DIO SU VIDA PARA QUE NO COMPREMOS DÓLARES

24 de marzo, 30 de marzo y 2 de abril están enlazados en el almanaque aunque los años en que vivimos esos acontecimientos no sean necesariamente contiguos, y se difuminen.

En la memoria colectiva son fechas, datos, marcas. Y para quienes no han sido contemporáneos de los hechos, o han llegado a vivir al país después de 1990, ese ‘paquete’ de fechas-feriados son un compacto, así como pudiera ocurrir con cualquier hecho histórico significativo: no falta quien mezcla las bombas atómicas de 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki en Japón con las bombas de napalm arrojadas por la misma Fuerza Aérea norteamericana en 1966 en Vietnam...

La dictadura fue cívico-militar por muchas razones, pero además porque el gran empresariado y particularmente el capital trasnacional instalado en la Argentina precisaba cerrar el círculo de reconfiguración del mapa geopolítico regional, con la nueva asignación de roles para cada estado de América del Sur, con sus respectivos perfiles estructurales, y al conjunto, sumergirlo bajo la bota de la deuda externa. Y tras los golpes en Brasil, Bolivia, Uruguay y Chile -Paraguay ni entra en la nómina porque casi nadie nunca lo conoció con otro formato que no fuera la dictadura-, Argentina era la única nación que mantenía un gobierno elegido por el voto, en las urnas, y sin proscripciones.

El 24 de marzo de 1976 se instaló formalmente la dictadura.

El 30 de marzo de 1982 culminó un ciclo de múltiples micro-luchas por la crisis económica y social en todo el corazón industrial de la Argentina (aquella situación de ‘miseria planificada’ que ya el 24 de marzo de 1977 había denunciado Rodolfo Walsh), con una masiva marcha de la CGT en Buenos Aires que fue brutalmente reprimida.

El 2 de abril de 1982 los altos mandos de la dictadura lanzaron la acción bélica en las Islas Malvinas, y ese mismo día, y otros sucesivos, pareció que el Estado de Sitio quedó en suspenso porque multitudes se expresaron en las calles, mostrando júbilo por ‘lo nacional recuperado’. Naturalmente, ni la concentración del 2 de abril ni la del 10 de abril de 1982 fueron reprimidas.

Cada una de esas marcas históricas estuvo rodeada de una profusa, organizada, planificada y exacta campaña de acción psicológica para operar sobre la población, a la que tempranamente los militares y las Fuerzas de Seguridad -junto con el poder real y la jerarquía eclesiástica- definieron como ‘en situación de guerra’.

Argentina vivía en guerra (un lenguaje instalado y perdurable en lo cotidiano casi medio siglo después, en “la guerra contra la inflación”, “la batalla contra el cáncer”, “la lucha contra el dengue”, “el combate contra la venta callejera”, y mil más).

Esa ‘guerra’ precisaba de un aparato de propaganda aceitado que ya en los años ‘70 y ‘80 tenía una amplia experiencia tras su fundación institucional con los nazional-socialistas en Alemania.

Las guerras en un siglo atravesado por la comunicación de masas no sólo ni siquiera se ganaban con pólvora y espionaje. Había que operar fuertemente contra (sí, contra) la sociedad civil, y arriarla detrás de los supremos objetivos que implicaban ‘sacrificarse para ganar la paz’.

Medio siglo después, las guerras se inician sobre todo con la acción psicológica y el trabajo de los medios afines, de la mano del espionaje ad hoc, una batería de presiones económicas y embargos, y eventualmente la opción militar.

La Licenciada en Comunicación, docente e investigadora Julia Risler acaba de completar y publicar su libro “La acción psicológica: dictadura, inteligencia y gobierno de las emociones (1955-1981)”, con la editorial Tinta Limón.

En primicia, purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis ofrece algunos tramos del libro de imprescindible lectura y análisis, y también el material fotográfico cedido generosamente por la autora.

Como bien señala Julia Risler, transcurrido el Mundial 1978 y con la llegada a la Argentina en 1979 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la CIDH, el “Consejo Publicitario Argentino junto a la Sociedad Rural, el Rotary Club de Buenos Aires, el Consejo Empresario Argentino, el Centro de Exportadores de Cereales, entre otros, firmaron una solicitada en la que repudiaban la visita de la CIDH y defendían el accionar de los militares:

Los Argentinos queremos decirle al mundo: Los Argentinos estuvimos en guerra. Todos la vivimos y sufrimos. Queremos que el mundo sepa que la decisión de entrar en la lucha que provocó e impuso la subversión, no fue privativa de las Fuerzas Armadas. Tampoco fue privativa del Gobierno Argentino. Fue una decisión de los Argentinos. Todos, absolutamente todos los hombres de buena voluntad que habitan el suelo argentino, pedimos en su momento a las Fuerzas Armadas que entraran en guerra para ganar la Paz. A costa de cualquier sacrificio. Y todos deseamos que la guerra terminara cuanto antes. Hoy, la guerra terminó, aunque no la vigilia. Las instituciones que firmamos, queremos refrendar de esta manera nuestro apoyo a aquella dolorosa pero imprescindible decisión (solicitada, Diario La Nación, 21/9/79).

