiliza...Si no la querés, utilizar ya se sabe. Obviamente Lewis estaba casado con el gobernador de turno. Antes de venir a comprarle a esta gente estaba arreglado con el gobernador Saiz. Siempre apuntamos contra la Dirección provincial de tierras.  Tiene la complicidad absoluta de ellos. A lo largo de...siempre. Lo que pasa que a Río Negro jamás se le había presentado un millonario de semejante magnitud. Pero a Río Negro no lo beneficia en absoluto. A los funcionarios es a los que beneficia.

D: ¡es verdad! Son tierras que no se pueden vender. Son tierras que le otorga el fisco a pobladores que tienen un destino productivo, que no se pueden vender. Es que esto tuvo todo un circuito. El comienzo de Lewis es así. Después fue comprando más, más y más. Y eso fue armado desde el poder político. Porque se fue vendiendo y revendiendo hasta que llegó a las manos de Lewis. Con testaferros y demás. Este hombre llegó comprando voluntades, o sea, armando todo lo que la gente desea tener pero le cuesta tanto. Por ejemplo un espacio deportivo, canchas de fútbol. Cuánto le cuesta a un club tener una cancha para jugar, entonces armó un paraíso allá con animales exóticos. Canchas de fútbol, y empezó a dar trabajo a la gente. A los músicos por ejemplo, para ellos también fue seductor. Gente muy cercana a nosotros armaba los eventos culturales allá. Fue un coro a cantar, y cuando volvía te contaba que habían actuado por exigencia de él, todos descalzos (algunos con agujero en la media) y él estaba con su madre o con una señora quizás o con tres o cuatro más escuchando al coro. Ellos de zapatos y el coro descalzo y por ahí salía y hablaba por teléfono...tal vez ver cuánto cotizaban sus acciones en la bolsa, y luego volvía. A nosotros nos convocaron con un grupo musical que tenía. Eramos como 11, con letras sociales, testimoniales. Jamás nos imaginamos que nos iban a convocar. Esa propuesta vino del intendente Sergio Wisky, muy amigo de Lewis.

Ahora Wisky es diputado del PRO, de Cambiemos. La plata nos venía muy bien, pero dijimos no. No vamos a ir a tocar al palacio de Lewis. Y defender ese no ir, nos fortaleció. Después cualquier cantidad de músicos y artistas que fueron allá se lamentaron mucho de haber ido. Porque recibieron una muy buena paga, pero también un desprecio, porque eran como ser el bufón del rey. Eso fue hace más de 10 años. Yo, lo dije y lo digo, defiendo mi no hasta vencer. Lewis armó también un espacio galería de exposición de cuadros; armó canchas de futbol, de tenis. Que los colegios secundarios vayan a comer hamburguesas y les daba la remera y toda la historia, repartía pan dulce para las fiestas...y en ese marco ofrece hacer un hospital nuevo.

J: el pueblo le dijo que no al hospital porque hubo un verso con eso que quedó instalado como la verdad y es mentira. El se rompió una pierna pero él está instalado a mitad de camino entre Bolsón y Bariloche, o sea que podría haber ido a Bariloche donde hay alta complejidad, oncología, etc. ¡Sin duda! O sea que se lanzó la historia de que como se había roto la pata y no podía atenderse en el pueblo, él quería hacer otro hospital.

D: y ahí aparece o mejor dicho, reaparece la máquina de impedir. Porque así nos llamaban con la ruta cuando la cuestionábamos. No, decíamos, eso lo tiene que hacer el Estado.

J: mirá, la gente en los barrios humildes cuando venían los tipos con la bolsa de pan dulce y otros suvenires que traía la bolsa que regalaba Lewis le decían ‘no, no la queremos, metétela en el culo.

