EDUCAR ES PENSAR CON OTROS

Escribe Silvia Ziblat

EL ESTADO QUE SOPORTAMOS

Podría pensarse que el Estado se desentiende de la salud, de la ciencia, de la educación. Es casi lo contrario, entiende demasiado y se ocupa muy bien de que se cumplan sus propósitos, los que, por cierto, dejan fuera de cuento a muchos. El Estado que considera que todo reparto, ni siquiera equitativo, es un crimen; que sólo piensa en el ajuste como variable económica no es un aparato bobo, sino astuto. El Estado del ajuste, austericida, no salva sino a los sectores dominantes, que siempre salen airosos. Diez años después del colapso de las hipotecas hay suficiente documentación en cualquier diario o portal sobre lo que hicieron los España y Estados Unidos de América para salvar a los bancos y las compañías de seguros, no a los que perdieron sus casas, o todo.

Lo económico, entonces, debe estar acompañado de una construcción de inconsciencia colectiva: ahí cabe eso de el mérito, el sacrificio, el pago de culpas. No debe quedar precedente ni memoria, ni vago recuerdo de que las mayorías pudieran estar algo mejor.

Cabe recordar también a Grecia y el austericidio que le impusieron, sobre todo ahora que los más poderosos celebran que el gobierno de ese país pudo volver ‘a los mercados’. Sí vamos a memorizar que ese austericidio lo impusieron el Banco Central Europeo, Angela Merkel, el Fondo Monetario Internacional. En el castigo de esa Santa Inquisición que derrotó un referéndum que dijo NO al endeudamiento y que dejó una deuda inconmensurable, y ocho años de jubilaciones a menos de doscientos cincuenta dólares...El Referéndum y la autodeterminación de los griegos no tenían que sobrevivir, no podía quedar ese precedente.

Los mandamases, en un redivivo de Francis Fukuyama que hace exactamente 30 años postuló aquello de “el fin de la historia”, y que había que pensar en un futuro donde (en apariencia y siempre según ellos) la disputa entre clases sociales estaba terminada, hablan todos los días de “el futuro, lo nuevo”. Y lo dicen para cada espacio, para cada tema, y muy en especial para la educación, que es de lo que estamos hablando.

En economía hay que hacer bien las cuentas. Para la sociedad, también. La economía es ciencia social, no mero cálculo aritmético. Ni siquiera el cálculo aritmético es neutral. Cuantos más estemos mejor, será mejor la idea conductora de cualquier proyecto. Lo cuantitativo no es sólo cifra, sino que se torna necesariamente en lo cualitativo. Suma y resta son operaciones que adquieren cualidad para lo humano.

Ahora, si se considera que algunos números están integrados por culpables -pongamos, los maestros y profesores- que deben ser castigados, los alumnos que “caen en la escuela pública” (recordada expresión del actual Presidente), la cuenta se transforma.

Claro que hay que cambiar, pero la palabra cambio está contaminada, devaluada, apropiada por políticas que retroceden con crueldad, despiadadamente. Así, nosotros somos los nostálgicos y conservadores, apologistas del pasado.

HOMBRE, INDIVIDUO, LIBERTAD BURGUESA

No en vano con la irrupción del capitalismo se inauguró la figura del individuo. Se quiebran las corporaciones medievales que la revolución burguesa tornó inútiles porque no se correspondían con el mundo en expansión. Y se necesitó del hombre liberado de los vínculos corporativos, liberado de la tierra, convocado por las ciudades para la manufactura y luego para la industria. Los artesanos, liberados de las rígidas y ya ineficaces reglas del gremio medieval, que no respondían a la oferta y demanda. Ésta es la libertad burguesa, en una de sus facetas...la libertad del individuo.

También es cierto que para algunos hubo un crecimiento en la libertad genuina, y que influyó no poco en los ideales de todos. Los hombres debían ser libres e iguales, para acceder al poder político sin el condicionamiento de alcurnias o linajes. El que acumula debe ser quien mande, y en ese mundo que se volvió un gran mercado, deben conducir quienes saben de él y tienen puestos allí sus intereses.