Estas representativas instituciones –vinculadas a intereses comerciales, financieros, agroexportadores y empresariales– afirmaban al mundo, a través de esta solicitada, que el país había estado “en guerra” y que sólo la intervención de las FF.AA., pedida por “todos los hombres de buena voluntad”, había logrado “Ganar la Paz”. No sólo demostraron su apoyo público al régimen militar en “aquella dolorosa pero imprescindible decisión”, sino que también justificaron el golpe de Estado y los métodos implementados por las fuerzas militares para restituir el orden (ganar “a costa de cualquier sacrificio”).

El 30 de marzo de 1982 se realizó la primera gran movilización sindical contra la dictadura: “Paz, Pan y Trabajo”, que fue brutalmente reprimida. En un clima de descontento de la población por la grave crisis económica que aquejaba al país, la censura y la represión, el general Galtieri, un militar de perfil autoritario y discurso ultramilitarista, al frente de la presidencia en ese momento, ordenó el desembarco en las islas Malvinas el día 2 de abril.

Durante toda la guerra la población civil “estuvo sometida a una acción psicológica formidable” y su respuesta en apoyo no se hizo esperar. Miles de argentinos se congregaron en la Plaza de Mayo para celebrar la acción y el sentimiento nacional volvió a ser puesto en escena con éxito: dos importantes concentraciones populares colmaron la Plaza el 2 y el 10 de abril.

El nosotros se construyó en torno al patriotismo y al exitismo, y se convocó a la participación y movilización ciudadana. El júbilo nacionalista fue acicateado entre la población mediante propagandas en medios gráficos, televisión y cine.

Las portadas de los principales periódicos presentaron el desembarco en Malvinas como un logro soberano ampliamente apoyado por la población. Empresas y anunciantes también expresaron su apoyo a la “recuperación” y a la defensa de la “soberanía” a través de diversos anuncios y solicitadas.

F . Lorenz en su trabajo titulado “¿De quién es el 24 de marzo? Las luchas por la memoria del golpe de 1976 (publicado en 2002) afirma que “en muchas ocasiones, el triunfalismo argentino se debió más a la propia iniciativa de algunos medios que a una orden de la Junta Militar”.

Esto puede constatarse a través de un rápido paneo por tapas de diarios y revistas, siendo la más representativa y recordada la de la revista Gente, de editorial Atlántida:

“Vimos rendirse a los ingleses”

“Estamos en guerra”

“Estamos ganando”

“¡Seguimos ganando!”

La “cuestión Malvinas” articulaba una confluencia de intereses y significados socialmente tramados desde épocas anteriores (el patriotismo, el nacionalismo exitista, la independencia frente a injerencias extranjeras, etc.).

Las publicidades comerciales también apoyaron la “causa nacional”:

“Fabricamos frío, pero estamos calientes por nuestras Malvinas” decía la empresa Mc Lean

Apoyo de la fundación Roemmers a la causa nacional”

“Mantengamos al país en marcha” era el aviso de Ford Motors Argentina

“No te laves las manos. El país te necesita”,aviso de la Escuela Cristiana Evangélica Argentina

En los canales de televisión este apoyo también fue visible. El noticiero de ATC 60 minutos, conducido por José Gómez Fuentes, Silvia Fernández Barrios y María Larreta, se convirtió en un espacio de información permanente sobre el conflicto: el 2 de abril se cubrió el desembarco y a partir del 12 de abril se instaló en Malvinas para transmitir en directo con la presencia del periodista Nicolás Kasanzew. Sus emisiones eran retransmitidas a través de los canales 9, 11 y 13 para toda la República Argentina, entrando así en cadena nacional. Asimismo, el noticiero de Canal 13 ‘Realidad 82’ conducido por Ramón Andino y Juan Carlos Pérez Loizeau cubrió el discurso del dictador Galtieri ante la plaza colmada de gente, y difundió las convocatorias a la población en demandando de apoyo a la defensa de la soberanía de “Nuestras Malvinas”.

Por último, el programa especial Las 24 horas de las Malvinas, se emitió por el Canal 7 (ATC) conducido por Cacho Fontana y Pinky: durante un día ininterrumpido se reunieron donaciones para el Fondo de Ayuda Patriótica (recordado como ‘el Fondo patriótico’), destinado a los soldados enviados a combatir a las islas. A medida que el conflicto avanzaba la euforia popular iba en aumento y la sociedad entera se movilizó donando dinero, alimentos, ropa. Incluso se masificó que los escolares primarios enviaran cartas manuscritas y dibujos a los soldados...La deriva de ese Fondo y las denuncias por el oscuro destino que tuvieron el dinero y las joyas, es tema para otro análisis.