D: en la marcha por el agua hay un elemento clave: Lewis. Si no hubiera sido Lewis no sé si hubieran sido tan multitudinarias las marchas, porque Bolsón en lo que pudo le dijo que no a Lewis. ¡Y los políticos siguen transando! El concepto de la gente de acá es que el hospital lo tenemos que hacer nosotros, el club lo tenemos que hacer nosotros, pero no que tengamos que ir allá al palacio del rey a jugar al fútbol. También intentó hacer un aeropuerto con el argumento de que el aeródromo está mal ubicado. Pero a él le interesa hacer plata con el turismo.

 

El espíritu asambleario, comunitario, horizontal, de base que tiene ya casi 5 décadas y tal vez más, eso es lo que termina explicando la oposición a Lewis.

D: …Y eso iba a ser en la Pampa de Luden que es donde ahora está el famoso loteo en cuestión. O sea que la Pampa de Luden está en la mira de Lewis desde hace un montón. ¿Cómo se frenó eso? Con un plebiscito hace unos 8 o 9 años...el 70% del pueblo dice que no, que el aeropuerto se queda como está. Luego vino lo de la hidroeléctrica, y esa se perdió.  Ahí Lewis hizo una audiencia pública, pero evitó que fuera en Bolsón, la hizo en el Manso. Llevó su gente. De acá ir era un lío y cuando exigimos que se haga la audiencia pública aquí -incluso recuerdo que sesionaron los legisladores provinciales en El Bolsón por un tema de tierras-, y nosotros manifestamos. Casi todos ellos acordaron que estaban en contra de la usina hidroeléctrica que pretendía Lewis, y compartían nuestros criterios y que eso tenía que ser un beneficio para el estado si existía la posibilidad, porque se estaba utilizando un recurso que era de todos, como es el río, el agua...Nos dijeron que sí, luego viajó Van Ditmar que los adornó a todos y votaron a favor de la hidroeléctrica. Eso ya lo construyó y ya le está vendiendo energía al estado con el Sistema Interconectado. Está por el Río Escondido, que luego hace el lago. El río baja en picada y es ideal para eso. Así que esta brecha que se abrió con Lewis explica mucho lo que pasó en estas marchas.

J: Ya que hablamos de marchas, quiero contarles que hubo otra marcha tan grande como la Marcha por el agua, pero que tuvo menos trascendencia, y ahí también aparece el garfio de Joe Lewis.

Hace 4 años atrás el intendente en ejercicio ‘Caleuche’ García, del PFV, le advirtió a un grupo de personas que iba a renunciar porque le estaban ‘chantando’ que él iba a firmar a favor de Laderas, el proyecto de Lewis, y que él jamás iba a firmar eso. ‘Yo renuncio si no tengo apoyo’ dijo, y esa noche 1000 personas se juntaron en el Municipio.

D: Pero atención que eso fue un domingo al mediodía, todos desmovilizados, cada uno en la suya. Había venido esa mañana el gobernador Weretilneck a El Bolsón para pedirle a García que firmara lo del loteo, y ya estaba por firmar pero salió, vio a los compañeros, se negó a firmar y luego se produjo la concentración.

J: de domingo al mediodía a las 9 de la noche. Frío, lluvia, un día asqueroso, gente bailando cueca en la esquina, gente armando fogones en el medio de la calle. Y después de eso se hizo la marcha, que fue la primera y que tuvo 5 mil personas en un lugar que no tenía ni 10 mil habitantes...Eso hizo que el intendente fuera refrendado en su cargo por la voluntad popular. Nunca más le tocaron el culo a Caleuche y nunca más se habló del loteo. Y este muchacho que está ahora, Pogliano, que es un empleado de Lewis -de hecho, era su contador- sale con esta historia de Laderas. Y ahí le dijimos, “¿vos estás loco? ¿Qué te da Laderas? Porque si vos decis que vas a hacer un loteo para hacer una villa para ganar 300 millones de pesos y vamos a reinvertirlo como Estado para hacer lo que hace falta para la comunidad...