Sabido es que el lema de igualdad y libertad, retomado por las clases bajas, ya no era tan promisorio para los acumuladores, y, así, fue siempre reprimido, más allá o más acá de las igualdades ante la Ley.

Sin embargo, el pensamiento de los autores clásicos burgueses tiene sus virtudes. Hegel, y poco antes, Kant, cubrieron la desnudez del mero individuo, necesario para el desarrollo del mercado, con la encarnadura de la subjetividad. El hombre es sujeto, sujeto que puede conocer y controlar la realidad, sujeto que puede pensar y debe pensar con otros, incondicionado origen de acciones morales. Hegel completa la figura kantiana de la moralidad con la de la eticidad: el constituirse el hombre como ciudadano de un Estado moderno. Según esto, el crecimiento en el camino de la libertad que postula Hegel cuando analiza el devenir histórico no resuelve las desigualdades, las justifica y les cierra el camino dialéctico. La dialéctica entre señor y siervo, en la Fenomenología del espíritu de 1806, se desmorona ante el análisis de la desigualdad en la Filosofía del derecho de 1821.

EL CONOCIMIENTO, PORQUE DE ESO HABLAMOS

Por ahora vamos a quedarnos con Immanuel Kant. El sujeto moderno, el hombre ilustrado, racional, está dotado de sensibilidad para la recepción de lo empírico y de categorías de su entendimiento para percibir ordenadamente el mundo según él pueda entenderlo. El sujeto, el hombre, no Dios. Dios sabrá todo, seguramente; el hombre puede saberlo según sus limitadas capacidades, que permiten, sin embargo, un conocimiento no total, pero ilimitado.

¿Cómo opera el entendimiento, a fin de ordenar la recepción de lo sensible? Una facultad extraña obra en el hombre, una imaginación -no fantasía-; una imaginación especial, facultad oscura y difícilmente explicable, que de algún modo elige qué va a categorizar de lo sensible, y con qué categorías. Podrá conceptualizar diciendo: esto es algo, sustrato de tales o cuales propiedades; esto otro es una causa de la que se sigue este efecto, aquello otro funciona como acción recíproca entre los elementos intervinientes. Cómo se categoriza, y qué se categoriza resultan ser obra de aquella imaginación humana. Apelo a kantianos expertos que, por favor, lo explicaran mejor.

El sujeto conocedor, al que Kant atribuye la capacidad de pensar sólo si piensa con otros, es aquél que transita la Ilustración, proceso de revalorización de la razón humana radicada no solamente en el sujeto individual, sino extendida apriorísticamente a un sujeto universal, a una conciencia en general. Deliciosa utopía la de aquellos que, aún reconociendo las diferencias de clase, expresándose acerca de la pobreza, miseria y opresión, no consideran el conflicto más allá de los límites del pensador burgués. Y no habría por qué pedirles más. Su problema, como el de Hegel, queda circunscripto a la constitución de las naciones modernas y al rol de la burguesía. Cada pensamiento es crítico de su tiempo y llega hasta donde puede llegar. La filosofía no es magia ni adivinación.

LA DESTRUCCIÓN DEL SUJETO

La teoría crítica de la sociedad, de la mano de Theodor Adorno y Max Horkheimer, ha considerado el fracaso de la Ilustración, de la cual el capitalismo tardío da cuenta. Lo han hecho desde diversos ángulos. Uno de ellas resulta esencial: Se trata de la confiscación de la imaginación, aquella capacidad mediadora entre la sensibilidad y el entendimiento, la que elige qué y cómo conceptualizar. El confiscador es tan universal e impersonal como el sujeto es trascendental, o sea, condición de posibilidad de todo yo pienso individual. Aquella conciencia en general que se postula para toda la comunidad humana, sostén de las categorías de pensamiento, de la sistematización de lo sensible, de la imaginación que encarna la libertad de elección acerca del conocer, ha sido reemplazada: su lugar está ocupado por el mercado.

El operativo de reemplazo de la imaginación como facultad imprescindible del conocimiento ha sido exitoso.

Confiscada la imaginación, algo imagina por nosotros. Algo así como los “teledirectores” que imaginó Oesterheld en su célebre Eternauta, que volvían a los hombres robots obedientes a la orden recibida.