Los avisos de propaganda oficiosa también mostraron su postura a favor. Algunos valoraban la operación militar como un logro del régimen, dando muestras de nacionalismo y orgullo: “Argentinos de pie: ¡nunca de rodillas!!!”

“A un mes de la recuperación de las Islas Malvinas. ¡Argentinos, más unidos que nunca!”

Otros recurrieron a retos o sermones hacia la población:

“Dio su vida para que no compremos dólares. (...) Más acá de las Malvinas nace un nuevo país”, decía un aviso de Gabriel Dreyfus & Asociados Publicidad

o a exhortaciones:

“¿Qué hace usted por Argentina mientras muchos dan su vida?”, aviso de Rallys calzado

A principios de mayo de 1982 la propaganda oficial difundió la campaña “Argentinos, ¡a vencer!”, que incluyó diferentes avisos que finalizaban con el remate:

“¡Cada uno en lo suyo defendiendo lo nuestro!”.

Uno de los avisos exhibía la foto de dos pulgares en alto ilustrados con la frase “¡Ya estamos ganando! ¡Argentinos, a vencer!”

Otra pieza de esta campaña, también con la imagen de un pulgar en alto, decía: “Estamos luchando por algo mucho más grande que nuestras islas: El futuro” justificando el acto “por la bandera”, “por una argentina de pie”, “porque nos atacan”, entre otras.

Durante fines de mayo y principios de junio se difundió otra campaña de propaganda oficial, a través del eslogan “Ganemos la batalla en todos los frentes. ¡Argentinos a vencer!”

Señala Risler en el libro que mediante una serie de piezas gráficas se mostraba a una maestra o a un mecánico, “cada uno desde su lugar de trabajo” y con el pulgar en alto. Se apeló, una vez más, a “vencer” desde el puesto asignado a cada ciudadano. La campaña gráfica fue acompañada de un spot publicitario donde diversos personajes –una estudiante universitaria, una maestra de escuela, un mecánico de autos– se preguntaban: “Mi país me necesita, ¿qué puedo hacer por mi país?”. Y la respuesta era: “Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro”.

La guerra permanente hacia el interior de la sociedad precisaba como en cualquier modo de fascismo, un enemigo externo para solidificar el frente interno, acallar las críticas y perpetuarse en el poder en caso de triunfo. La paz es negocio para los pueblos, no para las dictaduras.

Señala Julia Risler en el libro “Unos días después, el 14 de junio, a un mes y medio del inicio de la contienda, se declaró el cese de hostilidades:

“Las fuerzas de nuestro país se retiran de las Malvinas”.

Los medios informaron sobre “Disturbios tras la concentración en Plaza de Mayo” porque la recuperación del control sobre las islas por parte de los británicos significó la caída del régimen de Galtieri

A partir de ese momento, los medios de comunicación comenzaron a publicar información que había permanecido oculta durante la guerra, asumiendo una actitud crítica sobre lo acontecido muy contrastante con la participación que ellos mismos habían tenido en relación a la sesgada y triunfalista información difundida durante el conflicto.

Las escaladas belicistas, tanto en el caso del conflicto del Beagle como en la guerra de Malvinas, buscaron la movilización y participación de la ciudadanía a partir de convocatorias nacionales reflejadas en los “tópicos de guerra”. De esta manera el nosotros para “Ganar la Paz” –cohesionado en torno al nacionalismo, al patriotismo y al exitismo– apeló a la presencia de un enemigo externo que había que combatir. Si durante el conflicto por el Beagle, resuelto tras la intermediación del Papa, el resultado fue claro, al finalizar la guerra de Malvinas era evidente que se había quebrado la cohesión nacionalista frente a las mentiras propagadas por el régimen”.

Ese ciclo de marzo 1976 a abril/junio de 1982 no cierra sobre sí mismo porque como en toda periodización histórica los límites son arbitrarios y debatibles. Bien podría decirse que comenzó con la dictadura de Onganía de 1966 que hizo el despliegue fundamental para instalar la Doctrina de la Seguridad Nacional y lo que se conoció como ‘la dictadura de los monopolios’, por lo cual habría que considerar que la búsqueda del ‘orden’ y ‘derrotar al enemigo externo o interno’ ya tenía una década.

Lo novedoso en el ciclo 76/82 no fue entonces esa Doctrina rabiosamente anticomunista, sino la infatigable manipulación psicológica de la sociedad civil, en el marco del cambio de paradigma inédito que irrumpió con la dictadura -dolarización, desindustrialización, máximo endeudamiento externo, fuga de capitales, medicina privada, desaparecidos, genocidio, apropiación de bebés, vuelos de la muerte, soldados NN- que le ha costado a la Argentina 4 décadas.

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