D: Y ahí volvió a aparecer la palabrita…’progreso’

J: Lo que pasa que vos al NyC -no al paisano, no al chileno, al NyC que vino acá como a otros lados de la Patagonia y que odia a los negros, a los indios, etc., que nadie le a negar que laburó pero que supo someterlos, y que se apropió de los mejores terrenos (de eso mejor no hablemos...), bueno a esos NyC vos le decís progreso y es abracadabra. Entonces ellos en pos de ese progreso entre comillas te matan cualquier argumento porque “esto es progreso”, y ahí te tenés que meter en una discusión profunda de qué es el progreso. Es que hay cosas que no se pueden hacer, tan simple como eso. Porque hay intervenciones urbanas o rurales o en el espacio en general que tienen efectos que no se pueden medir ni en el corto plazo ni en una distancia corta. Vos haces una obra y luego por ahí los efectos colaterales son 200 kilómetros más abajo. Hace 30 años sabemos que se talaron millones de hectáreas en el Amazonas, y ahora aunque lo nieguen, estamos pagando las consecuencias...porque en El Bolsón hace años que no hay nieve. Por eso, todo lo que se pueda parar, hay que pararlo. Porque está ese factor y está el otro que es la desgracia humana, porque cada vez hay más pobres, más marginales.

Automáticamente con el verso del progreso agrandás la brecha del acceso al acceso. A mí lo que me preocupa son los crecientes bolsones de pobreza, porque Bolsón o Bariloche son en esta zona lugares a donde vienen a buscar algún rebusque o algún trabajo aquellos que ya no encuentran ninguna chance en la Patagonia. Y entonces el tema del “turismo” es como la zanahoria de que el progreso pasa por ahí. Y la verdad es que el progreso o mejor dicho el bienestar pasa porque hay que empezar a la cultura de arreglarnos con la tierra que tenemos, por qué no comprarle al productor local en vez de ir a La Anónima, por qué no intercambiamos entre productores de frutas, de corderos, al legítimo.

Con Lewis tenemos también que decir que hay no menos de 50 o 60 personas del pueblo que trabajan con él. El jardinero, el que maneja la combi, el cocinero, etc. Y eso para este pueblo es mucho. Y aun así, con todo esto que te contamos, el tipo no logró armarse una imagen, una impronta piola de él mismo. Todo el mundo está en contra, le tenemos bronca, nos provoca rebeldía, nos provoca militancia, salir a la calle.

D: yo creo que no es la persona, es lo que representa. Vaya uno a saber por qué tiene tanta necesidad de angurria. El representa y es responsable del hambre del mundo. Lo es. Y se tiene que hacer responsable. Lo mismo pasa con Benetton. Y aunque parezca muy utópico te digo que la única solución es que se vaya, que se vayan. No hay posibilidades de integrarse. No les aceptamos nada. Tienen que entender que no es no, y en todos los ámbitos. No te necesitamos. ¡No necesitamos tus millones! Al contrario, nos hace rebien no tener una mansión ahí. Que vuelva toda la flora, toda la fauna como era antes, que se siembre todo lo que él taló. Porque eso se ve como un gran jardín inglés pero tapó con arbolitos y ciervitos todo lo que han tirado. Es increíble lo que han talado para llegar allá.

--¿Qué decía la gente no militante del acampe?

D: El acampe surge después de la primera marcha. El acampe se armó un día que fuimos a reclamar a la municipalidad, luego fuimos al ACA a cortar la ruta y no se sabía qué hacer. Quedamos ahí en una esquina y ahí se decidió empezar con el acampe. Eso fue entrando la primavera 2016.

J: Entonces ahí ves que hay un hilo conductor en las luchas: primero fue lo de Epuyen, luego lo de Gastre, el no al hospital, el no al aeropuerto, el no a la mina de Esquel -porque fuimos muchos los que fuimos a manifestarnos con ellos- y esos son hitos y obviamente la marcha donde el intendente lloraba y estaba por renunciar y logramos parar todo eso.