El (confiscador universal) mercado decide qué se compra, qué se consume, dónde conviene la oferta de un producto y dónde la de otro. Basándose en necesidades reales del hombre -placer, descanso, calor, felicidad-, ofrece el sucedáneo de todo ello. Se decide por nosotros, sobre la base de un espejismo de libertad. El mercado, nuevo Dios ante el cual nos inclinamos, ha confiscado nada menos que la conciencia percipiente y pensante según categorías. Para el consumo de objetos y también en la circulación de las ideas. No solamente lo que se compra, sino también lo que se piensa, lo que puede conocerse y lo que queda vedado. Es el mercado quien dictamina qué es la sustancia y los atributos de algo; el que dice qué sea causa de qué efecto, el que determina cómo funciona la acción recíproca de los factores sociales, políticos, económicos, culturales. Tan universal como la imaginación...es su reemplazo absoluto.

La construcción del sujeto producto de la Modernidad ha sido de-construida: ha quedado el sujeto, de nuevo, desnudo, en su soledad de individuo apenas paliada por, tal vez, la familia, la amistad, las instituciones, la posibilidad de su moral personal, todas contaminadas por Su Majestad el Mercado.

Ya no se piensa casi, ni se piensa con otros. El no pensar resulta funcional a los menos que deciden el destino de sí mismos y de los más.

Los pocos cuentan, en números, y cuentan las versiones, son dueños de los relatos. Los más no cuentan, ni números, ni historias, sino retazos, fragmentos, hilachas de la realidad.

EL NO PENSAR. LA EDUCACIÓN EN RIESGO

Hace mucho tiempo ya que nuestra sociedad incurre en el desprestigio sistemático de los docentes. Ello no es un hecho fortuito, sino producto de un proceso. Para el mercado, el docente gasta; no rinde ni aporta. El docente trabaja poco, y merece ganar poco.

El actual presidente, siendo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, dijo: “no es lo mismo un docente que trabaja que uno que pide licencia”. ¿Cómo dijo? ¿Que pide licencia? Allí, un empresario que jamás pisó el terreno de lo público excepto cuando transitó algunas horas en la Cámara de Diputados antes de aterrizar en CABA, comenzó a transformar el pedido de licencia -sea por enfermedad, por urgencia familiar, por estudio-, en una vagancia. El pedido de licencia que tienen tantos otros trabajadores de otros oficios, que es un derecho, fue convertido en la jerga usual, en haraganería y aún en corrupción.

Sólo así se concibe que se nos diga a diario: “Los maestros no enseñan nada”; “La Universidad la pagamos todos, no es justo, que la paguen quienes quieran concurrir a ella”; “Docentes y alumnos son unos vagos”; “Los maestros trabajan medio día y tienen cuatro (sic) meses de vacaciones”.

¿Sabe acaso el actual presidente o el titular del área en la provincia de Buenos Aires por qué se enferma un docente? Porque un docente trabaja quince horas por día, -y no cuatro, como se dice por ahí-, porque atiende un grado a la mañana, otro a la tarde y es preceptor en la nocturna. La creciente cifra de maestros y profesores con estrés es algo de lo que vienen hablando los sindicatos, aunque las autoridades no lo escuchen.

En suma, la educación es prescindible tal como está organizada, tanto como son prescindibles los usuarios que no alcanzan a pagar el desatino, el robo, la estafa en el pago de los servicios. Mucho de lo que se oye al respecto no es más que fragmento, retazo de pensamiento, falso pensar, repetición de lo machacado, aún por parte de los damnificados.

El Mercado y sus operadores han creado el desprestigio de la educación- tanto como han inventado el necesario sacrificio e inmolación del usuario-, sobre todo de la educación pública y de la educación superior. Si los otros niveles no han sido tan denostados, ello ocurre solamente porque en alguna parte hay que dejar a los niños. Los que trabajan, para poder ir a trabajar; los que no, para gozar mejor de su ocio y que se ocupen otros de la ‘molesta’ presencia de los infantes. Y la educación privada es otro negocio del mercado que, se dice, se ocupa mejor de tan pesada faena.

