¿CUÁNTOS ESTALLIDOS COMO SRI LANKA PRONOSTICÓ EL FMI?

escribe Darío Bursztyn

Ecuador, Libia, Sri Lanka, Líbano, Perú, Irán, Panamá, son algunos de los países que viven intensas movilizaciones sociales y estallidos económicos, y muchos otros transitan sus crisis en un péndulo que va de esquemas de asistencia social a la férrea represión estatal que impide que salte todo por el aire.

Desde 1945 hasta el comienzo de la pandemia de coronavirus, ninguna crisis del sistema capitalista mundial había sido tan profunda y simultánea. Por eso muchos sostuvieron que la división del mundo producto de los acuerdos y el mapa que forjaron Yalta y Bretton Woods había caído definitivamente, y que la ‘vuelta a la normalidad’ era, como mínimo, un cuento de hadas.

La Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, fue la encargada de reconocer bien pronto que entre abril y junio de 2020, 90 países habían pedido ayuda financiera al organismo. En su informe sobre la economía global de junio de ese año  sostuvo “es una crisis como nunca antes la había visto el mundo, y la recuperación es incierta». Y el Fondo Monetario señalaba que en esos pocos meses, los grandes capitales habían retirado hacia sus ‘refugios’ 100 mil millones de dólares.

Un ex economista jefe del FMI, Raghuram Rajan, fue más allá. Apuntaba ya en julio de 2020 en el Financial Times que el sur de Asia, América Latina y África tenían (aún) baja mortalidad, pero que “el daño económico será considerablemente mayor para ellos, porque muchas monedas de mercados emergentes han perdido significativamente valor frente al dólar y al euro. No tendrán medios para estabilizar sus economías con programas económicos de miles de millones de dólares, y otorgar ayudas a los consumidores y empresas”. Y a eso agregaba que el comercio internacional de bienes, la inversión extranjera directa y el turismo habían sufrido durante meses.

Su análisis concluía así: “La amenaza de desempleo masivo en los países más pobres conducirá a la emigración masiva.

Por eso, un mayor proteccionismo en los países industrializados no desencadenará sino infinitas flotillas de botes de refugiados y caravanas de desesperados».

Sin embargo, cada uno de estos volcanes sociales tiene raíces muchos más profundas que lo que muestran, de a ratos, los canales de TV y las redes sociales.

Sri Lanka 5 de julio (EFE)

Cuando en mayo de 2022 la organización Oxfam aseveró que “en apenas dos años de pandemia 573 personas se convirtieron en milmillonarias, al mismo tiempo que un millón de personas caen en la pobreza extrema cada 33 horas”, y que “el conjunto de los milmillonarios triplicó su fortuna desde el año 2000, para quedarse con el 13,9% de toda la riqueza mundial”, lo que está mostrando es que en el ciclo de las 3 décadas de mundo unipolar y de neoliberalismo en todos los continentes, se estaba tejiendo, hora por hora, un colapso.

Y para dejar los dos datos más sobresalientes arriba de la mesa, este nuevo informe de Oxfam (que puede leerse en castellano en este link https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/cada-30-horas-la-pandemia-genera-un-nuevo-milmillonario-mientras-que-al-mismo-ritmo-un) hace hincapié en que “las empresas de los sectores energético, alimentario y farmacéutico (donde los monopolios son especialmente comunes) están logrando beneficios sin precedentes”.

Sri Lanka – (Reuters)

“Las fortunas de los milmillonarios de los sectores de la alimentación y la energía se han incrementado en 453 000 millones de dólares en los últimos dos años, lo que equivale a mil millones cada dos días.

Cinco de las principales empresas energéticas (BP, Shell, TotalEnergies, Exxon y Chevron) se embolsan en conjunto 2 600 dólares en beneficios cada segundo. Por su parte, hay 62 nuevos milmillonarios en el sector de la alimentación”.

El subrayado ‘alimentación’ y ‘energía’ es nuestro. Todos y cada uno de los conflictos sociales, protestas, revueltas y destituciones de gobierno –habidos y por haber-, tienen que ver con los precios de los alimentos y el costo de la energía. La inflación mundial y el hambre mundial tienen que ver con 3 décadas de expoliación de miles de millones de personas, con haber convertido alimentos en commodities, con el enriquecimiento descomunal de los ultra-ricos, y con organizaciones internacionales caducas e inservibles que no podían ni pueden controlar ni regular nada.

Nada de eso ocurrió por la embestida rusa en Ucrania. Esa guerra es el eslabón final que terminó, en apenas 4 meses, por hacer volar el polvorín por el aire.