D: El acampe, para mí, tuvo tanta resistencia de la clase media...ahí volvió el discurso de son hippies, son sucios...”como no tienen donde estar entonces arman el acampe”. Ahí se armaron las guitarreadas y ellos decían “dejan todo sucio”. Fue impecable. Fue un ejemplo de asociativismo, porque digamos que el cooperativismo surge porque los vecinos se juntan para resolver algo que no resuelve el estado. Y en ese acampe yo vi que fue increíble como se unió la gente como se unió para reclamar por un problema, y lo hicieron por convicciones, por principios. Y esos procesos fortalecen mucho. Para no hablar de las adversidades...le pasaban los sábados a la noche con los autos los pibes más chetos del pueblo con los escapes, les quemaban las banderas varias veces, los acusaban de que la mayoría de la gente no era de acá, pero para mí, ese acampe hizo historia, y duró casi dos meses. Y se levantó después de la segunda marcha. Y antes de levantarlo se embelleció el lugar, dejaron todo limpio...y el Municipio les cortó el agua para que no pudieran regar. Como siempre escuchamos hablar mal de los jóvenes, y bueno, ahí tenés un ejemplo increíble.

--Abril 2017. ¿Qué pasa con Lewis y el loteo después de tanta movida?

J: finalmente el juez dictó el “no innovar”. Porque lo que pasó a partir de lo del ex intendente Caleuche García fue así: él manda una Resolución donde decía que la Municipalidad de El Bolsón no aceptaba el loteo, y eso es lo que se pretendió romper ahora, pero el juez no hizo lugar. Se ganó la lucha, pero por ahora, porque sabemos que no descansan. Se ganó parcialmente de nuevo. Y por eso no es que se levantó el acampe: el acampe no se levanta, esa fue la consigna cuando se levantó. O sea: el acampe está y estamos todos en asamblea permanente y cuando haga falta vuelve el acampe y vuelve la marcha. Estamos. Mañana podemos salir miles de nuevo.

D: yo creo que la lucha ahora pasa por defender mucho los “no”. Porque hoy al ser esta zona un destino turístico de los poderosos del mundo, hay que estar muy fortalecido para defender el no y convertirlo en algo positivo. Para mí va por ahí. Como decía Jauretche...no les jode tanto el rico que te viene a comprar sino el pobre que se vende. Y acá Lewis tiene un montón de gente que está buscando ocupar los espacios. Y los ocupa.

J: de hecho, el diputado nacional Wiski es empleado de él, y la parte visible de El Bolsón. El intendente actual, varios concejales, un montón de comerciantes, gente nueva que llegó de Buenos. Yo creo que hay una cuestión que camina. Lo que está latente. Y si se produce algún tipo de agresión, va a haber una inmediata respuesta, estamos con la guardia bien alta. La Asamblea lo milita diariamente.

D: yo iría para atrás para rescatar cosas que estamos perdiendo. Quizás estemos ganando en cantidad, en tecnicismo en profesionalismo que el progreso se encarga de destruir. Los pueblos que verdaderamente resisten son los que defienden su forma, su manera más allá de los estereotipos. Y Bolsón que ya pasó por lo traumático que es dejar de ser un pueblo y pasar a ser una ciudad, tendríamos que rescatar ese espíritu fundante, eso lazos de solidaridad, eso de volver a que el paisano es sabio y que hay que preguntarle a él antes de tocar un río o hacer un loteo, y creo que eso nos puede ayudar para ir para adelante: buscar atrás para ir para adelante.   

--¿Hay hippies todavía?

D: es un término raro. En los años duros de la dictadura vinimos algunos porque éramos perseguidos, otros porque…lo que pasa es que se lo usa en términos despectivos, y creo que habría que honrarla más esa palabra. Cuando vas al origen, cuando lo conectas con la guerra de Vietnam. Acá cuando quieren desmerecer algo dice “ah, esa hippada”. Pero no hubo hippismo, lo que sí hubo fue espíritu comunitario. Y el triunfo de ellos es que vinieron o vienen a romper los vínculos. Acá lo que hay son jipuches.