En consonancia con este proceso, ahora el tema es la eficiencia y el ahorro, mejor dicho, el ajuste. Aterrizan por aquí empresas vendedoras de instrucción con sofisticados programas de enseñanza. Empresas que recibirán sus emolumentos en dólares, que no pasaron por licitaciones de ninguna índole, y que, se supone, nos tornarán más instruidos, más aptos, más eficaces, mejores profesionales. Que premian a docentes globales que recibirán perfeccionamiento en liderazgo. Un verdadero negocio: se reemplazan docentes, se reemplazan instalaciones -tal vez para futuros emprendimientos inmobiliarios millonarios-, se les ahorra dinero a los estudiantes, se les ahorra tiempo de traslado, se los beneficia…

En ese sentido, Tomás Lukin en el matutino Página 12 (https://www.pagina12.com.ar/178994-todo-es-negocio-incluso-la-politica-educativa, edición del 6 de marzo 2019) da cuenta de un trabajo sustancial del Observatorio de las Elites que dirige la socióloga de la UBA y la UNSAM, Ana Castellani. Lukin afirma “Una nueva investigación del Observatorio de las Elites perteneciente al Centro de Innovación de los Trabajadores de la UMET identificó que 9 directivos de las ONG a cargo del proceso de mercantilización de la educación están vinculados de manera directa con el gobierno de Mauricio Macri.

El relevamiento identifica la existencia de 7 fundaciones con acceso privilegiado a la gestión gubernamental: Proyecto Educar 2050, Educere, Eduprensa, Eidos, Enseñá por Argentina, Asociación Conciencia y Fundación Varkey. A los funcionarios y familiares vinculados a las ONG educativas se suman 19 directivos que mantienen lazos familiares o laborales con importantes empresas privadas locales y extranjeras como Banco Galicia, Techint, Arcor, Banco Santander, HSBC, Telefónica y Bunge.

Entre los casos de ‘puerta giratoria’ identificados por el Observatorio de las Elites que dirige Ana Castellani figura el de Victoria Zorraquín.

Directora Ejecutiva de Educere, una fundación especializada en programas de capacitación para directivos de escuelas, Zorraquín ingresó al gobierno nacional en 2016 como Directora de Escuelas Secundarias Agrarias del ex Ministerio de Agroindustria de la Nación y, desde febrero pasado, se desempeña en la Dirección de Formación Continua en la provincia de Buenos Aires.

La asociación civil dirigida por Zorraquín está a cargo desde 2016 de la implementación del Programa de Liderazgo e Innovación Educativa, destinado a la capacitación de directivos de escuelas como parte de un acuerdo suscripto por Educere y la Fundación Varkey.

Como reveló Página12 (en un artículo de Myriam Feldfeber , ver https://www.pagina12.com.ar/177144-educacion-s-a), el acuerdo con la fundación perteneciente al grupo del multimillonario indio Sunny Varkey fue promovido por el presidente Mauricio Macri y el senador Esteban Bullrich.

El cuestionado programa se implementó mediante contrataciones directas por 5,4 millones de dólares entre 2017 y 2019 que permitieron eludir los mecanismos tradicionales de licitación. El informe señala además que Zorraquín es familiar del secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Pablo Clusellas Zorraquín”. Cierro comillas. Recomiendo la lectura del documento completo (ver http://www.citra.org.ar/wp-content/uploads/2019/03/informe-6-Observatorio-de-las-Elites.pdf) para entender que nada de esto es casual.

Resulta importante retornar del terreno cotidiano al filosófico, que no es sino una reflexión sobre lo cotidiano. El vocabulario dice mucho. Los menos ya son irredentos individuos acumuladores; los más, hemos devenido individuos a pleno: manipulados, descuartizados, sobrantes, arrojados al pozo, repuestos reemplazables. El éxito de la individualidad acumuladora está en la vidriera. Sobrevivirá quien sirva al capital. Lo demás es desecho, y des-hecho. Y en la vidriera no hay cultura, porque no es necesaria, hay bienes materiales de uso, rápidamente descartables, como las personas. No importa la cultura, la construcción humana de bienes perdurables. No se venden.

EFICIENCIA, MÉRITO, ÉXITO. CAMBIEMOS

Dice la Fundación de Bill y Melinda Gates que “El aprendizaje en línea mediante programas de computación ha vuelto obsoletos a los libros de texto, y las herramientas digitales son una mejor elección para los estudiantes actuales. Ahora tenemos las herramientas para rediseñar la educación superior para que cumpla con las necesidades de los estudiantes de hoy", explican.

Sin embargo, subrayan que todo esto es un complemento de lo que hacen los maestros, no los sustituyen. Los maestros obtienen un informe rico sobre lo que lee y ve el alumno, qué problemas solucionó bien y cuáles no, y las áreas donde necesita más ayuda”.

Y entonces, ¿quién capacita a los maestros para que puedan ayudar a desplegar esos (¿infinitos?) recursos didácticos? ¿Bill Gates o el Estado harán esa inversión?

Parte de la argumentación es que (dice Gates) “los estudiantes con empleo o familia a menudo no tienen tiempo o recursos para superar efectivamente un ambiente de aprendizaje ineficiente e inflexible diseñado para cubrir las necesidades de otras personas. Las herramientas de aprendizaje digitales pueden ayudarlos a cubrir estos desafíos haciendo a la escuela más asequible, más conveniente y más efectiva”

Sin embargo, hay un factor que el millonario no contempla (¿o sí?) y es que el acceso a internet no es gratuito, y donde es gratuito (un bar, la calle, un centro comercial), no es posible estudiar, escribir, analizar textos o participar de un webinario.

Creen que todo puede hacerse a distancia y con instructores programados. El paraíso educativo, supuestamente democratizado, para todos, sin moverse de frente a la pantalla.

Las formas de educación sistemática han ido cambiando según las necesidades históricas: escuelas monacales para formar eclesiásticos y escribas aptos para las políticas de la Iglesia y transmisores de cultura para quienes podían leer; escuelas catedralicias urbanas para la educación de intelectuales clérigos o laicos de un mundo cambiante según comercio y manufactura; las Universidades medievales, tempranas, y sus escuelas de medicina, derecho y teología.

Ahora bien, la educación sistemática, como institución histórica, no deja de ser contradictoria, porque todo encierra la contradicción que la eliminará o la superará, según los senderos que se transiten.

La escuela, la educación que imparte una sociedad, cualquiera fuere su organización, se dice, reproduce la ideología vigente para formar seres útiles a los objetivos que fija cada política, desde lo tribal hasta las más sofisticadas civilizaciones. La escuela adoctrina, impone una línea de pensamiento. Baste examinar, y ya se ha trabajado mucho en ello, los antiguos libros de lectura de escolares primarios, o las diversas versiones de materias como “cultura ciudadana”, “educación democrática”, “estudios sobre la realidad social argentina”, “formación cívica”, cuyos nombres mismos revelan los cambios de política y el ideal formador. No obstante ello, se trata sólo de una parte de la verdad.

Una institución es un lugar de reunión, y, con mayor o menor libertad, un lugar de gestación de pensamiento, porque están los otros. En la conversación humana hay digresiones, desvíos, palabras dichas al pasar, que abren caminos, y que pueden diferir de los discursos hegemónicos. En las instituciones están presentes alumnos y maestros, y allí siempre hay un plus afortunadamente inevitable. Así como pueden surgir discursos en favor del bien para todos en sociedades injustas y opresivas, así surgiría, también, aún en las sociedades perfectas -si las hubiera- algo mejor aún, algo superador. Por eso el aula no es obsoleta, ni el maestro es descartable, ni la reunión de estudiantes es pérdida de tiempo.

Por eso debe sobrevivir la reunión. Todo intento de elevar la eficacia con métodos aislantes es, cuanto menos, sospechoso. Más individuo, más desnudez, más intemperie.

Es corriente que se presenten falsas antinomias: modernidad frente a tradición. Las ideologías neo-liberales siempre hablan de modernidad, parece; los docentes defienden la tradición. Los unos son eficaces y están con los tiempos, los otros defienden sus supuestos privilegios y resultan pedagógicamente anticuados. Las políticas hoy vigentes hablan de excelencia, optimización, y otras expresiones por el estilo. Los maestros se aferran a su quehacer anacrónico.

Esta presentación es peligrosa, y es obra de los expertos en educación el proporcionarnos medios para discutirla. El trasfondo de esa antinomia es, otra vez, el mercado, la venta y la compra de los contenidos educativos. El monopolio de la industria educativa está con el capital, no con la enseñanza.

Los programas de aprendizaje virtual deben ser examinados, criticados, pensados para cada momento y lugar en función de una sociedad justa. ¿Pueden hacerse según patrones-parámetros ajenos a cada momento y lugar? ¿A quién se le ocurrió que sirva de nada el examen PRISA?

Los docentes, y el sistema educativo todo, deben también ejercer la auto-crítica con amplitud y a la vez con profundidad, sin desechar las innovaciones tecnológicas. De hecho, nunca se han rechazado, pero es necesario reverlas e implementarlas con el más alto sentido de lo popular. El programa computacional debe ser un recurso controlado por una política para las mayorías. Su fecundidad radicará en su dinámica y permanente superación, controlada por un sistema educativo con conciencia de totalidad, y no como reemplazo, como un contra-sistema.

La aceptación a-crítica del modelo que está en proyecto de imponerse, más cerca o más lejos en el tiempo sólo fabricará individuos útiles para toda tarea que convenga al capital, no a la humanidad.

No es cuestión de aferrarse románticamente al pasado y resistirse a ciertos cambios. Seguro seremos acusados de eso, de reaccionarios frente a una supuesta modernización. De eso hay que precaverse con argumentos sólidos que nos deben proporcionar nuestros mejores especialistas en educación, y que ya lo están haciendo. La tecnología educativa digital tiene también su dialéctica: dejemos desplegarla, no rechazarla o eliminarla del horizonte. Desplegarla implica considerar su desarrollo contradictorio, para evitar que nos domine una cultura enlatada que trae, explícita o subrepticiamente, sus principios dominadores. Aunque ya tiene poco de subrepticia: es desembozada, casi pornográfica. Una tarea menos para los programadores, ni siquiera se necesita simular.

¿Qué significa, si no, la formación de “líderes educativos” de la que se habla, sobre la base del modelo empresarial?

Existen, sin duda, foros virtuales de discusión en el marco de la educación a distancia, pero el día que se prescinda de la clase presencial, de la discusión, de la polémica, del cara a cara corporal, habrá triunfado la fábrica de hombres-robot que tan bien expresó Oesterheld, a la que se aludió unas líneas arriba.

La ciencia es la ciencia, se dirá. El agua tiene dos moléculas de hidrógeno, ni uno, ni tres. Cierto. No se trata de eso. Pero siempre habrá un afluente inesperado que abra caminos. La posibilidad de nuevas miradas está siempre al acecho. El cielo de Galileo Galilei y de Tycho Brahe era el mismo, pero fue mirado desde diferentes ángulos. El “no entiendo” de un estudiante en la clase presencial, la pregunta oportuna, genera reacciones de búsqueda del docente presencial. El oído de los demás, la voz de los demás, resultan necesarias, aún frente a los conocimientos más indiscutibles y consolidados.

Así como cada aprendiz debe ejercitar el salto de su obstáculo epistemológico, cada docente -que no es sino siempre aprendiz-, debe realizar su práctica de salto de obstáculo pedagógico: resistir la repetición, justificar la repetición, fundamentar un cambio, gestar una transformación. Para estos aprendices que todos somos, se necesita el hábito de lo gregario. Kant tuvo el acierto de decir que pensar es pensar con otros. El lector con el autor, los lectores entre sí, los escritores entre sí, y en el espacio público.

Analicemos de qué rendimiento se habla, de qué excelencia se discute, para ver en ellos cuánto hay de verdad y cuánto de espíritu empresarial, de ése que se nos impone como ilusión de superación individual, de mérito particular...de falso éxito educativo.

Silvia Ziblat, Profesora de Filosofía, Adjunta Cátedra Dri, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires- Profesora de Filosofía en Universidad del Salvador - Ex Profesora de Historia de la Música en el Conservatorio Nacional

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