Ahí, en estos 30 años de debacle del capitalismo mundial, hay que encontrar las preguntas y respuestas para las góndolas vacías en Alemania y Londres, los bloqueos de ruta en Paraguay, Panamá, Ecuador, Perú y Argentina por los altos precios y la carencia de combustible, la quema del congreso en Libia, las incesantes protestas en Líbano, Irán y Túnez, y el nuevo asalto a la Bastilla…esta vez en Sri Lanka.

Huye el presidente de Sri Lanka- Foto Dinuka Liyanawatte

Y precisamente por eso, ni los 650 000 millones de dólares que el FMI giró a sus países miembros, ni la suba de tasas de la Reserva Federal de USA, ni los presentes o futuros planes-Marshall para reconstruir esto o aquello, van a frenar el huracán que creó tanta muerte y desolación.

Frente a los aún desconocidos nuevos paradigmas de una multipolaridad real inédita, para habitar un mundo que no puede ser más el hijo de Yalta y Bretton Woods, los pueblos se han encendido, mientras el ínfimo grupo de 2700 milmillonarios del mundo y sus pocos cientos de millones de acólitos, que danzan lentamente el vals en ese Titanic, tratan de convencer al resto –con la TV o con gases lacrimógenos-, que es cuestión de esperar para volver a ‘la normalidad’.

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QUÉ PASA EN SRI-LANKA Y DE QUÉ VA EL #GOHOMEGOTA

El territorio que la mayoría de la gente conoce como Ceylán (se sigue hablando del té de Ceylán como una marca registrada y un producto de calidad) es Sri Lanka, una isla de 65 mil kilómetros cuadrados y poco más de 22 millones de habitantes. Su principal exportación es precisamente el té, que representa más del 11% del total, y acumula unos 1400 millones de dólares anuales.

La ubicación de Sri Lanka, al sur de la India y en el corazón del océano Indico, es un dato insoslayable. Sajjad Ashraf, profesor de la Universidad Nacional de Singapur estima que por esa ruta marítima del Indico pasan por año unos 90.000 barcos, con 10 mil millones de toneladas de carga, y más significativo, el 64% del comercio mundial de petróleo, el 80% de las importaciones de energía y el 95% de las mercancías de China.

Si bien ningún proceso cuasi-revolucionario es un emergente inesperado, esta oleada de movilizaciones se basa en una larga historia de activismo político que entronca con el momento de la independencia del Imperio Británico en 1948.

Solo a principios del siglo XX, más precisamente con la apertura de sesiones del Congreso Nacional de Ceylán en 1919 hubo una ‘primavera de convivencia’ entre budistas, musulmanes y tamiles, que duró bien poco y que los colonizadores maniobraron en 1921 a favor de los budistas sinaleses, que eran la mayoría, y con ello garantizaron la estabilidad para sus negocios.

Lo cierto es que el apellido Rajapaksa ya apareció en aquel congreso de 1921.

El sitio de investigación académica y periodística The Conversation, en su edición del 14 de julio, sostiene que “para la ideología budista sinalesa, cualquiera que no lo sea queda excluido, y en ese sentido, políticos como Ranil Wickremesinghe o Rajapaksa fueron encumbrados por la mayoría nacionalista sinalesa, lo cual no puede haber determinado otra cosa que una larga discriminación y violencia contra las minorías de la isla.

De hecho, la Constitución de Sri Lanka le otorga al budismo el mayor poder. ¿Qué diferencia el Sinhala Only Act de 1956, cuando el gobierno estableció que la lengua oficial fuera el sinalés y se quitara de puestos clave a la población tamil, de lo que logró votar en 2018 el primer ministro de India Narendra Modi, que quitó la ciudadanía a 300 millones de musulmanes?   

Filas para combustible

Para cuando los portales de noticias empezaron a mostrar filas de 15 kilómetros de los pequeños tuk-tuk tratando de cargar combustible, algo que podía llevar hasta 5 días, la crisis tenía 3 años de incubación.

En un afán electoralista, el Rajapaksa de turno impulsó una baja de impuestos que debilitó la recaudación, con la esperanza de que la industria del turismo cubriera la diferencia. Y la pandemia hizo el resto.

Un manotón de ahogado llevó al dúo Wickremesinghe – Rajapaksa a ofrecer a los empleados estatales que se tomaran un día libre para poder cosechar en sus propias casas, y darles cinco años de licencia (sin goce de sueldo) para que buscaran trabajo en el extranjero y así mandar remesas de dinero a sus familias. Una ‘política de Estado’ en naciones como Filipinas que en 2012 recibía 20.000 millones de dólares en remesas de migrantes que fueron a buscar el pan al extranjero, y para antes de la pandemia ese valor había trepado a más de 33.000 millones de dólares.

El gobierno, finalmente, defaulteó su deuda de 51 mil millones de dólares, mientras iniciaba un acuerdo de salvataje con el FMI. Era mayo. Entre diciembre y junio ya había aumentado un 137% el costo del escaso combustible, y la carencia de comida y energía bloqueó la vida cotidiana, al punto que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU calculó que el 86% de la población redujo o directamente saltea sus comidas. A mitad de junio los editorialistas de la revista Newsweek advertían “hay que evitar que Sri Lanka se convierta en el Líbano del Sudeste Asiático”

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La renuncia de la dinastía Rajapaksa no es solamente ni simplemente que quien ejercía la presidente (Gotabaya) haya huido. Este personaje, antes de ocupar el cargo había sido el ministro de Defensa de su hermano Mahinda, cuando ocupaba el máximo cargo ejecutivo.

Como prueban, entre otras fuentes, el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ver la publicación de octubre de 2021 en este link https://www.icij.org/investigations/pandora-papers/sri-lanka-rajapaksa-family-offshore-wealth-power/), esta familia ha formado parte de la extensa lista de delincuentes-presidentes que robaron, fugaron y malversaron fondos y bienes en todo el mundo, y cuyos capítulos más resonantes son los Panamá Papers y los Pandora Papers.

Gotabaya Rajapaksa

Dos décadas de este clan en el poder engloban, además, una devastadora guerra civil que dejó un rastro de masacres de civiles, torturas y secuestros. Los críticos del gobierno y los civiles tamiles han sido objeto de un orquestado sistema de desapariciones forzadas en las tenebrosas furgonetas blancas en las cuales decenas de miles fueron trasladados, y hoy siguen detenidos-desaparecidos. Las Madres de los Desaparecidos que salieron a las calles y su lucha están reflejadas en este mini-documental

Los Rajapaksa cometieron crímenes de guerra contra la minoría tamil -que en la actualidad son 3 millones de personas-, cuando el ejército de Sri Lanka aplastó la lucha armada de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE), que duró décadas.

Los hermanos Rajapaksa supervisaron el bombardeo indiscriminado y el asesinato de miles de civiles tamiles al final de la guerra, en lo que muchos observadores calificaron de genocidio. Según las Naciones Unidas, en mayo de 2009, unos 40.000 civiles fueron asesinados después de haber sido agrupados en las llamadas zonas de exclusión de fuego, y luego bombardeados sin piedad por las fuerzas armadas.

Sin embargo, ni en 2009 ni hasta el actual estallido social, Estados Unidos, Gran Bretaña u alguna otra potencia que acostumbran a impulsar embargos, bloqueos o quita de visa a los funcionarios por flagrantes y masivas violaciones a los derechos humanos, han actuado en consonancia.

El documental publicado en enero de 2020 habla de 1000 días de reclamos, que ahora ya son 3000 días frente a las dependencias oficiales en busca de la verdad.

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El 18 de mayo se recuerda en Sri Lanka el Día del Genocidio o también llamado Remembrance Day. La mayoría de la población, de origen y confesión budista Sinhala, convalidó en las elecciones de 2019 la derrota de los Tigres de Liberación Tamil, y ni reclamó ni adhirió a los reclamos de justicia.

Esta revuelta, entonces, tiene significados diferentes: para la mayoría se trata de miseria y corrupción. Para las minorías es, además, la histórica búsqueda de verdad y justicia.

Madres de Desaparecidos

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En la investigación del Oakland Institute (aquí puede leerse completo https://www.oaklandinstitute.org/tamils-sri-lanka-endless-war?utm_source=reporter&utm_medium=email&utm_campaign=&utm_content=text), publicada en 2021 bajo el título The Long Shadow of War (La Larga sombra de la Guerra) estimaron que “en 2014, cinco años después de terminada la guerra, había 160.000 soldados desplegados en la zona Norte y Este donde se asienta la población Tamil. Esto es, un soldado por cada seis civiles, y poco cambió en los años recientes. En el mapa que sigue puede verse la distribución étnica y dónde habitan las minorías.

Distribución Étnica Sri Lanka-2012

El Ejército de Sri Lanka tiene 7 Jefaturas de Comando regionales, y de ellas cinco están en esas dos provincias.

De acuerdo con el Informe de la Comisión de DD.HH de la ONU, cada una de las Divisiones del Ejército tiene entre 10 y 20 mil soldados, con lo cual estamos ante un despliegue de 107.000 hombres.

La ocupación militar a los territorios Tamil les cambió la vida abruptamente. Los militares se han involucrado masivamente en actividades no-castrenses, lo que incluye el desarrollo de viviendas a gran escala, construcciones, agencias de turismo, explotación agrícola, resorts vacacionales, canchas de golf, restaurantes e innumerables cafés. Toda esa actividad no podría haberse desarrollado sin la expulsión o la enajenación de tierras de los Tamil.