Mallín Ahogado. Un punto cósmico en el mapa mapuche por la justicia


Justo Pozo Inalej es Lonko de la comunidad mapuche “Newen-Che”, o sea, gente fuerte.

Desde hace más de 20 años, Justo busca que los integrantes y descendientes rompan el velo invisible de la proscripción impuesta por los poderes, por los blancos, por los herederos de la conquista. Que ser mapuche o saberse heredero de esa gente que poblaba originalmente la Patagonia no es un delito, no es un pecado y que hablar su lengua o seguir sus tradiciones no será castigado.

Asegura que ya en un censo realizado en la década de los ’90 se demostraba que casi el 75% de la población de la provincia de Río Negro era o descendía de mapuche. Desde siempre -un siempre que mueve las agujas del reloj en siglos- se afincaron en los campos, criaron su ganado, aprovecharon con sabiduría los recursos del agua.

A esas tierras llegaron los Roca, los Braun y los Menendez Behety; a esas tierras llegaron los Capraro; allí llegó también Lewis, el último conquistador.

La comunidad Newen Che junto a la Anikon Grande y tantas otras ha comenzado el largo camino de la identidad. En Pampa del Mallín, en Mallín Ahogado, que está a unos 15 kilómetros de El Bolsón, sostienen su producción en chacras y ya dictan a unos 35 alumnos la lengua mapuche. Ahí está también el Lonko Ignacio Prajil. En Mallín como en toda la zona se vive del campo: pequeñas extensiones para producir fruta fina, criar ovejas, animales de corral, lúpulo, maíz, calabazas.

El agua, hasta hace unos años, era un recurso que nadie ponía en duda. Tan simple como eso. Hay lluvias suficientes, hay nieve en las cumbres, fluye el río Quemquemtreu y cada uno tiene la suya. Tenía. La aparición de Joe Lewis ya provocó el ‘manejo’ del agua, y que numerosas familias, incluida la de Justo Pozo Inalej, perdieran casi toda la cosecha de frutilla y frambuesa. Sencillamente en una zona donde siempre hubo agua…se inventó la sequía.

Los mapuches de la Comarca han participado activa y solidariamente con el vasto movimiento social de la “Asamblea por el Agua” que dice “No es No”. El debatido loteo de 750 hectáreas impacta directamente en Mallín, porque está en la reserva municipal Cumbreras de Mallín Ahogado, un territorio que según la Carta Ambiental de El Bolsón, es la garantía del agua para toda esa población, pues allí están las nacientes. Además, el espacio está protegido dentro de la Reserva de Biósfera Norpatagónica.

Foto: Violeta Moraga. Bariloche

Los mapuches, que hace más de un siglo que saben de despojos, motorizaron la “Gran Marcha Mapuche por la Defensa de Nuestro Territorio” que comenzó en Bariloche el 20 de abril y recorrió 800 kilómetros a pie para llegar a Viedma, la capital de Río Negro, el lunes 24, pasando por el Bolsón y otras localidades, donde se fueron sumando docenas de comunidades con el fin de presentar al gobernador Weretilneck su plan de tierras, muy diferente al Nuevo Código de Tierras que dio a conocer el gobierno.

Sus representantes no fueron recibidos por el mandatario y la casa de gobierno amaneció vallada. En su lugar, fueron atendidos por el Ministro de Gobierno, Luis Di Giácomo y el director de Tierras, Diego Lawrie, y en El Bolsón, a la espera de que las comunidades sean atendidas por el Gobernador, fue bloqueado el acceso al Municipio.


María Cona, miembro de la comunidad mapuche, manifestó a Radio Encuentro de Viedma “el gobierno quiere despojarnos de nuestras tierras y meter ahí la minería y el turismo. El gobernador no consultó a los pueblos originarios y a los productores y no nos tuvo en cuenta.”