En contradicción con las proclamas políticas del clan Rajapaksa, el presupuesto militar que al término del conflicto en 2009 era de 1100 millones de dólares, en 2021 había trepado a 1830 millones de dólares, el 10 por ciento del presupuesto nacional”.

Campesinos tamil reclaman la devolución de sus tierras

Estos son los miembros del clan que, empujados por la multitud, huyeron:

>Mahinda Rajapaksa, 76 años, fue presidente de 2005 a 2015. Había sido Primer Ministro entre 2004 y 2005, y luego ocupó el cargo en 2018, 2019 y 2022, aunque entre 2019 y 2021 fue ministro de Finanzas, y también ministro de Desarrollo Urbano y Vivienda, y de Asuntos Religiosos y Culturales.

>Gotabaya Rajapaksa, 72 años, fue ministro de Defensa de 2005 a 2015 y en ese marco lideró el genocidio Tamil, cargo para el que fue designado por su hermano Mahinda, y luego asumió la presidencia en 2019 hasta el 14 de julio de 2022 cuando renunció. La familia le dio el apodo “Terminator”.

>Basil Rajapaksa, 70 años, fue ministro de Desarrollo Económico de 2010 a 2015, y de Finanzas entre julio 2021 y abril 2022. Popularmente es conocido como “El Señor 10 por ciento” por las comisiones y coimas que cobraba de los contratos estatales.

>Chamal Rajapaksa, 79 años, era el Vocero parlamentario cuando su hermano Mahinda ocupó la presidencia, y también ministro de Embarques y Aviación, y también de Desarrollo Agrícola. Con la presidencia de Gotayaba fue nombrado Ministro de Estado para la Seguridad Nacional, y ministro de Irrigación.

>Namal Rajapaksa, 35 años, abogado, el heredero de la dinastía, hijo de Mahinda. Fue acusado de corrupción y lavado de dinero.

>Shasheendra Rajapaksha, 46 años, hijo de Chamal, fue nombrado en 2020 como ministro de Promoción de la Producción y Regulación de insumos orgánicos, fertilizantes, semillas y tecnología agrícola.

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Horas antes de salvar el pellejo de los manifestantes que gritaban #GOHOMEGOTA, el presidente Gotabaya Rajapaksa escapó, pero no renunció. Eso lo hizo luego, desde el paraíso de las Islas Maldivas, pero designó al primer ministro Ranil Wickremesinghe como presidente interino. Eso exaltó más a la población. Lo primero que hizo el interino fue declarar el estado de emergencia y ordenó al Ejército ‘hacer todo lo que sea necesario para restaurar el orden’.

¿Quién es Ranil Wickremesinghe, oficialmente nuevo presidente?

Representa al partido de centro-derecha United National Party (UNP), por el cual fue electo en 1977 para el parlamento.

Fue Primer Ministro de 1993 a 1996, y en diversas ocasiones avivó tensiones étnicas desoyendo innumerables ataques a los tamiles en 1977, 1978, 1981 y 1983.

Wickremesinghe orquestó la colonización del Norte y Este de la isla, alterando la composición étnica y expulsando a los tamiles de sus hogares. Sus vinculaciones con el Ejército de Sri Lanka son más que estrechas. Rechazó el informe del Panel de Expertos de la ONU por las atrocidades contra los tamiles, y mantiene amistad con el actual comandante, Shavendra Silva, a quien le prohibieron la entrada a EE.UU.

Rajandran Barathamatha, 55 años, en una protesta en Vavuniya con fotos de desaparecidos de Sri Lanka, entre ellos su hijo

Este político del establishment, que viene negociando regularmente con el Fondo Monetario Internacional, pretende una ayuda de emergencia de 3000 millones del FMI para apagar el incendio. Ha tejido vínculos con China y con India, los vecinos y gigantes que dominan el Océano Indico.

Se estima que hoy el principal acreedor de Sri Lanka es China. Oficialmente le deben 5 mil millones de dólares, pero la agencia Reuters deslizó que podría ser el doble. Luego en la lista está India, con 3800 millones, y Japón con 3500 millones, según información oficial del FMI.

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Todos los caminos están abiertos. Líbano y Ecuador son un ejemplo, y también otras docenas de países donde el neoliberalismo sucumbe sin remedio, saltando en un alambre de equilibrista de circo, mientras el péndulo se agita entre Suiza, Panamá, Maldivas, Seychelles y Barbados, rebosantes de dinero inútil expoliado, y el millón de personas que en el mundo caen cada 33 horas en la pobreza extrema. Sri Lanka ya asaltó su Bastilla.

Editor video Marcos Rodolosi

El material que publica la revista web www.purochamuyo.com / Cuadernos de Crisis pertenece al Colectivo Editorial Crisis Asociación Civil. Los contenidos pueden reproducirse, sin edición ni modificación, y citando la fuente.

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