El documento entregado a los funcionarios y legisladores, con el apoyo explícito de los Obispos Juan José Chaparro (de San Carlos de Bariloche) y Esteban María Laxague (de Viedma), y de la senadora nacional Magdalena Odarda (Frente Progresista CC ARI), sostiene en su tramo final:

(…) Las problemáticas que nos afectan tienen sus orígenes en la ocupación violenta de nuestro territorio a fines del siglo XIX. Con la llegada del proceso democrático iniciado en 1983, el Pueblo Mapuche de Kürrüf Leufú impulsó su demanda por el reconocimiento de derechos sociales y culturales. El eje central fue el relacionado con los derechos de los territorios ancestrales. Hasta ese entonces el Estado nacional, primero, y el provincial, después, nos dio permisos precarios de ocupación basados en miradas colonialistas. A partir de los años ochenta experimentamos avances importantes en términos de obtener reconocimientos de derechos políticos colectivos, tanto a nivel provincial como nacional.

Así en 1988 se logró la aprobación de la Ley Integral del Indígena 2.287, luego de intensas gestiones ante el Estado y Gobierno provincial que duraron 2 años. El espíritu fundamental de esa ley era WIÑOL NGETUAYIÑ (Que nos devuelvan la tierra). Sin embargo, pasados 30 años, debemos lamentar que el Estado provincial no haya tenido la voluntad política de aplicar la ley mencionada. Se trata de una situación injustificable, razón por la cual hoy, como ayer, tenemos que volver a movilizarnos en este FÜTA TREKALEIÑ ÑI INKATUFE PU MAPUCHE NGUEIÑ (Gran marcha mapuche por la defensa de nuestro territorio) para peticionar por el cumplimiento de esa ley y del resto de las leyes y convenios que reconocen y consagran nuestros derechos colectivos a nivel nacional e internacional.

Además de no aplicar estas leyes y normativas, el Sr. Gobernador Alberto WERETILNECK ha ignorado y violado totalmente nuestros derechos territoriales y nuestro derecho a la participación en las políticas que nos afectan, al promover unilateralmente la iniciativa de reformar la ley de tierras 279 y enviar a la Legislatura un Anteproyecto de Ley para la creación del Código de Tierras Fiscales. En dicha iniciativa, el Sr. Gobernador ignora los Derechos Consuetudinarios que tiene el Pueblo Mapuche por ser preexistente al Estado provincial y nacional argentino. Por lo que nuestra presencia, a través de esta movilización, es para manifestar nuestro total desacuerdo, nuestro rechazo a esta iniciativa que atenta contra nuestro territorio que es la fuente de nuestra vida como Pueblo Nación Mapuche asentado en Kürrüf Leufú.

En base a los dicho anteriormente, es claro que no se trata, en esta coyuntura, de crear nuevas leyes sino de aplicar las que están vigentes y nunca se aplicaron, especialmente las que ya regulan la cuestión de la propiedad de la tierra: las previsiones sobre la revisión de la constitución de los títulos de propiedad vigentes que constan en la Ley provincial 2287 y los relevamientos territoriales que se prevén en la ley nacional 26.160. En todo caso, si se trata de idear nuevos marcos normativos, se debería avanzar sobre lo que aún no se ha conseguido: la instrumentación de los mecanismos de consulta previa, libre e informada establecidos en base a los criterios de Pueblo Mapuche, a los fines de efectivizar la propiedad comunitaria de nuestros territorios. Reiteramos que esta propuesta debe formularse sobre la base de la participación plena del Pueblo Mapuche.

Sr. Gobernador: la tierra no es un recurso para la especulación económica y política. La tierra no es fiscal, es Territorio y constituye la base de nuestra vida social y cultural, de nuestra existencia y proyección como Pueblo. Queremos un territorio sano para nosotros, nuestros hijos y todos los que hoy lo habitan.♦♦


Darío Bursztyn- Periodista- Sociólogo. Especial para purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis
Nora Santana - Psicóloga Social- Contribución especial para purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis